Despedida al cardenal Bertone. El Papa agradece su servicio - Alfa y Omega

Despedida al cardenal Bertone. El Papa agradece su servicio

Un sencillo acto en las oficinas de la Secretaría de Estado debía señalizar el martes el traspaso de funciones del cardenal Tarcisio Bertone al arzobispo Pietro Parolin, pero el hasta ahora nuncio en Venezuela tuvo que ser hospitalizado, la víspera, mientras visitaba a su familia en la región del Véneto. El acto se convirtió así en un homenaje al salesiano que, durante seis años, fue la mano derecha de Benedicto XVI

Ricardo Benjumea
El Papa Francisco, con el cardenal Bertone, en el acto de despedida.

El Papa dirigió una bienvenida in absentia al arzobispo Piero Parolin, de quien, en todo caso, destacó que ya conoce «muy bien la Secretaría de Estado», en la que «ha trabajado tantos años, con dedicación y competencia, y con esa capacidad de diálogo y de trato humano que lo caracterizan». Se trata, pues, de una vuelta a casa de un hombre de quien todo el mundo coincide en destacar tanto su valía como diplomático, como su humildad y profunda vida de oración. A pesar de su ausencia el martes, su nombramiento es ya efectivo, explicó el padre Federico Lombardi, director de la Oficina de Información de la Santa Sede.

El Papa y monseñor Parolin apenas se conocían personalmente, pero el Pontífice tuvo claro desde el principio que era a él a quien quería para ese puesto. El domingo 17 de febrero, a los cuatro días de su elección, después de su primer ángelus en la Plaza de San Pedro, citó a comer al cardenal Rodríguez Maradiaga, a quien no sólo comunicó su intención de nombrarle coordinador del Consejo de 8 cardenales, sino que le adelantó el nombre del nuevo Secretario de Estado, cuyo nombramiento no se haría público hasta el 31 de agosto. Así lo ha contado el arzobispo de Tegucigalpa en una entrevista al canal de televisión canadiense Salt and Light TV.

Rosas y espinas

Por un lado, el relevo en la Secretaría de Estado obedece a una elemental cuestión biológica. El cardenal Bertone cumplirá en diciembre los 79 años. Esto significa que ha tenido 4 años de prórroga, desde que presentó su preceptiva renuncia por edad, a los 75 años. Pero su sustitución coincide con el debate abierto sobre la figura de la Secretaría de Estado en la reforma de la Curia, que impulsa el Papa Francisco. No se trata, pues, de una simple rotación de nombres. La llegada de monseñor Parolin representa el comienzo de una nueva era en el Vaticano, en la que el Secretario de Estado tendrá un papel más modesto que en los últimos pontificados, desde la reforma de Pablo VI.

No pudo haber foto del traspaso. Sólo el abrazo del Papa al cardenal Bertone, a quien el Santo Padre expresó su gratitud por «su largo servicio a la Iglesia, dese la enseñanza, como en el ministerio de obispo diocesano y en el trabajo en la Curia, hasta el cargo de Secretario de Estado». Siempre, la nota más característica en él ha sido «la vocación salesiana, que le ha llevado a desempeñar todas las tareas con profundo amor a la Iglesia, gran generosidad y con esa típica mezcla salesiana que une un sincero espíritu de obediencia a una gran libertad de iniciativa e inventiva personal».

El Papa también valoró «el valor y la paciencia con que ha vivido las contrariedades», que, como dijo, han sido «tantas». Y las comparó con el sueño en que Don Bosco y unos jóvenes pasean por un camino lleno de rosas, que poco a poco se llena de espinas punzantes que les invitan a desistir, hasta que la Virgen les anima a proseguir, y llegan a un bello jardín. «El sueño representaría la fatiga del educador, pero creo que se puede aplicar también a cualquier ministerio de responsabilidad en la Iglesia», dijo el Papa. «Quien mira desde el exterior ve sólo rosas», mientras que dentro se «sienten las espinas».

Continuidad con Benedicto XVI

El cardenal Secretario de Estado saliente correspondió al discurso del Papa con nuevas palabras de agradecimiento. Durante los últimos 7 meses, «la escucha, la ternura, la misericordia, la confianza son estupendas realidades que he experimentado personalmente con Usted, Santo Padre, en multiplicidad de coloquios, en los gestos, en las llamadas de teléfono por sorpresa, en los encargos que me ha pedido… ¡Gracias, Papa Francisco, por su benevolencia!».

Pero lo más sustancioso de sus palabras de despedida fue el breve balance de sus años con Benedicto XVI, «un reformador de las conciencias y del clero», que «ha sufrido profundamente por los males que afean el rostro de la Iglesia, y por eso la ha dotado de una nueva legislación que ataca con decisión el vergonzoso fenómeno de la pedofilia en el clero, sin olvidar el comienzo de una nueva normativa en materia económico administrativa». Y añadió: «Veo en el Papa Francisco, no tanto una revolución, sino una continuidad con Benedicto XVI, aunque con diversidad de acentos».

Una simbólica devoción mariana

El cardenal Bertone también destacó la profunda devoción mariana de ambos. «No hay imagen más bella que la de los Papas recogidos en oración ante la Virgen de Fátima: en Fátima, en el año sacerdotal de 2010, el Papa Benedicto, y en Roma, ante la misma imagen, en el Año de la fe, el Papa Francisco para poner a toda la Iglesia en estado de penitencia y purificación». Toda la intervención del cardenal estuvo salpicada de referencias a la Virgen de Fátima, a quien está muy unido por su historia personal, sobre todo desde que preparó, con el entonces cardenal Ratzinger, la publicación del tercer Secreto revelado por la Virgen a los niños pastores. En el final de su intervención, sin embargo, el ya ex Secretario de Estado aludió a otra advocación mariana, mucho menos conocida, pero muy querida por el obispo de Roma: la Virgen desatanudos. «Que María ayude al Papa Francisco y al nuevo Secretario de Estado… a desatar los nudos que todavía impiden a la Iglesia ser, en Cristo, el corazón del mundo, horizonte deseado e invocado incesantemente. Ésta es nuestra ardiente plegaria».