Esta pandemia nos ha demostrado lo importantes que son sacerdotes, religiosos y consagrados. Recemos para que haya más que, como ellos, se atrevan a decir sí al Señor

Este V domingo de Pascua, domingo del Buen Pastor, celebramos la 57 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que en España se hace coincidir con la Jornada de Vocaciones Nativas. Aunque la pandemia nos impida hacerlo de forma pública, sigue siendo oportuno orar por las vocaciones de especial consagración y, de manera particular, por aquellas personas a las que el Señor está llamando en estos momentos.

En su mensaje para la jornada, el Papa Francisco invita a releer «la singular experiencia de Jesús y Pedro durante una noche de tempestad, en el lago de Tiberíades (cf. Mt 14, 22-33)». En el mencionado pasaje encontramos que, cuando «estamos llamados a dejar nuestra orilla segura y abrazar un estado de vida» como el orden sacerdotal, la vida consagrada o también el matrimonio, surgen dudas e incredulidad.

Uno se descubre diciéndose, en palabras del Sucesor de Pedro, cosas como «no es posible que esta vocación sea para mí; ¿será realmente el camino acertado?» o «¿el Señor me pide esto justo a mí?». Entonces llegan «esos argumentos, justificaciones y cálculos que nos dejan paralizados». Hay miedo al compromiso y la responsabilidad puede abrumar. Pero hay que confiar: «Él nos da el impulso necesario para vivir nuestra vocación con alegría y entusiasmo –relata el Pontífice de forma muy bella–. […] Él ordena que los vientos contrarios cesen y que las fuerzas del mal, del miedo y de la resignación no tengan más poder sobre nosotros».

Como recuerda la Iglesia española con el lema que ha escogido este año, Jesús vive y te quiere vivo, Jesús sigue llamando hoy, en pleno siglo XXI, y sigue acompañando a quienes llama. Lo estamos viendo estos días en tantos sacerdotes, religiosos y consagrados que están gastando su vida en hospitales, en cementerios o en Cáritas parroquiales, en todos aquellos que están rezando por el fin de la pandemia y celebran la Eucaristía a puerta cerrada, no sin sufrimiento, pero con el convencimiento de que su aliento llega a sus comunidades. Esta pandemia nos ha demostrado lo importantes que son en nuestras vidas. Recemos para que haya más que, como ellos, se atrevan a decir sí al Señor. Que confíen aun en la tormenta.

Alfa y Omega