De mayor quiero ser esa librera - Alfa y Omega

De mayor quiero ser esa librera

Maica Rivera

Érase una vez «una mujer admirable, resuelta, nada ñoña»: una librera siempre dispuesta a reunir pequeñas sumas para ayudar a un amigo como Henry Miller, o publicar lo que le rechazaban otras editoriales a una amiga como Anaïs Nin. Esta es la historia de la inspiradora Frances Steloff, que pasó de ser una niña marcada por la pobreza, maltratada y forzada a dejar la escuela para hacerse cargo de sus hermanastros, a forjar la más hermosa de las vocaciones del mundo del libro en la Nueva York de principios del siglo XX. Lo cierto es que su legendario establecimiento Gotham Book Mart, que reunió bajo su techo a los autores más representativos de su tiempo (E. E. Cummings, John Steinbeck, William Faulkner, Gertrude Stein…), jamás fue una librería al uso, sino «un refugio literario, una casa de acogida» y un oasis en el corazón de la metrópoli. Se distinguió por el respaldo que prestó a escritores jóvenes y no consagrados, apenas leídos, y por el apoyo económico y moral a tantos creadores, «llegando a extremos francamente inauditos».

Oh, sí, libreros pero también lectores, autores, editores y críticos: este es el libro que esperábamos, necesario para renovar fuerzas de cara a la defensa de la cultura y la lectura en nuestros días, para renovar los votos personales y profesionales. Nos recuerda que los más exitosos proyectos, los que mueven el alma y el mundo, nacen de la generosidad limpia, de la colaboración espontánea por puro amor al prójimo que luego nos devuelve el ciento por uno. Es momento de recuperar juntos, en comunidad, nuestros sueños y anhelos entre libros. Ahí, y en ningún otro sitio, está el futuro del libro. Lo dejan muy claro estas memorias de luz y vida que albergan pequeños milagros, muy emocionantes, como el nacimiento en el seno de la librería de la Sociedad James Joyce, desde donde llegaron a mandar dinero a Nora, la esposa del escritor, para contribuir a la manutención de sus hijos. Otro pasaje de alta emotividad remite a Dylan Thomas, «que caía bien a todo el mundo» y cuyos recitales siempre agotaban las entradas; y por eso su muerte, tras varios días en coma, afectó tanto a todos. Así rememora la librera su «triste» funeral, convocado en la iglesia anglicana de la calle 12, en los mismos términos en los que añora al «siempre amable» W. H. Auden, para cuyo oficio divino, celebrado en su memoria en la catedral de San Juan el Teólogo de Manhattan, aportó fotografías de los actos poéticos realizados en la librería, para exponerlas en lo que sería «una ocasión digna y conmovedora, como honor final para un gran poeta».

De la mano de Frances también aprendemos a romper nuestros prejuicios y combatir la falta de voluntad para cooperar con el artista, el poeta o el compositor, a raíz del capítulo dedicado a las visitas de Peggy Guggenheim y Max Ernst y el arte surrealista. «Qué agradecidos tendríamos que estarles por romper nuestros moldes de acero. Sin un corazón abierto no podría haber una mente abierta». Para tomar buena nota de todo, 80 años después.

La librera y los genios
Autor:

Frances Steloff

Editorial:

Trama editorial