El compromiso del fiel no debería quedar en marcar la X o hacer un donativo ahora que se recupera la Eucaristía pública. Se trata se ser parte activa de una comunidad que está a tu lado

La parroquia es «presencia eclesial en el territorio, ámbito de la escucha de la Palabra, del crecimiento de la vida cristiana, del diálogo, del anuncio, de la caridad generosa, de la adoración y la celebración», escribe el Papa en Evangelii gaudium. Como ha quedado claro durante estos meses, a pesar de la dispensa de la Misa dominical y de la suspensión del culto público por la pandemia, más que un edificio o una «estructura caduca», también en palabras de Francisco, la parroquia es «comunidad de comunidades, santuario donde los sedientos van a beber para seguir caminando, y centro de constante envío misionero».

Sacerdotes, religiosos, consagrados y muchos laicos han demostrado en este tiempo de confinamiento su compromiso con sus comunidades. Los párrocos han tirado de ingenio y creatividad a la hora de poner en marcha Eucaristías en streamingy preparar materiales para la oración. Han seguido, además, pendientes de sus feligreses, con llamadas a algunos de ellos y con apoyo en distintas tareas como ir a la farmacia o al supermercado. Muchas veces han sido los propios fieles los que han echado una mano a otros con los que, hasta ahora, apenas habían compartido un saludo a la salida de Misa. Y las Cáritas parroquiales han redoblado esfuerzos para ayudar a más y más familias en situación de vulnerabilidad… Todo esto se ha hecho con grandes sacrificios, incluso exponiéndose al virus hasta dar la vida, y también con menos recursos de los habituales.

Ahora nos encontramos en plena campaña de la Renta, donde se puede marcar la X de la Iglesia –compatible con la de fines sociales–, y el hecho de que la Conferencia Episcopal haya dado pautas higiénicas y organizativas para ir retomando la Eucaristía pública, que es el centro de la vida cristiana, va a permitir recuperar las colectas… Pero el compromiso del fiel de a pie no debería quedar ahí. Ya sea mediante una suscripción, ya sea echando una mano al párroco, ya sea preocupándose por otros hermanos, se trata se ser parte activa de una comunidad que, incluso en los peores momentos, va a estar a tu lado. Porque eres parroquia. Porque somos parroquia.

Alfa y Omega