El espejismo - Alfa y Omega

El espejismo

Parece que ni el verano va a dar tregua. No hay receta mágica para convivir con el coronavirus, pero sí ingredientes irrenunciables: responsabilidad individual, cooperación y solidaridad

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El final del Estado de alarma trajo una buena dosis de alegría y esperanza: aún de luto por los miles de muertos, tras meses de terribles bailes de cifras, la crisis sanitaria estaba controlada, y la actividad económica se retomaba con la vista puesta en la temporada alta. Pero parece que ni el verano va a dar tregua y que la tranquilidad ha quedado en espejismo.

En estas semanas se están produciendo rebrotes en buena parte de la geografía española. Aunque se hacen muchos más tests que en marzo y se detectan mejor los casos, la movilidad interprovincial, la insuficiencia de rastreadores y el deficiente intercambio de información complican su control. En este escenario, cada vez más países están imponiendo restricciones de viaje con España y han dado la estocada casi mortal al turismo.

Con todo, lo peor está por venir. La paralización de la actividad económica, que según la EPA llevó a destruir casi 1,1 millones de empleos en el segundo trimestre, se ha visto algo amortiguada por el menor nivel de endeudamiento de los hogares respecto a 2012, por la fluidez del crédito y por los ERTE. El reverso es que, en espera de las reformas exigidas por la Unión Europea, la deuda pública está desbocada, no está claro que el crédito vaya a fluir sine die y muy probablemente, con el otoño, se sucederán los concursos de acreedores y los ERE.

La desconfianza en la que vivimos no va sino a intensificarse y, con ello, se ahondarán las heridas que ya ha producido la pandemia. En palabras de la psicóloga Virginia Cagigal en las páginas de Alfa y Omega esta semana, «al ser humano le desestabiliza la incertidumbre», el no tener el control, y va a pasar mucho tiempo hasta que lo recupere. A pesar de los positivos avances, hay que asumir que la vacuna efectiva, segura y disponible «para todos, sin excepciones» –como pide el Vaticano en el documento Humana communitas– va a tardar en llegar. Hasta entonces habrá que convivir con el coronavirus, conscientes de nuestra vulnerabilidad e interdependencia. Y no hay receta mágica para hacerlo, pero sí algunos ingredientes irrenunciables: responsabilidad individual, cooperación y solidaridad.