Dios no se cansa de buscarnos, no se resigna a la distancia
Me gustaría, de manera especial, invitaros a estar atentos a esa luz de Dios que llega tímida y tierna a nuestro mundo y a nuestras casas, como llegó en aquella primera Nochebuena
Felicitación para la Navidad del año 2025
La Navidad vuelve a visitarnos, pero no como muchas veces la imaginamos, entre grandes ruidos, conflictos o disputas.
La Navidad llega como quien llama suavemente a la puerta. No irrumpe con violencia, no se impone, reconcilia y nos ayuda a ver los rostros de las personas.
Y viene pequeña, frágil, casi desapercibida. Como un niño. Como Dios.
Es admirable descubrir cómo Dios quiere seguir quedándose con nosotros y venir a nuestro encuentro, tal y como sucedió hace 21 siglos con el Nacimiento de Jesús en la cueva de Belén.
Desde entonces, quienes nos hemos topado con la experiencia de Jesús vivimos con esta certeza: Dios no se cansa de buscarnos, no se resigna a la distancia, no se aleja de nuestra historia ni de nuestras vidas.
Llama a nuestra puerta y sale a nuestro encuentro cada día: en la Palabra, en la Eucaristía, en el hermano pobre, en el dolor, y también en cada gesto de reconciliación y de paz.
Con esta felicitación me gustaría, de manera especial, invitaros a estar atentos a esa luz de Dios que llega tímida y tierna a nuestro mundo y a nuestras casas, como llegó en aquella primera Nochebuena en forma de una pareja de extranjeros que llamaban a las puertas de las casas de Belén. Era una luz pequeña, pero verdadera. Solo pedía abrir la puerta y acoger.
Sin embargo, nuestro mundo anda escaso de luz. Las guerras, la violencia y la creciente polarización siguen llenándonos de tristezas. Soñamos —y seguimos pidiendo— un mundo donde se erradique la oscuridad de tantas guerras injustas; que se afronte el drama de los desplazados y refugiados, el sufrimiento de las migraciones forzadas.
Además, estos días nos duele especialmente la oscuridad del crecimiento de la pobreza infantil, el drama de quienes no tienen acceso a una vivienda, la brecha social que, como señala el Informe FOESSA, crece de manera alarmante. O la dignidad humana tan poco reconocida en tantos rincones.
Todo esto queremos ponerlo delante de la luz salvadora de Belén, para que, como a los Magos de Oriente, nos guíe y nos ayude a llevar la luz de Cristo, cuidadora y reconciliadora, a tantas noches sin paz.
Ojalá esta Navidad sea un paso más para que, mirando al Niño de Belén, aprendamos a vernos no como rivales ni contrincantes, sino como hermanos, parte de ese mundo nuevo y hermoso que Dios quiere abrazar.
Desde este portal de Belén —que es nuestra Iglesia en Madrid— queremos dar la mano a toda la gente de buena voluntad y a todas las instituciones que desean trabajar por un mundo más tierno, más justo, que ilumine la dignidad de cada persona y el bien común.
No dejemos que esta Navidad pase de largo como una más. Abramos las puertas a quien llama y llevemos la luz de Jesús a través de nuestras comunidades, en los barrios, en las parroquias, en los hospitales, en las escuelas, en todos esos lugares donde la vida es frágil y necesita cuidado.
Gracias a cuantos hacéis posible que la luz de Cristo avance. Os pongo con cariño, a vosotros y a vuestras familias, en el portal de Belén.
Que, como Iglesia en Madrid, sepamos ser ese pesebre humilde donde muchos puedan encontrar calor, reconciliación, sentido y futuro.
Porque así es como Dios ha querido encontrarnos.
La luz de Dios ha vencido. Dios está con nosotros.
Feliz y santa Navidad.