El amor y Los domingos - Alfa y Omega

El amor y Los domingos

Ante la historia que cuenta la película ganadora en los Premios Goya 2026, flotaba en el ambiente de la gala la incapacidad de aceptar la llamada a la vocación religiosa

Sandra Várez
El equipo de la película 'Los domingos' posa en la alfombra roja de la 40º edición de los Premios Goya, el 28 de febrero de 2026.
El equipo de la película Los domingos posa en la alfombra roja de la 40º edición de los Premios Goya, el 28 de febrero de 2026. Foto: Europa Press / Alberto Paredes.

Desde el estreno de Los domingos hasta sus reconocimientos en los Goya han sido múltiples las interpretaciones públicas y publicadas sobre el significado de la película. Hay quien ve en ella un canto a la vocación y su significado; quien se centra en la relación familiar y los efectos tóxicos que genera cuando afloran las miserias. Están los que celebran el libre albedrío de una joven que decide por sí misma; quienes la consideran una denuncia a la manipulación religiosa o el adoctrinamiento. Y hay quien, buscando posiblemente hacerse notar, realiza no solo una soflama contra lo que ve en la película, sino contra la realidad que la trasciende: que los jóvenes y no tan jóvenes tengan fe y decidan vivir conforme a ella.

Y es que, como dice Blanca Soroa —la actriz que encarna el papel protagonista—, una de las grandes virtudes de Los domingos es su capacidad de generar en el público la sensación de haber visto películas diferentes. El magistral guion, también premiado, te va colocando en el papel de cada uno de los personajes: el del padre desbordado que se resigna; el de la amiga incondicional que acompaña, aunque no entienda; el del adolescente que se enamora de quien nunca podrá tener; y también y, sobre todo, el de la tía que juzga porque no es capaz de entender que alguien ame hasta un extremo tan desconocido y en cuya actitud esconde la frustración de no poder experimentar lo mismo.

De todas las lecturas, quizá esta sea la que se impone con mayor fuerza. Amaya desnuda su corazón ante su tía Maite —soberbiamente interpretada por Patricia López Arnaiz— para hablar de un amor que le nace de las entrañas, que brota contra todo y contra todos y que la arrastra con fuerza hasta el punto de la renuncia de la lógica de su propia vida. Un amor inusualmente maduro en una adolescente, que desmonta incluso a quien, desde la increencia, ve por primera vez la película.

Si hay algo que caracteriza al cine patrio es su empeño continuo en contar historias que se alejan de lo cotidiano. Por eso, cada edición de los Goya es una sucesiva retahíla de denuncias y proclamas políticas: en defensa de las minorías o la libertad sexual; contra las desigualdades estructurales o las víctimas de algunas guerras; contra la opresión y la violencia. Paradójicamente, ante la historia que cuenta Los domingos, flotaba en el ambiente de la gala la incapacidad de aceptar la llamada a la vocación religiosa. 

Sin embargo, en este caso la realidad no solo ha superado la ficción, sino al discurso dominante en esa alfombra roja. Así lo reconocían directora y protagonista al referirse a todas aquellas personas anónimas que les agradecen haber contado tan fielmente una experiencia antes vivida: la de la hermana, la de la amiga o la de la hija que un día rindieron su alma ante el amor con mayúsculas, mientras ellas, espectadoras, anhelaban poder amar igual.