Costaleros en casa

Ante la expansión del coronavirus, hermandades y cofradías han anunciado estos días la cancelación de sus actos de Cuaresma y de sus salidas procesionales de Semana Santa. Era algo para lo que ya se estaban preparando

Begoña Aragoneses
Costaleros de la Hermandad de los Gitanos de Madrid, antes de la procesión. Foto: San Bernardo

«Este año viene así. Sed damas de mantilla en casa. Nazarenos en casa. Costaleros en casa… Todos hermanos». Este es el mensaje de WhatsApp que recibieron los hermanos de los Estudiantes de Madrid cuando se supo que definitivamente no saldrían a procesionar el Domingo de Ramos. Y como ella, todas las hermandades de España que, ante la gravedad de la propagación del coronavirus, y después de que la Conferencia Episcopal Española recomendara que se suspendieran, fueron anunciando la cancelación de sus estaciones de penitencia.

Era algo que esperaban. Ya a lo largo de la semana pasada se habían ido suspendiendo no solo los ensayos de los costaleros, sino también los besamanos y besapiés de imágenes, los conciertos de marchas procesionales, los vía crucis, los pregones, el reparto de papeletas de sitio y la entrega de túnicas… Se fueron cayendo de la agenda todos los actos propios de la Cuaresma, que son muchos para las hermandades.

«Llevamos mucho peor estar preparados para nuestra estación de penitencia y que de repente llueva y no podamos salir, que esto, aunque es evidente que será una Semana Santa vivida de otra manera», comenta Miguel Ángel Izquierdo, vicehermano de la Archicofradía de Jesús de Medinaceli de Madrid, que sabe muy bien lo que es el sacrificio después de haber visto cómo se trastocaba el acto del besapiés del primer viernes de marzo.

La Hermandad de los Estudiantes saca en procesión a María Santísima Inmaculada. Foto: B. Aragoneses

Esta aceptación dentro del disgusto es unánime en todas las hermandades. José Antonio Cabrero, hermano mayor de la Macarena de Sevilla, quien antes de que se suspendiese su salida en la Madrugá explicaba que vivía esta situación con «tranquila preocupación y serena inquietud», añade, una vez confirmada la cancelación, que «la pena no es más grande que la responsabilidad». Cabrero recuerda que «las imágenes están en las basílicas todo el año» para poder ir a rezar, y además se pueden seguir los actos en streaming desde su canal de YouTube. «Que altera un poco, pues sí. Pero hay que aceptarlo. El que obedece no se equivoca».

«Días para zurcir los rotos del alma»

Las nuevas tecnologías ya están siendo grandes aliadas estos días. Las hermandades animan a seguir los cultos a través de ellas porque, como detallan a sus hermanos, la Semana Santa no se suspende. La Cofradía de la Oración del Huerto de Valladolid asegura en un comunicado que, «aunque sea recluidos en nuestros hogares, podemos celebrar la Semana Santa de igual manera. Solo depende de nosotros. Hoy en día es más fácil que nunca a través de las redes sociales». También refuerzan una de sus grandes y quizás más desconocidas labores: la caridad. Es el caso de la Agrupación de Cofradías de Málaga, que ha ofrecido espacios físicos y voluntarios «para el reparto de alimentos, medicinas u otros artículos de primera necesidad».

La oración es el pilar en el que se sostendrán los cofrades estos días. «Os reclamo –pide Julio Cabrera, hermano mayor de los Gitanos de Madrid– que a diario tengáis un momento de oración para nuestros hermanos enfermos y sus familias, así como para el personal sanitario que los atiende». Fernando Chicharro, capataz del paso del Gran Poder de Madrid, explica: «Ofrecemos al Señor esto, de lo que tantas ganas teníamos, por los fallecidos. Es una penitencia nueva».

Procesión de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, en la tarde del Jueves Santo. Foto: Isabel Permuy

Desde la Hermandad de los Estudiantes de Madrid, su hermano mayor, Juan Venegas, asegura que «esto va a venir muy bien porque la gente está necesitada de parar, de mirarse para adentro y hablar mucho más con Dios. Estos días van a ser muy buenos para coser, zurcir y recoser los rotos del alma». También para hacer más familia, «rezando el rosario a diario juntos» y, por supuesto, aprovechando los ratos de ocio: «¡Yo les digo a mis hijos que les va a acabar gustando el parchís!».

«Esta es una oportunidad única y maravillosa de vivir una Cuaresma como seguramente no vayamos a volver a vivir en la vida –incide Venegas–, y una Semana Santa con un sentido mucho más trascendente. Si el Señor ha considerado que este año no se sale, pues no se sale. Y la estación de penitencia la puedes vivir con túnica en la calle, dentro de la iglesia haciendo un vía crucis porque está lloviendo o, bien en este caso, porque no hay más remedio, cada uno en su casa, con su familia, rezando y ofreciendo». «De esto vamos a sacar mucho bien», concluye.