«Después de Francisco, el papado ya no será lo mismo»

Ricardo Benjumea
Los periodistas César Mauricio Velásquez y Andrés Beltramo saludando al Papa Francisco

En tu nuevo libro, La reforma en marcha, hablas de resistencias en el Vaticano a las reformas de Francisco, pero el resultado del Sínodo parece indicar que el Papa está mucho menos solo de lo que algunos llevaban un tiempo dando a entender. ¿Hemos dado quizá los medios demasiado pábulo a la retórica «conspiradora»? ¿Hemos exagerado las diferencias entre los obispos y cardenales, simplemente quizá porque no estábamos acostumbrados a debates francos y abiertos como los que se han visto en los últimos meses? ¿O tal vez esos «métodos no del todo benévolos» de algunos que lamentaba el Papa –filtración de la carta de los 13 cardenales, rumores falsos sobre un supuesto tumor de Francisco– han provocado un efecto de cierre de filas en torno a Francisco?

Si algo dejó el Sínodo, como efecto práctico, fue una idea clara de la magnitud real de las resistencias contra el mensaje de apertura y misericordia que empuja el Papa Francisco. Si bien hubo un gran consenso en la mayoría de los 94 puntos del documento final de la asamblea, los párrafos de referencia para el análisis son aquellos relacionados con los divorciados vueltos a casar (84,85,86). Estos cosecharon hasta 80 votos contrarios, aunque los días previos a la votación la mayoría de los padres sinodales dijo públicamente que estaban satisfechos con el texto. Si, como algunos observadores aseguraron, esos puntos reforzaron la doctrina y determinaron que «no cambió nada», ¿por qué obtuvieron tantos votos negativos? En realidad fueron el síntoma de un efectivo desacuerdo con la tendencia que lleva el actual Pontificado. Algo similar ocurrió con la carta de los 13 padres sinodales, quienes marcaron una distancia clara hacia el Papa y su reforma al método del Sínodo, poniendo en duda la honestidad de los miembros de la comisión que él mismo nombró para la redacción del documento final. Y también los rumores sobre el supuesto tumor del Papa, que conmocionaron fuertemente la reunión e hicieron cerrar filas en torno al Pontífice. Si hasta ahora se hablaba más genéricamente de resistencias a Francisco, hoy se sabe cuántos y quiénes son, con nombre y apellido. Y eso también lo sabe el Papa, claramente.

La elección del cardenal Jorge Bergoglio fue una sorpresa, pero, una vez elegido, Francisco se ha comportado desde el primer momento con una resolución impresionante, casi como si llevara un largo tiempo preparándose para ser Papa y tuviera ya un plan claramente trazado en su cabeza. Él suele decir que sus reformas obedecen a las peticiones de los cardenales –incluido él mismo– antes del Cónclave. ¿Dónde crees que termina Bergoglio, el hombre, y empieza ese sentir general del colegio cardenalicio sobre la necesidad de reformas en profundidad?

Buena pregunta. El asunto se podría resumir de otra forma: Francisco es un Papa reformador. Esa es su vocación, él mismo lo ha reconocido. Pero podríamos preguntarnos: ¿es reformador porque las circunstancias así lo exigen o él quiso seguir el camino de las reformas? La respuesta es una mezcla de estas dos ideas. Bergoglio fue elegido en un Cónclave cuyo principal mandato era la voluntad de reforma. Así lo expresaron prácticamente todos los cardenales en las reuniones previas a las votaciones en la Capilla Sixtina. Pero, una vez elegido, el Papa asumió el sendero de las reformas con decisiones y sin titubeos, demostrando un exhaustivo conocimiento de las necesidades concretas de cambio y una enorme capacidad de conducción para poner en marcha procesos complejos de transformación que ya están dando sus frutos. Esto demuestra que los cardenales eligieron bien, aunque muchos de ellos –creo– no pensaron que el Pontífice argentino llegase tan lejos en tan poco tiempo.

Describes a Jorge Bergoglio como un Papa capaz de conectar tanto con las masas como con la prensa. En este tiempo, el interés por los asuntos de la Iglesia ha aumentado considerablemente. Se podría decir que Francisco ha hecho que el periodismo religioso ascienda a Primera División. Pero también, en justa reciprocidad, los vaticanistas miráis ahora al Papa con ojos mucho más benévolos que en anteriores pontificados, podría decirse incluso con admiración. ¿Es sincero vuestro afecto? ¿O tal vez os interesa explotar al máximo el relato de un Papa outsider, como el que presentaba Las sandalias del pescador? Vosotros, ¿quién decís que es el Papa?

Bergoglio es un Papa mediático. Su éxito en la prensa se debe a varios factores. Es el primer pontífice jesuita, latinoamericano, el primero en llamarse Francisco. Todos esos elementos refuerzan la idea colectiva de un pontífice diferente, de ruptura. Y aunque es evidente que su voluntad nunca ha sido la de diferenciarse de sus predecesores para tomar distancia, en los medios es muy grande la tentación de presentarlo como un Papa antagonista. Esto indudablemente ha creado un relato mediático de Francisco, «el Papa de los pobres» que lucha contra todos los demás en la Iglesia, que son «inoperantes, corruptos y malévolos». Todo esto es una exageración, claramente. Porque ese relato, magnificado por los medios, parece saciar un deseo implícito en la opinión pública. Cuando él usa sus zapatos negros por simple comodidad, costumbre y libertad interior; los periodistas (y fotógrafos) presentan ese gesto como ejemplo concreto de su cualidad de «contestatario» y «anticonformista». Pero la realidad es un poco más profunda que eso.

Por otra parte, es innegable que Francisco es un personaje único por muchos factores más profundos. Su capacidad de comunicación y conexión popular, su capacidad de conducción de procesos complejos, la virtud de leer los tiempos, su libertad interior y la audacia para abordar con total convicción asuntos políticamente incorrectos con gran impacto social. Todo eso está ocurriendo, está ahí y es imposible negarlo. Contarlo tal y como es más que un acto de aprecio o cariño, es un acto de honestidad. Y para el periodista, una obligación profesional.

Entiendo que es pronto para hablar de esto, pero te pido que te mojes: ¿Qué perfil de Papa esperas después de Francisco? En otras palabras: ¿Crees que Francisco ha cambiado –al menos para un período largo de tiempo– la forma de encarnar el primado en la Iglesia o veremos a su sucesor –dicho sea en forma de metáfora– con zapatos rojos y regresando al Palacio Apostólico?

Estoy convencido que, después de Francisco, el papado ya no será lo mismo. Como, en cierto sentido, no fue lo mismo después de Juan XXIII y de Juan Pablo II. No se trata solo de la voluntad de estos papas de dejar una marca en la historia, es producto también de las circunstancias en las cuales a cada uno le tocó conducir a la Iglesia. En el caso de Benedicto XVI, por ejemplo, a él no le tocó ser un Papa reformador, más bien su rol fue el de aquilatar un Pontificado variado y multiforme como el de Karol Wojtyla. Como bien sugieres, es imposible pensar –hoy por hoy- en el perfil del próximo Papa. Es muy prematuro. Pero una cosa si podría decir: Estoy seguro que los cardenales del futuro Cónclave estarán obligados a tener muy en cuenta ciertas características impresas por Bergoglio al rol del pastor. Y esto seguramente los influirá a la hora de decidir.

[Andrés Beltramo presenta este miércoles 28 de octubre en Madrid La reforma en marcha. Emoción y desconcierto en tiempos de Francisco (Stella Maris). Tiene más información en: ¿Dudas sobre el Sínodo? Responde Andrés Beltramo]

Ricardo Benjumea