«Demostremos que la acogida es posible»

La llegada de 59 migrantes menores no acompañados desde Grecia a Luxemburgo y Alemania, organizada por la Comisión Europea, puede abrir la puerta a un «mecanismo de reubicación funcional y un sistema real de asilo», anhela el responsable de Migraciones de Cáritas Alemania en vísperas del Día de Europa

María Martínez López
Varios refugiados menores no acompañados llegan a Atenas rumbo a Luxemburgo. Foto: Reuters/Costas Baltas

La llegada de 59 migrantes menores no acompañados desde Grecia a Luxemburgo y Alemania, organizada por la Comisión Europea, puede abrir la puerta a un «mecanismo de reubicación funcional y un sistema real de asilo», anhela el responsable de Migraciones de Cáritas Alemania en vísperas del Día de Europa

59 de 3.600. En comparación con el número total de menores no acompañados que según ACNUR Grecia hay en este país, que unas decenas hayan sido trasladados de sus campos de refugiados a otros países europeos apenas cambia nada. Salvo para ellos. Y, quizá, para Europa. Son once chicos y una chica, de entre 11 y 16 años, que el 15 de abril llegaron a Luxemburgo; y 44 chicos y tres chicas que pocos días después aterrizaron en Alemania. De este último grupo, solo cinco superan los 14 años, y de ellos cuatro viajaban con algún hermano pequeño. Proceden de Siria, Afganistán y Eritrea.

Bernward Ostrop, responsable de Migraciones de Cáritas Alemania, explica que el grupo germano «llegó en unas condiciones físicas y psicológicas muy malas, por las situaciones desesperadas que han vivido, desde tener que huir de sus países hasta las condiciones de vida en las islas griegas». La mayoría estuvo allí meses, a veces sin una tienda de campaña donde cobijarse. Seis chicos tuvieron que quedarse atrás porque tenían sarna.

Con este bagaje a sus espaldas, «es muy importante que encuentren paz y protección en Alemania». Ahora que ya han pasado la cuarentena del coronavirus, 19 de ellos se reunirán con los parientes que tienen allí. El resto se repartirá entre Baja Sajonia, donde se harán cargo de su alojamiento las autoridades de protección de menores, Hamburgo y Berlín. En estas dos ciudades «aún no se ha decidido» dónde vivirán. «Nosotros hemos ofrecido alojamiento y apoyo de nuestro personal. Estaremos encantados de ayudar».

Todo el proceso ha dependido del Ministerio del Interior alemán y de la Comisión Europea, con apoyo logístico de la Organización Internacional para las Migraciones y de ACNUR, que seleccionó a los menores. Pero Cáritas Alemania ha estado en contacto con los responsables, ofreciendo su apoyo y su «amplia experiencia en el campo de la integración de menores refugiados». En el caso de Luxemburgo, el Gobierno aceptó un ofrecimiento similar y los menores residen en un centro de Cáritas. Allí «están acompañados las 24 horas al día, los siete días de la semana. En breve empezarán clases de francés», explica Marie-Christine Ries, miembro de su consejo general.

Es solo el principio

No es poco lo que esta docena de muchachos aprendiendo una lengua representa para una Europa que este sábado celebrará su día, un año más, con más incertidumbres que luces. «Son solo el principio», explica Ostrop; la primera etapa del proceso de reubicación desde Grecia de 1.600 menores refugiados y solos anunciado en marzo por la Comisión Europea. Los acogerán diez Estados miembro de la UE (los ya citados y Bélgica, Bulgaria, Francia, Croacia, Finlandia, Irlanda, Portugal y Lituania), además de Suiza y Serbia. «La Comisión ya está preparando la reubicación en Finlandia y Portugal», y Alemania hace ya planes para otros 350.

Tras esta primera experiencia, el responsable de Migraciones de Cáritas Alemania destaca que aunque «se tardó mucho en comenzar el proceso», todos los participantes «compartían el deseo de ayudar a los menores». Esto le hace ser optimista: «Si la UE puede desarrollar un mecanismo de reubicación que funcione, con suerte será la piedra angular de un futuro sistema real de asilo». Cáritas Alemania trabaja por ello, contactando con sus hermanas europeas «con la esperanza de que muchos otros países muestren solidaridad». «Espero y rezo para que cada estado miembro lo haga», añade su colega luxemburguesa. «Es el mínimo de solidaridad con otros miembros de la UE», además de corresponder con «nuestra vocación humana y cristiana de asistir a quien pide asilo». «Son nuestros hermanos. Si Europa es más que una red económica, nuestra responsabilidad como cristianos y como Iglesia es demostrar que la solidaridad y la acogida son posibles».


Foto: Arzobispado de Luxemburgo

El arzobispo de Luxemburgoy presidente de la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Comunidad Europea (COMECE), el cardenal Jean-Claude Hollerich, está muy implicado en la acogida de refugiados en su país. Antes de los menores, hace un año decidió que la Iglesia acogiera y se hiciera cargo durante dos años de dos familias refugiadas en Lesbos y logró el permiso del Ministerio de Exteriores, «con la condición de ser ellos quienes seleccionaran a las familias entre las propuestas por Grecia». «En junio, representantes del ministerio y de Cáritas viajaron allí para dar el visto bueno definitivo, y la acogida se organizó entre Cáritas, el proyecto eclesial de ayuda a refugiados Reech eng Hand y los habitantes del pueblo que las iba a acoger». La experiencia está siendo buena. Tanto Reech eng Hand como los vecinos mantienen contacto habitual con las familias. «Los hijos de una, más mayores, van al colegio y los padres también han empezado a aprender el idioma».

María Martínez López