Dejarse habitar por el misterio - Alfa y Omega

Dejarse habitar por el misterio

Carlos Javier González Serrano

María Zambrano se refirió en sus Claros del bosque a la importancia de dar cabida en nuestras vidas a un silencio propiciador: no se trata del perverso silencio que impone el totalitarismo o de un callar que impide la diferencia o la pluralidad de discursos. Es un silencio que permite habitar el mundo más allá del permanente ruido del que cada día somos víctimas, de la continua estimulación que corrompe nuestros sentidos y nuestra atención. Escribe Luce López-Baralt en su delicioso libro Asedios a lo indecible que lo que más le fascina de san Juan de la Cruz es «su decir no diciendo» o, expresado de otro modo, su capacidad para mostrar la elocuencia del misterio. Hay un silencio que clausura y otro, muy distinto, que resulta fecundo. El primero empobrece la realidad, porque la hace muda; el segundo la ensancha.

El misterio no puede acotarse ni ser capturado en los estrechos límites del concepto. Solo puede bordearse gracias a una sublime inteligencia que sabe muy bien que el centro de lo misterioso permanecerá siempre velado. López-Baralt se acerca a san Juan de la Cruz consciente de que el lenguaje místico no es evasivo ni ornamental, sino radicalmente preciso en su paradójico no decir lo que dice. Aquel «decir no diciendo» no encierra una renuncia al conocimiento; es más bien su forma más alta: el misterio desborda y disloca todas nuestras categorías racionales. 

Con la literatura del santo carmelita no se pone solo en juego un tipo de decir. También asistimos a un intento radical de virar nuestros goznes antropológicos, el meollo de lo humano. Si existe algo indecible es que el ser humano, aun viviendo en su lenguaje, no se reduce a lo cuantificable, a lo que puede decir. El misterio (los rastros de lo divino, diría Böhme) es la prueba de que la experiencia humana más honda no se deja agotar por el cálculo. De ahí la —aún acaso inasumible— actualidad de la mística sanjuanista: en una cultura tan saturada de información y obsesionada con los datos, la palabra que calla y deja hablar al mundo, al misterio, se convierte en revelación. El silencio como elemento transformador de quien atiende a la realidad.

Escribió san Gregorio de Nisa en su Vida de Moisés: «Después que el alma ha dejado todo lo que es apariencia va siempre más adentro», pues «lo que buscamos es superior a todo conocimiento» y en ello se halla el auténtico conocimiento, «en ver a través del no ver nada». Lo más decisivo de nuestra vida no se deja poseer, no podemos devorarlo (en expresión de Simone Weil), pues cuando aparece lo bello no queremos hacerlo nuestro, sino contribuir a que la belleza no deje nunca de habitar el mundo.

Asedios a lo indecible
Autor:

Luce López-Baralt

Editorial:

Trotta

Año de publicación:

2020 (2ª edición)

Páginas:

278

Precio:

28 €

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