Domingos de parroquia - Alfa y Omega

Domingos de parroquia

Tan solo con echar un vistazo a la fotografía, descubrimos a un Papa al que le gusta ejercer de párroco y que se siente como en casa en contacto con sus feligreses: estrechó manos sin parar, bendijo a los niños, agradeció dulces caseros, saludó con cariño a los ancianos y a todos dedicó unas palabras en cada uno de los encuentros que mantuvo durante las casi tres horas que permaneció en las instalaciones

Eva Fernández
León XIV durante la visita pastoral a la parroquia de Santa María Reina de la Paz en Roma
Foto: CNS / Lola Gómez.

Entre los títulos de un Papa, se puede decir que el de obispo de Roma es el más importante. Así se subraya su vinculación a un territorio y a unos fieles concretos. León XIV tuvo muy claro este cometido cuando en sus primeras palabras como Pontífice, se refirió a este papel: «Debemos buscar juntos cómo ser una Iglesia misionera, una Iglesia que construye puentes dialogando, siempre abierta». El pasado domingo realizó su primera visita a una parroquia de Roma, Santa María Regina Pacis, fundada por Benedicto XV en Ostia para rogar por el fin de la guerra. De esta forma ha iniciado una gira de visitas pastorales a cinco parroquias romanas durante los domingos previos a la Pascua. Tan solo con echar un vistazo a la fotografía, descubrimos a un Papa al que le gusta ejercer de párroco y que se siente como en casa en contacto con sus feligreses: estrechó manos sin parar, bendijo a los niños, agradeció dulces caseros, saludó con cariño a los ancianos y a todos dedicó unas palabras en cada uno de los encuentros que mantuvo durante las casi tres horas que permaneció en las instalaciones. Estas visitas sin reloj muestran el lado humano, su cercanía con la gente. Visitas que permiten a los Papas volver a los inicios, cuando eran párrocos o pastores de pequeñas comunidades. 

Los más pequeños le recibieron con un sonoro «¡bienvenido!» cuando entró en el espacio deportivo anejo a la parroquia. Rápidamente el Papa respondió al saludo, asegurando que cada parroquia debe ser una comunidad acogedora para recibir a quien se acerque, sea quien sea, «católicos o no católicos, creyentes o no creyentes». A los jóvenes les habló de esperanza y a los ancianos y enfermos les recordó que su presencia es especialmente importante, porque el Señor se sirve de su ejemplo para mostrarnos el camino al resto. Al consejo parroquial le dejó como tarea abundar en la oración y en su experiencia de fe.

Durante toda la visita se notó al Papa especialmente contento, quizás también porque se encontraba en un lugar muy importante para un Pontífice agustino. La madre del santo de Hipona, santa Mónica, concluyó su vida terrenal en Ostia, donde esperaba embarcar para Cartago. Allí murió repentinamente por una fiebre muy alta provocada por la malaria. Su cuerpo fue venerado durante siglos en la iglesia de Santa Aurea de Ostia hasta que, en 1430, sus restos se trasladaron a San Agustín en Campo Marzio, en el centro de Roma.

Durante la homilía de la Misa el Papa no escondió que el barrio de la parroquia sufre una violencia que «existe y hiere». Una agresividad que a veces se extiende entre los jóvenes y los adolescentes, «quizás alimentada por el consumo de sustancias» o «por organizaciones criminales». Por eso, León XIV los animó a cultivar el respeto, la armonía, la no resignación y la «fuerza desarmante de la mansedumbre» que contrasta con una «cultura del abuso y la injusticia». 

Será difícil que en la parroquia olviden aquella tarde de domingo. León XIV les ha dejado palabras inspiradoras, claras y exigentes, que concluyeron con una rotunda despedida al caer el sol: «Vosotros siempre sois la luz del mundo. ¡Que Dios os bendiga siempre!».