Cuando el cine aprende de los niños - Alfa y Omega

Cuando el cine aprende de los niños

Cada vez son más las películas que se centran en torno a los niños, a su sufrimiento, o a su prematura sabiduría. Recientemente hablamos de Vivir para siempre, o de Cartas a Dios; la semana que viene comentaremos Alexia; y, esta semana, tenemos tres películas muy interesantes que ponen a la infancia en su centro argumental

Juan Orellana
Fotograma de Bebes

Bebés

Sorprendente documental de Thomas Balmés, a partir de una idea original de Alain Chabat, sobre cuatro recién nacidos en los cuatro puntos cardinales del planeta. La película sigue a estos cuatro niños durante su primer año de la vida, desde el momento del parto hasta que echan a andar. Ponijao es de Namibia, de la tribu de los Himba, y es el décimo de sus hermanos; Mari vive en Tokio, hija única de unos modistos; Bayarjargal vive en la estepa de Mongolia, tienes dos hermanos y es hija de pastores nómadas; y Hattie es de San Francisco (Estados Unidos), hija única de un matrimonio de alto nivel cultural.

La película compara las distintas fases de desarrollo y socialización de cada niño, sus entornos y relaciones familiares, sus juegos y frustraciones, sus peleas y travesuras, sus gateos y perrerías, sus contactos con animales, sus comidas y aprendizajes… Del mismo modo que constatamos lo universal de lo humano, apreciamos las diferencias educativas, que son abismales. Curiosamente, es la familia occidental la que sale peor parada desde esa perspectiva: mucha sofisticación y artificio y poca relación inmediata con la realidad. Por el contrario, los niños que viven en el campo, Ponijao y Bayarjargal, no tienen unos padres obsesionados por modernas pedagogías, y es el propio entorno natural el que ejerce un gran poder educativo. Los vemos más hábiles, espabilados y más capaces de un pensamiento lógico. La niña de Tokio, rodeada de juegos, llega a experimentar frustración y hastío ante tantos reclamos y juguetes. Sin embargo, en las familias rurales, se echa de menos mucho la figura paterna, siempre lejos de casa, buscando los recursos naturales.

Bebés es muda, no hay voz en off, sólo niños ante la cámara. La fotografía es extraordinaria, y nos lleva a pensar en infinitas horas de rodaje para conseguir un ramillete de momentos absolutamente antológicos. Al margen de reflexiones sociológicas, el film es fresco, divertido, estimulante, y supone un hermoso canto a la vida.

El vuelo del tren

La segunda propuesta, mucho más dramática, trata de Aran, una niña de unos siete años, hija de Blanca, una madre soltera que trabaja como cámara en un estudio de televisión. Esta película de Paco Torres examina el sufrimiento y la soledad de esa madre, agotada, desquiciada y que lucha hasta el final. Y nos muestra en paralelo el sufrimiento de los sin techo, de los indigentes que tratan de vivir con dignidad su condición de mendigos. Dos mundos de sufrimiento que convergen en el ámbito de la solidaridad, del acompañamiento y de la mutua ternura.

La cinta, protagonizada por una excelente Patricia García Méndez, tiene un tratamiento que cabalga entre el hiperrealismo que rodea a Blanca, y el realismo mágico y poético que envuelve a los mendigos, una combinación que resulta muy arriesgada. En el film no hay discursos ni moralejas, ni se propone un final cerrado o redondo; más bien, se trata, al estilo de Una pena observada, de C.S. Lewis, de describir y exaltar la capacidad de sacrificio y dolor de una madre, y la necesidad de la solidaridad social. La falta de sentido del sufrimiento que se percibe en el film deja un cierto poso desesperado que, aunque no afecta a la autenticidad del mismo, sí que lo deshumaniza un poco, ya que deja a los personajes abandonados en su drama.

La marca del ángel

La tercera película es del director francés Safy Nebbou. A través de un duelo interpretativo entre Catherine Frot y Sandrine Bonnaire, Nebbou se inspira en unos hechos reales para contarnos hasta dónde puede llegar el instinto maternal. Elsa es una mujer que está traumatizada por un divorcio que hunde sus raíces en un misterioso suceso del pasado. Un día conoce a la hermana de un amigo de su hijo Thomas, una niña de siete años llamada Lola. Ese fortuito encuentro desencadenará una tormenta psicológica y emocional fuera de control.

La película tiene el tono de un thriller psicológico que combina el estilo francés con el suspense de Alfred Hitchcock, pero de lo que habla en realidad es de un drama humano sobre los vínculos materno-filiales y sobre las consecuencias de la mentira. Nebbou rueda con pulcritud, con un tempo muy intimista, y completamente apoyado en las actrices. Los personajes de los maridos, aunque claramente secundarios, transmiten una solidez que se echa de menos en los films contemporáneos.

Al interés tanto formal como argumental del film, que observa con microscopio la experiencia de la maternidad herida, se le pueden poner dos peros: el tratamiento de la maternidad como un instinto casi animal que raya en lo irracional, y un final demasiado abierto que desaprovecha la ocasión de una hermosa reflexión sobre la naturaleza de los vínculos de pertenencia. A pesar de todo, es una muy estimable película.