«Cualquier cosa menos cura»… y se acaba de ordenar

Daniel Robledo es uno de los cuatro nuevos sacerdotes de la diócesis de Cádiz. Médico de profesión, «era relativamente feliz y lo pasaba bien, pero no tenía esa plenitud de darme por entero al Señor»

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Foto: Alejandro Moreno

Daniel Robledo está dando estos días sus primeros pasos de cura. El lunes llegó a su nueva parroquia, se puso a confesar, presidió la Misa… «Son días de muchas sensaciones, todo es nuevo, pero me sostengo con el sagrario y la Palabra», afirma. Se ordenó el 19 de septiembre a los 51 años de edad, pero su llamada viene de lejos, desde su primera infancia.

«La mía ha sido una llamada sin respuesta que tengo desde que tengo uso de razón», reconoce. Esta vocación tuvo un momento especial cuando tenía 14 años: «Yo iba a un colegio religioso. Un día fuimos a confesarnos y a mí me tocó con un sacerdote que tenía un aspecto muy serio y fama de ogro; fui allí con cierto pudor y hasta con miedo, pero la bondad que experimenté en ese momento por su parte estaba por encima de lo humano. Salí completamente lleno de la misericordia que salió del corazón de aquel sacerdote».

En esa ocasión, Daniel sintió «algo especial», y sabía que «Dios me estaba llamando de alguna manera pero yo estaba diciendo no. Yo quería mi carrera, trabajar y formar una familia. Cualquier cosa menos cura».

«La bondad que experimenté en aquella confesión estaba por encima de lo humano. Salí completamente lleno de la misericordia que salió del corazón de aquel sacerdote»

El ahora sacerdote acabó la carrera de Medicina y los últimos años los pasó trabajando en la UVI móvil, donde vio de cerca la lucha entre la vida y la muerte: «Me di cuenta de lo efímero de todo a lo que nos atamos aquí. Casas, coches… eso al final no es nada». También pasó por varios malos tragos: «Explicar a alguien que un familiar suyo se ha muerto es muy duro. He visto personas que se han roto, y otras que han dado un testimonio de fe tremendo. En lo personal, el hecho de no poder seguir atendiéndoles a mí me dejaba como a medias. Dios me pedía más».

Los años iban transcurriendo y Daniel tenía perspectivas de casarse y le iba bien en lo laboral. También tenía un compromiso como supernumerario del Opus Dei: «el apostolado me producía una satisfacción tremenda; he visto gente que después de muchos años volvía a confesarse y a la Misa, han sido regalos de Dios». En general, «era relativamente feliz y lo pasaba bien, pero no tenía esa plenitud de darme por entero al Señor».

Una buena dirección espiritual, respetuosa con su proceso vocacional, terminó de animarle para buscar lo que su corazón deseaba desde niño, en un itinerario que culminó el pasado 19 de septiembre con su ordenación sacerdotal a cargo del obispo de Cádiz, monseñor Rafael Zornoza, junto a otros dos compañeros: Richard Charles Martínez y Rafael Galván. Un cuarto diácono de la diócesis, Guillermo Ibarra, del Seminario Misionero Redemptoris Mater, se ordenó el sábado pasado.

Por eso hoy, a quien pudiera tener dudas acerca de la llamada del Señor, Daniel recomienda «que no haga lo que yo hice durante tantos años, que no sea cobarde y que lo hable con alguna persona que le ayude a discernir. Le diría que busque la dirección espiritual de alguien que no fuerce las cosas, porque he visto vocaciones que se han perdido por un mal consejo. Esto no se hace por renuncia, se hace por amor, y sabiendo que el Señor al final hace lo que quiere, porque detrás siempre está Él».