«Cuando venga el Papa a Ucrania, la guerra acabará»

«Cuando venga el Papa a Ucrania, la guerra acabará»

El recrudecimiento del conflicto en el este de Ucrania ha llevado al presidente del país a pedir la mediación del Vaticano. Mientras, Cáritas prepara distintos planes con medidas a tomar ante una posible invasión rusa

María Martínez López
Soldado ucraniano en Pisky, cerca de Donetsk y del frente, el 21 de abril. Foto: AFP / Aleksey Filippov

No pudo ser. Cuando el domingo el saludo de «Khrystos voskres!» («¡Cristo ha resucitado!») comenzó a resonar en los hogares y las calles de Ucrania, no vino acompañado del silencio de las armas en el este del país. Allí, el Ejército ucraniano y grupos separatistas con apoyo ruso combaten desde 2014 por el control de las regiones de Donetsk y Lugansk (el Dombás). Desde comienzos de año se han recrudecido los enfrentamientos. Y Rusia ha desplegado unos 100.000 soldados en la frontera.

El primado de la Iglesia grecocatólica ucraniana, Sviatoslav Shevchuk, pidió en varias ocasiones que en los días de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor según el calendario juliano «en nuestra patria se escuchen solemnes cantos pascuales y no disparos». Lo hizo junto a otros líderes religiosos integrados en el Consejo de Iglesias y Organizaciones Religiosas de Ucrania. Entre ellos, los líderes de la Iglesia ortodoxa de Ucrania y de los ortodoxos fieles a Moscú. Enfrentados entre sí, e incluso recíprocamente excomulgados, ambos acompañaron a Shevchuk el 28 de abril en una visita al presidente ucraniano, Volodymyr Zelenski, para mostrarle su apoyo a las negociaciones que estaban teniendo lugar para lograr un alto el fuego.

Aunque en el último momento fracasaran, estos llamamientos y los del Papa Francisco no han caído del todo en saco roto. Han ido creciendo los indicios de que una intervención diplomática de la Santa Sede sería bienvenida. Al menos, por parte de Ucrania. El mismo 28 de abril, en una entrevista al diario italiano La Repubblica, el presidente Zelensky puso sobre la mesa la posibilidad de encontrarse con su homólogo ruso, Vladimir Putin, en el Vaticano. Un lugar que «encarna la paz y el diálogo» sería «el adecuado para llevar a cabo un diálogo extremadamente difícil» y podría «ayudar» a resolver los problemas.

Al día siguiente, el prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales, el cardenal Leonardo Sandri, respondía en las mismas páginas que no había aún planes en este sentido. Pero que «como siempre cuando hay un camino de reconciliación en juego, Francisco está listo para entrar en acción». Simultáneamente, a través de la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada, Shevchuk subrayaba que «Ucrania espera la visita del Santo Padre», del mismo modo «que visitó recientemente Irak». Pocos días antes, recordaba, «se me acercó una anciana y me dijo: “¿Sabe? Cuando el Santo Padre venga y pise suelo ucraniano, la guerra se acabará”».

Cáritas lleva productos de higiene a los habitantes de Zolote, en Lugansk. Foto: Cáritas Ucrania

Hasta Crimea, o el río Dniéper

Mientras llega ese momento, aunque en las zonas del Dombás controladas por el Gobierno ucraniano no se ve a las tropas moscovitas, hay «disparos con mucha frecuencia, casi cada día», explica a Alfa y Omega Andrij Waskowycz, presidente de Cáritas Ucrania. En lo que va de año, han muerto 40 soldados del país. A ello se suma el riesgo constante de pisar una mina. Las 600.000 personas que habitan la franja de 400 kilómetros de largo y 15 de ancho que constituye la zona de contención en torno al frente viven cada día con «la tensión continua de no saber nunca qué te puede pasar».

Y, en las últimas semanas, temen además «una invasión rusa que pueda entrar abiertamente» en los territorios controlados por los independentistas y desde ahí lanzar «un gran ataque militar» que ocupe enteras Donetsk y Lugansk. De hecho, en la opinión pública se debaten escenarios peores: que intenten llegar «fuera del Dombás y construir un corredor hasta Crimea» (también bajo control ruso), o incluso la toma «de toda la margen izquierda» del río Dniéper; es decir, la mitad oriental del país.

Tal abanico de opciones está también en la mente de los responsables de Cáritas, que en estos momentos elaboran varios planes de contingencia. Intentan, por ejemplo, predecir cuál podría ser el detonante que desencadenara un desplazamiento masivo de personas. En el peor de los casos, reconoce Waskowycz, «también nos estamos preparando para evacuar a nuestros equipos y que puedan seguir atendiendo a la gente con seguridad».

Si finalmente se extiende el conflicto, cubrir las necesidades básicas de la gente volverá a ser lo prioritario. Existe el riesgo, por tanto, de que se trunque el paso de una ayuda de emergencia a proyectos de desarrollo a largo plazo. Llevan años intentando hacer esta transición, aunque aún está incompleta. Junto a programas de formación profesional y microcréditos para el emprendimiento, o de atención psicológica para los niños, explica el presidente de Cáritas, a muchas personas les siguen ayudando simplemente a sobrevivir.

Sobre todo, a los ancianos. La huida de los más jóvenes ha hecho que este grupo suponga una tercera parte de la población. Su pensión no les da para vivir, algunos gastaron ya todos sus ahorros y ahora deben elegir entre comprar comida o medicinas. «Ni siquiera pueden cultivar sus campos, por las minas», apunta Waskowycz. Además, sus centros médicos y hospitales quedaron al otro lado del frente. Los médicos más cercanos en territorio bajo control ucraniano están a varias horas en coche. Por eso, otro proyecto de Cáritas consiste en llevar doctores hasta los pueblos, y entregar vales para medicinas.

Talleres de apoyo psicológico para niños en Berestove, en la zona de contención. Foto: Cáritas Ucrania

¿Qué pasa en la zona prorrusa?

El presidente de Cáritas no dispone, en cambio, de información suficiente sobre lo que ocurre en la zona ocupada. Allí la entidad no está presente; pero sabe que hay personas intentando ayudar a los demás, por ejemplo con combustible para la calefacción. La labor de la Iglesia en las autoproclamadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk no es fácil. El informe Libertad religiosa en el mundo 2021, de Ayuda a la Iglesia Necesitada, se hace eco de violaciones de la libertad religiosa como «confiscación de propiedades, incluidas iglesias»; «restricciones a actividades misioneras, servicios religiosos, ceremonias y reuniones» y «prohibición de grupos religiosos pacíficos». Se han visto afectadas, afirma la fundación pontificia, la Iglesia ortodoxa de Ucrania, la Iglesia grecocatólica y grupos cristianos minoritarios.

A pesar de todo, Cáritas no deja de alzar la mirada hacia futuro más esperanzador. Al mismo tiempo que debaten en qué circunstancias y cómo tendrían que evacuar el Dombás, diseñan programas de promoción de la paz para «reconstruir el país y, sobre todo, el espíritu de la gente». Con una esperanza que alimenta el saber que «verdaderamente ha resucitado». «Voistynu voskres!».

Dombás
País:

Ucrania: regiones de Donetsk y Lugansk

Población:

Seis millones antes de 2014. 1,7 se han desplazado a otras partes del país

Demografía:

57 % ucranianos y 38 % rusos en el censo de 2001