Nunca fueron tan difíciles como hoy los retos de la escuela, pero tampoco tan apasionantes

Aprender a afrontar las situaciones traumáticas y de duelo es una de las asignaturas pendientes de la escuela española. A menudo hay un buen profesor que salva las carencias del sistema, pero no se puede dar esto por descontado. Y menos en un momento histórico en la que ciertos consensos básicos sobre el sentido de la vida han dejado de regir, por lo que una palabra que una familia seguramente va a agradecer tal vez sea percibida por otra como intromisión ilegítima o como agravio. Los grandes perjudicados son al final los niños y jóvenes, a quienes se deja desprovistos de las herramientas necesarias para afrontar situaciones muy dolorosas, como la muerte (o incluso el suicidio) de un maestro, de un compañero o de un familiar.

El primer acierto de la guía El duelo en el ámbito escolar que Escuelas Católicas (EC) presenta este jueves en el Consejo Escolar del Estado es responder a esta necesidad concreta, estableciendo unas pautas básicas y transparentes que van a resultar de gran ayuda a muchos colegios. Algunas indicaciones –podrá objetarse– son de puro sentido común, pero en caliente la toma de decisiones se complica, por lo que disponer de un marco de actuación avalado de estas características puede suponer una diferencia radical.

Desde otra perspectiva, en continuidad con la Guía para actuar en caso de acoso escolar, presentado por EC en 2018, este nuevo instrumento representa una evolución hacia un nuevo paradigma de escuela (la próxima guía, en 2020, será previsiblemente sobre abusos sexuales). El viejo tópico de que el de maestro es el único oficio que básicamente no ha cambiado a lo largo de los siglos ha dejado de ser verdad. La información que el niño antes adquiría en las aulas está hoy disponible en cantidades ingentes a través de cualquier dispositivo con conexión a internet. La misión de la escuela (y de la familia) es filtrar, ordenar, jerarquizar, dar sentido a todos esos datos, y enseñarle al niño a ejercitar su capacidad crítica, tanto en el plano intelectual como en el afectivo y emocional. Educación integral de la persona, dicho brevemente. En un mundo que cambia a velocidad de vértigo, el alumno necesita aprender a discernir entre lo superficial, circunstancial y accesorio, de lo esencial y permanente. Ahí es nada. Nunca fueron tan difíciles como hoy los retos de la escuela, pero tampoco tan apasionantes.

Alfa y Omega