Cualquier tiempo pasado

Isidro Catela

«Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia/ entre sostener una mano/ y encadenar un alma […] Pero desgraciadamente, solo con el tiempo», escribía Borges. Por eso los vaivenes que en el tiempo son posibles no son solo privilegio de borges o manriques, le pertenecen también a los poetas audiovisuales. En este 2015 que se nos escapa, los hermanos Olivares nos han regalado tiempo, un lujo. En realidad, nos han entregado un Ministerio al completo, que ya forma parte de la historia de nuestra televisión contemporánea, con lo arriesgado que resulta hacer historia del presente.

El Ministerio del Tiempo es una de esas ideas que prenden con la fuerza de la ciencia y de la ficción, de las utopías y de las distopías; una institución gubernamental secreta que depende del Gobierno de España. Los personajes van y vienen, coquetean con el tiempo y sus anacronismos, pero atraviesan puertas no para cambiar la historia a su antojo, sino para tratar de conseguir que nadie la cambie a gusto y gana. No es poca cosa tal y como y están los tiempos.

Los guionistas son hijos de su tiempo frágil y en ocasiones se les va la mano, innecesariamente, hacia la ideología de género o se toman alguna licencia histórica a favor del estereotipo más políticamente correcto, pero, en conjunto, es una gozada ver cómo pueden convivir los versos de Lope y las canciones de Rosendo, tener como empleado que pinta retratos de los sospechosos al mismísimo Velázquez, o andar con los amos y su Lazarillo en la Salamanca del siglo XVI. Todo cosido con la paciencia y la precisión de un orfebre para que la joya deslumbre y dé la hora que toca, poniendo en valor lo que hemos sido y lo que hoy somos.

Cayetana Guillén Cuervo, Nacho Fresneda, Aura Garrido y Rodolfo Sancho encabezan un reparto estelar, que promete agrandarse porque ya está casi a punto la segunda temporada. Vendrá el Quijote, en la piel de Pere Ponce, y habrá que incorporarlo al Ministerio, que, al paso que vamos, lo mismo cualquier día deja de ser secreto, pasa de la ficción a la realidad y hay que reservarle una cartera en el Consejo de los viernes.

Isidro Catela