Daniel Diges pidió una señal para hacer música cristiana y le llamaron para cantar para el Papa
Alfa y Omega entrevista al cantante, que actuó en el Santiago Bernabéu con Diana Navarro y David Bustamante, sobre su acercamiento a Dios
—Al día siguiente de actuar ante el Papa, contó en Y ahora Sonsoles que hasta los 13 años perteneció a los Testigos de Jehová, donde aseguró que también se quiere a Dios, y que después de muchos años buscando, ahora había vuelto a reconectar con el Señor. ¿Querría compartir un poco más sobre cómo fue allí la relación de Daniel Diges con Él en comparación con cómo la vive ahora?
—Yo era muy joven, no me fui por Dios ni porque me pasara nada malo ni nadie me obligó a nada de algunas de esas cosas que se hablan; sino porque de repente no me apetecía ir a las reuniones. Allí no puedes tener amigos «mundanos», como los llaman ellos, y a mí me gustaba irme con mis amigos del cole y del barrio, pensar en tener novietas, incluso ya pensaba en ser actor.
Lo que me echó para atrás era no poder se libre, una cosa más de ser adolescente. Y nunca me dejaron de hablar. Hay cosas que son muy diferentes según el salón o la congregación donde estés.
Dios es el mismo para todos; lo que cambia es la forma en que lo miras. Lo que yo buscaba era esa forma de mirarle. Siempre he orado, pero ha habido momentos en que se me olvidaba que Él estaba ahí. Ahora he encontrado una forma muy bonita de conectar y siento que está ahí de una manera muy fuerte.
—«Rezaba a un Dios que no veía», dijo.
—A veces rezaba por rezar. Pero no me pasaba por ser testigo de Jehová, también les pasa a muchos católicos: gente que te cuenta que desde pequeño va los domingos a Misa y reza todos los días y llega un momento en que lo tiene como algo automático. Nos tenemos que parar y pensar, cuando rezamos, con quién estoy hablando.
Ese retiro de Emaús me ayudó mucho a reconectar con Dios. Lo había sentido siendo mucho más pequeño, pero no a lo largo de los años. Siempre he sido muy espiritual y siempre he experimentado que me ayudaban, que había alguien a mi lado; «mis angelitos», como se dice. Hablaba con «mi yo superior», los ángeles o el arcángel san Miguel, pero desde un lugar diferente a lo católico; y no rezaba a Dios en sí, eso se me había olvidado. Ahora sí puedo rezarle y estar con él. Y también creo que me ha dado señales.
—¿En plural?
—Sí, ha habido varias. El otro día grabé mi primera canción de alabanza, Cara a cara. Y cuando el productor me mandó la mezcla entera ya hecha, que íbamos a subir a Spotify, se la enseñé al director musical de El fantasma de la ópera y de repente escuchándola una paloma blanca se posó justo delante de mí mirándome fijamente.
Otra es que hace poco actué en Sevilla y por la mañana fui a rezar a la Macarena. Mi familia es cofrade y siempre había querido ir, pero por distintos motivos nunca lo había hecho. Esa tarde, el director del teatro vino y me puso una estampita encima de la mesa. O rezar el rosario con mi mujer por una decisión de trabajo y que a los diez minutos nos llamen de la empresa. Igual a otra persona no le parecen señales, pero me están pasando muchas cosas y sé que Dios está ahí.
—Ha dicho públicamente que ese retiro fue clave, pero ¿cómo llegó a él?
—Hacía años la madrastra y alguna tía de mi mujer lo habían hecho. Esa semana estaba con mucho trabajo y le dije a mi mujer que me gustaría hacer algún retiro y ella me contestó: «Pues haz el de Emaús». Me lo había dicho ya hacía tiempo, pero la vez anterior no había plazas. Fue ella la que me ayudó; es católica y muy practicante.
—¿Qué cambió?
—Yo no sé rezar, casi no sabía ni el padrenuestro, cuándo había que arrodillarse en Misa ni nada. Pero había un oratorio donde conecté mucho con Dios, sentí su mano, al Espíritu Santo. En un momento dado en que estaba con los ojos cerrados incluso los abrí pensando que uno de los servidores se me había puesto delante. Pero sobre todo sentí mucho amor y paz dentro de mí, salí con otro brillo en los ojos.
Al día siguiente de tener esa experiencia, el domingo al despertarme en el retiro, al mirarme en el espejo tuve la visión de mí mismo de mayor y sentí como que algo me decía que tenía que predicar, enseñar lo que había sentido allí. Todas las canciones que oíamos me llegaban mucho por dentro. Esa semana, hablando con mi mujer y su tío les conté que tenía la sensación de que Dios me estaba pidiendo que cantara esa música. Me dijeron que seguro que sí y que empezara a grabarla.
Al fin de semana siguiente, rezando, le dije a Dios: «Si quieres que haga esto dame una señal y pónmelo fácil». Y a los dos días me llamó el sacerdote Toño Casado para cantar para el Papa.

—¿Se conocían de antes?
—No. Había visto en Instagram unos vídeos que hago de cómo sonaría una canción y le gustó mucho. También había preguntado al maestro que trabaja con él y que sí me conoce, si me gustaría hacerlo, y le había dicho que creía que sí.
—Lo ha vivido como una responsabilidad y una llamada. ¿Compartían Diana Navarro y David Bustamante, con quienes cantó, esta visión?
—Sí, los tres exactamente igual. Los tres creemos en Dios; Diana de hecho es muy creyente y de ir a Misa. Era una cosa en común. Y fue muy bonito porque el primer día nos mirábamos diciendo «no tenemos nada que ver unos con otros, ni las voces ni nada». Pero fue como si estuviera con nosotros el Espíritu Santo, íbamos viendo «tú cantas esto, yo esto», se unieron las voces y cada uno sabía perfectamente cómo hacerlo: Diana por arriba, David con sus giros y yo por abajo haciendo más tonos líricos. Se veía que no estábamos solos.
Recuerdo que cuando fui a Eurovisión tuve mucha ansiedad porque me fueran a ver millones de personas. En el Bernabéu no me puse nervioso; estaba emocionado. Cuando salí a cantar se me saltaban las lágrimas. Es muy bonito cantarle al Papa. Es la manera más cercana de cantarle a Dios.
—¿Ha sido toda esta experiencia un acicate para compartir de forma tan abierta su testimonio?
—Sí, pero porque algo dentro de mí sabe que Dios quiere que lo haga. De hecho, cuando llegué a Y ahora Sonsoles no quería contar tanto; tenía otra respuesta preparada. Pero algo dentro de mí me impulsó. De hecho, se ve cómo me empiezo a poner nervioso, algo me decía «frena» pero era como si una voz me hiciera contarlo todo.
Luego pensé que estaba harto, muchos artistas lo estamos, de tener que estar escondiendo nuestras creencias porque nos insulten por redes sociales. Que además es un 5 % de la gente que escribe. El 95 % son mensajes positivos. Es bonito: la gente me ha empezado a escribir contando sus experiencias. Muchos incluso estaban en el mismo proceso y ahora quieren ir a un retiro; otros no estaban cerca de Dios y se lo han replanteado. Hasta cierto punto creo que he podido ayudar.
—Si ha pasado todo esto puede que fuera para algo así.
—Siempre he pensado que mi voz es un don que me ha dado Dios e intentaba cantar canciones que llegaran al alma y tuvieran mensaje, y me parecía que la gente se iba llena. Dios nos da dones y cuando tienes un don y sientes que te lo ha dado Dios tienes que aprovecharlo.

—¿Qué huella cree que va a dejar esta visita de León XIV?
—Sé que ha venido a darnos luz en un momento en que había bastante oscuridad. Estamos pasando momentos difíciles con todo lo que pasa en la política, las guerras, etc. Enciendes el telediario y todo es malo. Y de repente ha venido el Santo Padre a darnos un mensaje de que tenemos que querernos y ayudarnos más, de que somos todos iguales, da igual del país que vengas.
He visto casi todos sus discursos y han sido muy bonitos porque dio esas claves. El que más me ha gustado ha sido el de la vigilia de Barcelona, donde habló sobre la oscuridad y la noche. Me inspiró muchísimo. En medio de todo esto aparecen esas personas a las que las remueve y dicen que no puede ser. Pero es bueno que la gente se remueva por dentro. Es por esos por los que hay que rezar; no contestarles mal.
—Hablaba antes de la buena acogida que ha tenido el testimonio sobre su proceso. ¿Cómo ve este fenómeno de mayor apertura a la religión del que se está hablando, habiendo vivido usted mismo algo similar?
—Creo que igual Jesucristo está viniendo a la tierra de esta manera. Es mi impresión, aunque me puedo equivocar. Siento que la gente necesita cada vez más a Dios y hay algo que se está moviendo. Mire la gente joven. En mi época parecía que estaba prohibido decir que crees en Dios; y ahora qué bonito es este movimiento cristiano.
Ha sido muy bonito vivirlo de cerca. Salí del Bernabéu a la vez que la gente, íbamos bajando por la calle todos, y la gente era educadísima. Hubo un buen rollo increíble. Creo que Jesús está entre nosotros y se nota; por eso el revuelo y todo lo que está pasando en el itinerario de las personas.
—Estamos deseando oírle en esa nueva faceta de música cristiana.
—Cara a cara la saqué dos semanas antes de la visita del Papa y ya estamos viendo cuál grabamos ahora.