Día contra los discursos de odio: «Toda la sociedad tenemos que lograr ese lenguaje desarmado»
En el Día Internacional para Contrarrestar el Discurso de Odio Tomás Fernández, director del Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia (Oberaxe) del Ministerio de Migraciones analiza este fenómeno al que León XIV aludió en el Congreso.
—Este jueves es la quinta edición de este Día Internacional para Contrarrestar el Discurso de Odio, instituido en 2021 y celebrado por primera vez en 2022. ¿Es la necesidad que se vio de convocarlo un signo de nuestros tiempos?
—La verdad es que el que exista este día es totalmente necesario y más en los tiempos que corren, cuando en el ámbito de las redes sociales la existencia de estos discursos es el día a día no solamente de los jóvenes sino de todas las personas. Las redes tienen una capacidad de interconexión que supone muchos pros pero también implica esta problemática de la difusión de posibles mensajes de odio que no tienen por qué ser delictivos pero que sí pueden ir en contra de las normas de comunidad de las redes que se han aceptado al crear una cuenta y que incluyen no insultar, denigrar ni humillar.
—¿El impacto de las redes sociales es la principal característica que hace a este fenómeno distinto a otras épocas o hay otras?
—Es la fundamental. Es muy reciente que cualquier tipo de humillación o palabras malsonantes —que pueden derivar en algo mayor, como incitaciones a la violencia hacia ciertos colectivos— no se quedan en un lugar físico como una reunión o una pared sino que en cuestión de segundos han recorrido varios países y llegado a millones de personas.
—Un fenómeno que no ocurre por sí mismo sino que está denunciado que los propios algoritmos de las redes sociales fomentan.
—Es sabido que en publicidad hay algoritmos que cuando hacemos alguna consulta aprende nuestros gustos y nos manda cosas similares. En redes sucede lo mismo con otras cuestiones, pero en este caso afectan a la dignidad humana y pueden ir mucho más allá.
—¿Se refiere a la relación entre discursos de odio y violencia?
—Hasta no hace mucho era más bien algo de sentido común. Pero yo mismo tuve ocasión de participar en un artículo científico que investigaba precisamente esto, que se publicó en Nature y que estamos usando tanto en OBERAXE como en la Fiscalía de Sala contra los Delitos de Odio y Discriminación. Cogiendo dos años enteros de atestados policiales de la Guardia Civil y la Policía Nacional sobre denuncias de agresiones físicas por posibles delitos de odio y los discursos de odio anteriores no pudimos lograr lo que queríamos, demostrar una relación causa-efecto, porque es muy difícil; pero sí una correlación entre lo que se había dicho en plataformas y lo que posteriormente apareció en las denuncias. Hay una correlación clara entre lo online y lo offline.
—La eterna pregunta: ¿hay más discursos de odio o más sensibilización y tendencia a denunciar?
—Por desgracia, todavía tanto en los discursos como en los delitos de odio existe una gran infradenuncia. Lo dicen no solo organismos nacionales como OBERAXE sino internacionales como la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea (FRA), que ya ha realizado tres encuestas sobre esto en distintos países de Europa, con una muestra mucho más grande que la que pueda haber a nivel nacional. Los resultados son claros: solo una persona de cada diez denuncia delitos o discursos de odio.
Uno de los problemas sobre el que se ha trabajado mucho en el ámbito de la formación, desde la Policía, OBERAXE o la Fiscalía, es la sensibilización. Muchas veces infradenuncia viene de la infradetección. Muchas veces no somos capaces de detectar cuándo somos víctimas por la normalización que existe. Es una de las problemáticas mayores.
—¿Cuáles son los principales rasgos que hacen a una persona o colectivo objeto de discursos de odio?
—Aunque nosotros estudiamos más lo que tenga que ver con el racismo, la xenofobia, el antigitanismo y el antisemitismo, pero también trabajamos transversalmente con otros organismos como la Fiscalía de Sala contra los Delitos de Odio y Discriminación o el Consejo General del Poder Judicial. El primer colectivo que sufre el delito y discurso de odio es el de las personas del norte de África. Se observa más en determinados momentos en los que mensajes de algunas personas se viralizan y se producen picos importantes. Ha ocurrido por ejemplo en estos meses en el contexto de la regularización.
En otros contextos, ha pasado también con el antisemitismo en relación con la guerra en Irán o cuando Israel se presentaba a Eurovisión.
—¿Qué rostro tiene este fenómeno entre las nuevas generaciones? Con motivo del Día Internacional Hogar Sí señalaba que los jóvenes han presenciado más actos de odio por aporofobia que personas de otras edades pero que también están más dispuestos a intervenir.
—Nosotros comprobamos estos problemas de manera transversal y es cierto que a veces vemos ese choque. Muchas veces se culpabiliza de este fenómeno a los jóvenes por las redes sociales, pero poco a poco se ve también que hay una mayor sensibilización, tanto en la sociedad como entre los jóvenes. Igual que ha habido un tiempo en que algunos jóvenes subían a TikTok cómo humillaban a personas sin hogar vemos que ahora están surgiendo esos movimientos de jóvenes que reivindican que no todos son iguales. Por eso no podemos generalizar sobre ningún colectivo.
—¿Corremos el riesgo de que el propio concepto de discurso de odio se transforme en arma que sirva para denunciar lo que puede ser solo una opinión crítica? ¿Dónde trazamos la línea?
—Es una cuestión que siempre hemos tenido en cuenta, desde mi anterior destino como jefe de servicio de la Oficina Nacional de Lucha contra los Delitos de Odio del Ministerio de Interior. Para saber si estamos ante un mensaje de odio —incluso delictivo— o una mera crítica u opinión hay que seguir las recomendaciones que nos viene marcando la FRA y la Comisión Europea, donde participamos.
La recomendación 15 del Plan de Acción de Rabat [una directriz de las Naciones Unidas que establece cómo distinguir entre la libertad de expresión protegida y la incitación ilegal al odio] recoge seis items, de los cuales tres son muy importantes: el contexto —si ocurre en relación con un caso como el de Torrepacheco, en relación con una guerra, etc.—; el número de seguidores y el uso de determinadas expresiones contra la dignidad de la persona, que la humillan o incluso incitan a la violencia. No queremos nunca cercenar la libertad de expresión pero sí controlar determinada expresiones para evitar que sean semillas de agresiones.
—En el Congreso de los Diputados, el Papa León XIV dijo que la paz «nace también en la conciencia, allí donde el rencor, la indiferencia y el odio ceden espacio a la reconciliación» y pidió «desarmar el lenguaje». ¿Celebró sus palabras?
—La verdad es que me recordaba mucho a cuestiones que desde OBERAXE estamos trabajando cuando hablamos de sensibilización. Como muy bien ha dicho nuestro Papa, es claro que el lenguaje importa. Y más si viene de quienes tenemos determinados cargos o responsabilidad, como los profesores.
Hay que tener mucho cuidado con expresiones que se han ido pasando de generación en generación y que van en contra de la diversidad, cultural o de todo tipo. Esto no es cercenar la libertad de expresión. Tampoco significa que quien lo dice sea mala persona, a veces lo hace por un prejuicio automatizado desde hace generaciones. Lo que tenemos que hacer es desautomatizar ese lenguaje, y a poder ser destruirlo. Tenemos que controlar los prejuicios para que no nos controlen ellos a nosotros.
—La petición de León XIV supone un reto: combatir lo negativo es relativamente fácil. Pero, ¿cómo promover la reconciliación, un lenguaje desarmado?
—Al final nos toca a todos hacerlo. Yo lo digo muchas veces. No solo las instituciones, determinados cargos público o los funcionarios que trabajamos en lo técnico: todos tenemos que poner nuestro granito de arena. No solo es cuestión de las instituciones, sino de toda la sociedad. Es por el bien de todos. Toda la sociedad tenemos que lograr ese lenguaje desarmado, esa reconciliación, combatir los discursos de odio.
—OBERAXE se implica directamente en esta lucha monitorizando el discurso de odio en línea. ¿Cómo es esta labor?
—En 2020 se empezó a monitorizar de forma manual. Pero La Liga nos cedió el uso de una herramienta que lo hacía mediante algoritmos para el fútbol y con eso creamos el sistema FARO entrenándolos con expresiones, símbolos, etc. Se hace siempre con supervisión humana de lo que los algoritmos nos digan porque puede haber falsos positivos. Un equipo decide si lo detectado va contra las normas de la comunidad de una plataforma o es solo uso de libertad de expresión.
Si es lo primero hacemos dos cosas. Muchas veces denunciamos de forma anónima, como una persona individual, pidiendo que se retire, para ver si se hace. Es algo que analizamos cada año y enviamos los datos a la Comisión Europea, porque las plataformas han firmado un código de conducta al respecto en el que se comprometen a ello.
Después, o a veces simultáneamente —si hace falta más rapidez para evitar que se difunda— lo mandamos como institución reconocida como notificador de confianza. Las plataformas, que tienen que dedicar recursos a estas cuestiones, miran más lo que viene de estos notificadores, pero nos interesa que pongan recursos también para las denuncias de personas anónimas.