Dos españoles y el «apóstol de los migrantes», más cerca de los altares - Alfa y Omega

Dos españoles y el «apóstol de los migrantes», más cerca de los altares

El cofundador de la Congregación de las Hermanas de la Cruz ya es venerable y la laica Conchita Barrecheguren será beatificada

Redacción

Los nuevos decretos ratificados por el Papa Francisco este sábado reconocen las virtudes heroicas de siete candidatos y el milagro atribuido a la intercesión de una laica española.

Se trata de la beata María de la Concepción Barrecheguren y García (1905-1927), que murió de tuberculosis a los 22 años sin llegar a ser religiosa como había deseado. A su intercesión se atribuye la curación milagrosa de una niña de 2 años en 2014. Francisco ha aprobado el milagro por el que subirá a la gloria de los altares. Conchita, como la conoció todo el mundo, afrontó con gran fe y entereza los tremendos dolores que se derivaban de la tuberculosis que padecía, entonces una enfermedad de la que poco se sabía y para la que no había mucho más tratamiento que aliviar sus efectos. La sencillez de Conchita y la fe con la que vivió sus circunstancias pueden considerarse el testimonio de una de esas «santas de la puerta de al lado» de las que tanto habla el Papa Francisco. La causa de Conchita se abrió el 21 de septiembre de 1938. El 9 de febrero de 1956, el Papa Pío XII aprobó el juicio sobre sus escritos y ordenó continuar con el proceso. El 5 de mayo de 2020, el Papa Francisco promulgó el decreto donde se reconoce la heroicidad de virtudes de Conchita Barrecheguren. El padre de la joven también tiene abierto el proceso de beatificación. Después de la muerte de Conchita y al enviudar, Francisco Barrecheguren ingresó como novicio en la Congregación de los Misioneros Redentoristas y después fue ordenado sacerdote. Murió el 7 de octubre de 1957. Su proceso de beatificación comenzó en Granda en 1993.  

El otro español un poco más cerca de los altares es el sacerdote José Torres Padilla (1811-1878), cofundador de la Congregación de las Hermanas de la Compañía de la Cruz junto a Sor Ángela de la Cruz. El Santo Padre ha reconocido sus virtudes heroicas. El padre Torres conoció en 1862 a Angelita Guerrero, de tan solo 16 años. Fue su mentor y quien guio espiritualmente a quien se convertiría años después en la fundadora del Instituto de Hermanas de la Cruz. El sacerdote era de un carácter tan sencillo y humilde que ya en vida tenía fama de santidad. Fue apodado como el «Santero de Sevilla» por la estatura espiritual de sus dirigidas como la propia Ángela de la Cruz y también la mercedaria Florencia Trinidad, la Madre Sacramento o Bárbara de Santo Domingo. El padre Torres murió el 23 de abril de 1878 y su cuerpo fue enterrado en el panteón de San Sebastián. Cinco años después, Ángela de la Cruz consiguió trasladarlo a la Casa Madre de las Hermanas, en cuya cripta reposan sus restos. El proceso de beatificación del padre Torres se abrió en Sevilla en 2014.

El obispo «apóstol de los migrantes» que se hizo uno de ellos

Además, el Santo Padre ha convocado un consistorio para la canonización de, Giovanni Battista Scalabrini, el beato fundador de los Misioneros y Misioneras de San Carlos, con la dispensa del segundo milagro. No será una canonización equivalente, ya que habrá ceremonia de canonización, como sucedió en el proceso del Papa Juan XXIII, en el que también hubo dispensa del segundo milagro. La fecha de la canonización se anunciará durante el consistorio, que también contemplará otra canonización, la del beato Artémides Zatti, un laico italiano que emigró con su familia a Argentina a finales del siglo XIX, coadjutor salesiano y misionero en la Patagonia.

Giovanni Battista Scalabrini fundó en 1887 la Congregación de los Misioneros y Misioneras de San Carlos para la asistencia a los emigrantes y en 1901 él mismo se embarcó en Génova para unirse a los emigrantes italianos en Estados Unidos. Ello le valió el sobrenombre de «apóstol de los migrantes». Scalabrini, ordenado obispo con solo 36 años, fue uno de los pioneros en la Iglesia del estudio del fenómeno migratorio.

Además, entre los que se encuentra una laica polaca, Janina Woynarowska (1923-1979), enfermera que se distinguió por sus cualidades en la asistencia a diversos tipos de enfermedades -ella misma sufría una grave deficiencia física- y sostenida por una sólida fe que la llevó a consagrarse en un instituto secular de la mano del entonces arzobispo Karol Wojtyla.

Los otros venerables son el arzobispo filipino Teófilo Bastida Camomot (1914-1988), fundador de la Congregación de las Hijas de Santa Teresa; el obispo italiano Luigi Sodo (1811-1895); el sacerdote italiano Giampietro di Sesto San Giovanni, profeso de los Frailes Menores Capuchinos (1868-1913), fundador de la Congregación de las Hermanas Misioneras Capuchinas de San Francisco de Asís en Brasilia; el sacerdote italiano Alfredo Morganti, profeso de la Orden de los Frailes Menores (1886-1969); y la religiosa mexicana Mariana de la Santísima Trinidad (1854-1933), cofundadora de la Congregación de las Hermanas de la Santísima Trinidad.

De origen mexicano, pero fundadora en Madrid

La causa de beatificación de Mariana Allospp González-Manrique, que era como se llamaba Mariana de la Santísima Trinidad, se instruyó en el Arzobispado de Madrid en los años 1999 y 2000, porque esta cofundadora de las Hermanas Trinitarias de Madrid murió aquí el 15 de marzo de 1933. Había nacido en Tepic (México) en 1854 de padre diplomático inglés y de madre española, que murió en 1862. Entonces el cabeza de familia envió a sus cinco hijos a Madrid, donde Mariana llegó con 10 años. Estudió en el Colegio de Santa Isabel. Y, una vez que se encontró con el venerable Francisco de Asís Méndez Casariego, que entonces confesaba en el real monasterio de la Encarnación, decidió colaborar con él como cofundadora del instituto de Hermanas Trinitarias, dedicado a la atención y promoción de jóvenes desasistidas y maltratadas, iniciándose en la iglesia del mismo monasterio el 2 de febrero de 1885.

Durante su vida el instituto abrió casas, además de tres en Madrid, en Villanueva de Villaescusa (Cantabria), Barcelona, Santander, Sevilla, Vigo, Granada, Bilbao, Cáceres, Málaga, Puebla de los Ángeles (México), dos en Buenos Aires (Argentina), y León.

Sus restos reposan en la casa madre de la calle Marqués de Urquijo, junto a los del fundador de las Hermanas Trinitarias que, en su recuerdo, tienen una capilla dedicada a la Santísima Trinidad en la catedral de la Almudena.