Algo me dice que somos muchos los padres a los que la llegada de la adolescencia nos coge con el paso cambiado. De un día para otro nos vemos atrapados en una batalla con algo que se parece mucho a nuestro hijo, mientras nos preguntamos dónde estarán ese niño tan lindo o esa niña tan alegre con los que hemos vivido los últimos 15 años. Lo cierto es que no andan muy lejos, pero en el agotamiento de la enésima discusión absurda nos cuesta reconocerlos.
Sin darnos cuenta, nos hemos dejado arrastrar por lo que Neil D. Brown llama «la bestia»: algo que se alimenta de todas estas discusiones fatalmente planteadas y que tiene la capacidad de acabar con la paz familiar en un periquete. No son los adolescentes, no somos los padres: es la bestia. Así, Brown sostiene que muchos de los conflictos con nuestros hijos no se deben tanto a su mala conducta como a que nosotros los enfocamos, equivocadamente, como una lucha de poder. Creo que esta es una noticia que le puede alegrar el día a más de uno.
La adolescencia tiene mala prensa y, reconozcámoslo, ellos se venden fatal. Los padres de niños más pequeños los miran con desconfianza y la sociedad se lleva las manos a la cabeza porque su generación no era así, qué son estas faltas de respeto, dónde vamos a parar. Pero cualquiera que tenga la suerte de tener uno o dos especímenes en casa sabe que no todo es malo, ni mucho menos. Estas nubes de hormonas ambulantes, auténticas cajitas de sorpresas en las que encontramos desafíos y mal genio mezclados con destellos de humor o bondad, nos regalan conversaciones inesperadas y gestos de cariño espontáneo que derretirían al más pintado. Muestran orgullo y confusión, pero también ganas de hacer las cosas bien. Y es una pena que esta fuente inagotable de asombro quede tantas veces empañada por nuestra preocupación natural de que salgan adelante.
Acabar con la batalla por el control entre padres y adolescentes, publicado por Alba, no defiende una paternidad permisiva ni es un libro para hacerte amigo de tus hijos. Es, más bien, una ayuda para aquellos padres —y abuelos, añadiría— cansados de repetirse, que viven con la sensación de estar siempre discutiendo y, para colmo, con el cargo de conciencia de hacerlo todo mal. A veces, las herramientas que recibimos para enfrentarnos a «la bestia» se nos quedan cortas y nos cuesta salir del «porque sí, porque no, porque así lo digo yo». Brown nos aleja de esa pelea y nos enseña que lo importante no es tanto que nuestros hijos obedezcan a la de ya como que sepan gobernarse el día de mañana.
Neil D. Brown
Alba
2025
240
22,50 €