De cuando la Iglesia contribuyó a que España permaneciera en la Europa cristiana

Durante los siglos medievales, la Iglesia en la península ibérica marcó de modo profundo el lugar que hoy ocupa España en la civilización, al contribuir, de forma sobresaliente, a que pueda enmarcarse en la Europa de raíces cristianas, a cuya historia y vicisitudes logró mantenerse unida en un momento en el que pudo haber caído definitivamente en otra órbita cultural y religiosa

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La conversión de Recaredo, lienzo de Antonio Muñoz de Grain. Actualmente se encuentra en el palacio del Senado, en Madrid. Foto: Palacio del Senado

Durante los siglos medievales, la Iglesia en la península ibérica marcó de modo profundo el lugar que hoy ocupa España en la civilización, al contribuir, de forma sobresaliente, a que pueda enmarcarse en la Europa de raíces cristianas, a cuya historia y vicisitudes logró mantenerse unida en un momento en el que pudo haber caído definitivamente en otra órbita cultural y religiosa

Durante los largos siglos que van desde la caída del Imperio romano (476) hasta el inicio del reinado de Isabel la Católica en Castilla (1474), la Iglesia española es protagonista de tres procesos principales que afectan tanto a la configuración de España como nación como a la vida de la Iglesia universal.

Puente entre dos culturas

El primer proceso es el que constituye a la Iglesia española como puente entre la cultura romano-cristiana y la cultura medieval. Estamos ante la gran contribución de la Iglesia en tiempos de los visigodos. Primero, como Iglesia de la mayoría de la población (los hispanorromanos) y, desde el 587, como la Iglesia oficial del reino tras la conversión del rey Recaredo.

La cultura romana fue conservada en estos siglos en los monasterios visigodos, de los que salieron los grandes exponentes de la cultura del momento, destacando san Isidoro de Sevilla, autor de las famosas Etimologías, obra enciclopédica que compendiaba la sabiduría de las generaciones anteriores. También el derecho canónico romano-cristiano se conservó y transmitió con mayor amplitud que en ninguna otra región cristiana gracias a la elaboración de la colección Hispana, en diversas etapas durante el siglo VI. La difusión de estas obras en el resto de Europa, a través de su recepción por parte del reino merovingio primero y carolingio después, garantizó la continuidad fundamental con el mundo antiguo, adaptándolo a las nuevas circunstancias.

La Reconquista

Representación de varios peregrinos medievales con la indumentaria jacobea. Foto: www.xacopedia.com
Representación de varios peregrinos medievales con la indumentaria jacobea. Foto: www.xacopedia.com

El segundo proceso es el que ha permitido que la península ibérica forme parte de la civilización cristiana, a diferencia de otras enormes regiones que en la antigüedad también lo eran. Dicho proceso se ha llamado Reconquista y ha durado desde la misma invasión de los árabes en el 711 hasta su definitiva expulsión del reino de Granada en 1492.

La religión cristiana sirvió durante esos siglos como elemento unificador de las distintas unidades políticas que se formaron como reacción al poder musulmán, siempre considerado como invasor. Todos los reinos cristianos encontraron en los hombres de Iglesia grandes colaboradores en el ejercicio de su gobierno y, en los monjes, uno de los más eficaces agentes para la progresiva repoblación y extensión de los límites de sus fronteras. La legitimidad del poder ejercido por los distintos reyes se buscó de un modo u otro en categorías tomadas de la teología cristiana. No es, pues, una exageración afirmar que la conciencia de unidad entre los distintos reinos cristianos estuvo fundado en una empresa común –la Reconquista– de indudable sentido religioso.

La europeización de España

Finalmente, el tercer proceso es el de la europeización de España. La entrada de los reinos cristianos peninsulares en la órbita de la naciente cristiandad europea en tiempos de Carlomagno fue favorecida por los eclesiásticos de dichos reinos, que buscaron desligarse de la Iglesia mozárabe, que vivía bajo dominio musulmán. Se produjo así una creciente europeización de la Iglesia española que, comenzando con la progresiva penetración de la regla de san Benito para la vida monástica, culminó con la supresión del rito mozárabe y la adopción del rito romano para las celebraciones litúrgicas en tiempos de san Gregorio VII. En este tercer proceso, el Camino de Santiago tuvo una importancia fundamental, convirtiéndose en una vía de intercambio cultural y religioso que unía el norte de la península con todos los reinos de Europa.

El códice mozárabe Liturgia eclesial en el beato de Fernando I y Sancha, del siglo XI. Se conserva en la Biblioteca Nacional. Foto: Biblioteca Nacional España
El códice mozárabe Liturgia eclesial en el beato de Fernando I y Sancha, del siglo XI. Se conserva en la Biblioteca Nacional. Foto: Biblioteca Nacional España

A partir del siglo XII los asuntos de los reinos cristianos de la península fueron de interés para todos los reinos europeos. Los Papas, por su parte, concedieron el estatuto de cruzada a la empresa de la Reconquista, facilitando de este modo la participación de caballeros de otras latitudes. También enviaron legados para que garantizaran la correcta aplicación de las distintas reformas eclesiásticas con el resultado de fortalecer aún más el carácter plenamente europeo del cristianismo peninsular. De este modo, ya en los albores de la Edad Moderna, los reinos peninsulares participaron todos juntos en el Concilio de Constanza, formando parte de la nación hispana y contribuyendo de este modo a la solución del cisma de Occidente y a poner las bases de un nuevo modo de entender las relaciones entre el poder eclesiástico y el civil.

Antesala de la edad moderna

Como se ve, el desarrollo de la Iglesia en la península ibérica durante los siglos medievales ha marcado de modo profundo el lugar que España ocupa hoy en la civilización, al contribuir de modo sobresaliente a que pueda enmarcarse en la Europa de raíces cristianas, a cuya historia y vicisitudes logró mantenerse unida en un momento en el que pudo haber caído en otra órbita cultural y religiosa de modo definitivo.

La vida de la Iglesia peninsular ha sido también de gran fecundidad para el conjunto de la Iglesia. Un papel principal se le reconoce como puente entre el mundo antiguo y medieval; pero, sobre todo desde el siglo XII, fue protagonista en pie de igualdad con las restantes Iglesias europeas en la configuración del catolicismo que se apresuraba hacia la Edad Moderna.

Nicolás Álvarez de las Asturias
Profesor del máster en Historia de la Iglesia española de la Universidad Eclesiástica San Dámaso