Del Diario de María Magdalena: «Hoy estas manos han trabajado en algo muy grande» - Alfa y Omega

Del Diario de María Magdalena: «Hoy estas manos han trabajado en algo muy grande»

Jesús va a celebrar la última Pascua con sus apóstoles. La Madre del Señor besa las manos de María Magdalena, mientras ambas ultiman los preparativos: «Hoy estas manos han trabajado en algo muy grande», le dice la primera a la otra María, que todavía no comprende una palabra. La Virgen besa con ternura el pan recién hecho, y se lo da a besar también a la Magdalena… Éste es uno de los Relatos a la sombra de la cruz (editorial Palabra) que imagina el sacerdote y escritor don Enrique Monasterio

Colaborador
Última Cena: detalle del retablo lateral de la iglesia del convento de Santa Isabel de los Reyes, en Toledo. Foto: María Pazos Carretero.

María me ha pedido que le ayude a preparar la sala donde su hijo celebrará la Pascua dentro de dos días. Me lleva al lugar elegido y en seguida comenzamos a trabajar. Lo primero, limpiar el recinto, que es grande y agradable, pero necesitaba un buen repaso. Luego, disponemos las jofainas para las purificaciones, las lámparas de aceite que darán luz a la estancia, los divanes, los manteles limpios y perfumados, las copas, las jarras para el vino y unos platos de colores recién salidos de las manos del alfarero que ha traído María.

Yo, como estoy muy contenta porque es la Pascua, no dejo de cantar ni un solo instante. En cambio, Ella…

—«¿Qué te ocurre, Señora?».

—«No me llames así. Sabes que somos amigas».

María entonces toma mis manos entre las suyas y las besa.

—«¿Por qué haces eso?».

—«Hoy estas manos han trabajado en algo muy grande. Los manteles, los platos…, todo esto será sagrado. Pronto lo entenderás. Ahora vamos a hacer el pan. ¿Me ayudas?».

Con la harina blanca recién molida, las manos de mi Señora han comenzado a amasar la primera hogaza. Sin levadura, como establece la ley de Moisés, el pan se elabora deprisa y se comerá deprisa porque es la Pascua. Es el paso del Señor.

Antes de meterlo en el horno, María vuelve a sorprenderme en un gesto insólito: con sus manos blancas de harina, levanta el pan en alto y lo besa muy despacio, con ternura de madre. Luego me ha dicho:

—«Bésalo tú también».

Sin preguntar nada, pongo mis labios en el pan.

—«Jesús se encontrará estos besos cuando llegue».

—«… Cuando llegue, ¿dónde?».

María sonríe con ese gesto de niña traviesa que a veces le sale de dentro, pero no me explica el sentido de sus palabras.

—«Lo entenderás muy pronto».

Enrique Monasterio

Relatos a la sombra de la Cruz
Autor:

Enrique Monasterio

Editorial:

Palabra

Año de publicación:

2013

Páginas:

160

Precio:

14,00 €