Al terror se le enfrenta persiguiendo a los criminales pero se le previene con políticas educativas integradoras a largo plazo. Esa era la convicción de Descubrir el islam, un proyecto conjunto de la Comisión Islámica de España, la Fundación Pluralismo y Convivencia y la editorial SM

Un año después del terrible atentado terrorista del 11M en Madrid el imán de la mezquita de Estrecho, Riay Tatary, se puso en contacto con la editorial SM. Su intención era que SM, desde su saber hacer en la edición de libros de texto de Religión católica, editara libros de texto de la Religión musulmana para los niños que profesan esta religión y que tienen derecho a recibirla en la escuela pública. Así fue cómo la Comisión Islámica de España, la Fundación pública Pluralismo y Convivencia y SM trabajamos conjuntamente en el proyecto Descubrir el islam. En aquel momento asumí la dirección editorial del proyecto. Solo alcanzamos a publicar, en el año 2006, el primer libro destinado al alumnado de 1º de Primaria. ¿Qué había debajo de aquel proyecto? Convicciones muy sólidas.

Ante todo, que al terror se le enfrenta persiguiendo a los criminales pero que se previene con políticas educativas integradoras a largo plazo. Descubrir el islam estaba pensado para niños musulmanes, hijos de inmigrantes ya asentados en nuestro país. Es decir, nos dirigíamos no a inmigrantes sino a niños españoles de religión musulmana. Cuando en la Feria de Frankfurt mostré el único libro de este proyecto a una editora francesa, me dijo emocionada que «esto es lo que nosotros no hemos sabido hacer en cuatro generaciones de inmigración musulmana»; «¡este es el camino!», y se aferraba al libro con fuerza.

Un paradigma de diálogo

Educar conlleva utilizar los medios más adecuados. Tatary estaba convencido de que no podían educar en la religión musulmana a los niños españoles con materiales escritos solo en árabe y con un tipo de enseñanza absolutamente al margen del sistema educativo español, y realizados lejos de nuestro país. Por eso buscó entre las editoriales españolas cómo se abordaba la enseñanza de la religión católica. Le convenció la pedagogía religiosa de SM. Y así nació proyecto educativo: la Comisión Islámica ponía la autoría y SM se ocupaba de la pedagogía religiosa, similar a la que se trabajaba en los libros de Religión católica. De ese feliz encuentro todos aprendimos. Las sesiones de trabajo en la mezquita de Estrecho compartiendo té eran largas y no siempre fáciles. Pero la certeza de que ese trabajo anticipaba un modo de encaje y de integración educativa de enorme calado facilitaba las cosas.

El libro de texto está escrito en español. La oraciones (suras) de la religión musulmana están escritas en árabe con traducción al español. El planteamiento pedagógico, tanto en las distintas partes de cada unidad didáctica como en las ilustraciones y fotografías, apelaba al depósito de valores de nuestra cultura occidental y en él destaca la igualdad entre hombre y mujer. Así, al igual que los libros de Religión católica, este proyecto de educación en el islam transmitía la aceptación de un marco ético que nos obliga a todos, profesemos la religión que profesemos. Ese marco es la Declaración Universal de los Derechos Humanos, paraguas ético bajo el que debe transcurrir cualquier religión.

Todas las partes implicadas estábamos convencidas de que trabajar juntos, católicos y musulmanes, era el camino adecuado para derribar barreras de enfrentamientos y sospechas innecesarias. Vivir juntos gentes diversas no es solo una frase. Se construye viviendo juntos y apoyándonos mutuamente. Aquellos dos años de trabajo compartido fueron una experiencia de diálogo entre religiones. El lema alianza de civilizaciones, que circulaba durante aquellos años, tuvo en este proyecto una muestra modesta, pero real y replicable.

Lamentablemente, aquel proyecto no pudo seguir adelante por parte de la editorial SM. Algunos veían que los católicos no debíamos participar en ese tipo de alianzas. Pues bien, siguen pasando los años y la realidad me dice que aquel proyecto era paradigma de diálogo fructífero y eficaz. Y significó la puesta en marcha de un proyecto educativo integrador a largo plazo que siempre se está a tiempo de retomar. Para la educación siempre hay tiempo, aunque cada día que pase llegaremos más tarde. Educar es sembrar a largo plazo. Hanan al Hroub, ganadora del llamado Nobel de la Enseñanza, decidió dedicarse a la educación después de que unos soldados israelíes dispararan a sus hijas.

Europa anda enjaulada huyendo hacia adelante con medidas exclusivamente antiterroristas, por no hablar del trato a los refugiados sirios o del silencio cómplice ante el repugnante negocio de la venta de armas de Occidente a los países árabes. Fomentar la sospecha frente al diferente crea miedos irracionales y criminaliza injustamente a ciertos barrios. La convivencia en la diversidad en la que ya vivimos, e inexorablemente vamos a seguir viviendo, pasa por una apuesta educativa integradora. Evitemos hacer de la identidad particular una frontera y procuremos sembrar en esas supuestas fronteras espacios de convivencia pacífica. Integrar, entonces, también significará compartir.

Luis Aranguren Gonzalo
Director editorial de PPC