Dios, la familia y el trabajo

Monseñor Osoro celebró el viernes su primera fiesta de San Isidro como arzobispo de Madrid. Del Patrono de la Villa, monseñor Carlos Osoro destacó cómo supo «hacer de su familia una verdadera comunidad cristiana, Iglesia doméstica» y cómo «hizo de su trabajo un medio para colaborar en el desarrollo de la creación», y donde «se legitima la dignidad de cada uno»

Cristina Sánchez Aguilar
Don Carlos saludó a los fieles que pasaban el día en la pradera de San Isidro

Monseñor Osoro celebró el viernes su primera fiesta de San Isidro como arzobispo de Madrid. Del Patrono de la Villa, monseñor Carlos Osoro destacó cómo supo «hacer de su familia una verdadera comunidad cristiana, Iglesia doméstica» y cómo «hizo de su trabajo un medio para colaborar en el desarrollo de la creación», y donde «se legitima la dignidad de cada uno»

Era la primera fiesta de San Isidro Labrador para monseñor Osoro como arzobispo madrileño. Cientos de personas se congregaron, a las 11 horas, en la Colegiata de la calle Toledo para acompañar al Patrono en su día grande. Entre ellos, la alcaldesa de Madrid, doña Ana Botella, y diversas autoridades.

En la homilía, el arzobispo destacó cuáles fueron los rasgos más definitorios del santo: «Su tarea fundamental fue poner por obra la Palabra del Señor que meditaba y le regalaba la sabiduría para vivir todas las dimensiones de su existencia, y hacer de su familia una verdadera comunidad cristiana, Iglesia doméstica». También el labrador «hizo de su trabajo no solamente un medio para sustentar a su familia, sino también para colaborar en ese desarrollo de la creación al que el Señor nos ha llamado a todos los hombres, buscando siempre que los que vivían a su lado tuviesen y encontrasen que en el trabajo se legitima la dignidad y la imagen que Dios ha hecho de cada uno de nosotros: somos imagen de Dios».

Siguiendo el modelo del Patrono de la capital, el arzobispo hizo a los presentes «tres invitaciones»: La primera: «Acercaos a descubrir la belleza de la familia». Osoro recordó las transformaciones «amplias, profundas y rápidas que la familia ha sufrido, quizá como ninguna otra institución». Esto, señaló, ha creado diversas situaciones: «En algunas se vive con fidelidad lo que constituye el fundamento de la institución familiar. En otras, se vive en la incertidumbre y el desánimo, en la duda, en la perplejidad y, a veces, en la ignorancia de lo que significa la verdad de la familia. Otras, por diferentes situaciones de injusticia, se ven impedidas para vivir sus derechos fundamentales como tal familia».

San Isidro Labrador, añadió, «vivió de una manera especial la misión de custodiar, revelar y comunicar el amor: formó una comunidad de personas, sirvió a la vida, participó en el desarrollo de la sociedad de su tiempo y en la vida y misión de la Iglesia».

La belleza del trabajo

El arzobispo de Madrid, durante la Misa en la Colegiata de San Isidro

«Acercaos a descubrir la belleza del trabajo tal y como lo vivió san Isidro Labrador», fue la segunda invitación del arzobispo. «El trabajo es necesario para vivir la dignidad con la que Dios nos creó». Es en el mismo Cristo donde «descubrimos la necesidad de un trabajo digno para todos los hombres», añadió. Para el arzobispo, «es necesario mirar de cara los problemas, las inquietudes, las esperanzas, las situaciones económicas y sociales que viven muchos hombres y mujeres. Es verdad que presentan problemas y dificultades, pero hay solución».

«La Iglesia, fiel a la Palabra de Dios», recuerda que «el trabajo es un derecho de todo hombre, que el trabajo está en función del hombre y no el hombre en función del trabajo. Nos recuerda el primado del hombre sobre la obra de sus manos; por ello, capital, ciencia, técnica, recursos públicos e incluso la propiedad privada tienen por finalidad el progreso verdadero de la persona, entre el que se encuentra su derecho al trabajo y el bien común. San Isidro hoy nos anima a promover ese trabajo decente de que nos hablaba san Juan Pablo II, es decir, ese trabajo para todos y que sea expresión de la dignidad del hombre, que permita satisfacer las necesidades de las familias y que deje espacio para encontrarse entre ellos y que se asegure el mismo para todos los hombres».

Testimonio de la caridad

La tercera invitación fue: «Acercaos a descubrir la belleza del testigo de Jesucristo a través de san Isidro Labrador». San Isidro sabía que «el anuncio del Evangelio tiene que ir acompañado con el testimonio concreto de la caridad, que no es una actividad asistencial, pertenece a la naturaleza y a la manifestación irrenunciable de lo que es un discípulo de Cristo». Esto implica para todos nosotros, como para el santo, «una experiencia personal y profunda de Jesucristo, junto con una amistad íntima con Él». Monseñor Osoro recordó a los presentes que «el testigo sabe que la fe cristiana no es reducible a un mero conocimiento intelectual de Cristo y de su doctrina, sino que debe expresarse en la imitación de los ejemplos que nos dio Cristo. A la pregunta: ¿Quién es mi prójimo?, Jesús contesta con el relato del buen samaritano. Ésta es la pregunta clave de un testigo».

Y concluyó el arzobispo: «Los santos engendran santos. La cercanía a sus personas, a sus huellas, siempre enriquece nuestras vidas; ellos nos depuran y nos elevan la mente, nos abren el corazón al amor de Dios. Esto es lo que hace hoy san Isidro Labrador acercándose a nuestras vidas, a las vidas de todos los madrileños».

Después de la celebración de la Eucaristía, monseñor Osoro visitó la pradera y la ermita del Santo, y a las 19 horas, participó en la procesión con las imágenes de san Isidro y santa María de la Cabeza por el centro de la capital.

Cristina Sánchez Aguilar