Cornelius Sim: «El encuentro hace que la gente pregunte por Jesús» - Alfa y Omega

Cornelius Sim: «El encuentro hace que la gente pregunte por Jesús»

ENTREVISTA / En la rica monarquía absoluta de Brunéi, donde el islam es religión oficial, «se nos pide contribuir sin llamar la atención», explica su vicario apostólico. Por la pandemia, no estará en el consistorio que lo hará cardenal

María Martínez López
El neocardenal Sim saluda al Papa en 2018. Espera celebrar su nombramiento en enero, cuando pueda visitarle el nuncio en Malasia. Foto: CNS

Sus abuelos fueron los primeros católicos de su aldea. ¿Cómo recibieron la fe?
En el siglo XVI, algunos franciscanos visitaron esta zona, pero durante un tiempo breve. Luego no vino nadie más hasta el siglo XIX, cuando un sacerdote del PIME, comenzó una misión aquí. Solo estuvo tres o cuatro años, antes de que lo destinaran a Hong Kong. Y no volvió a pasar nada hasta finales de los años 1920. Por aquel entonces había comenzado la búsqueda de petróleo y gas, y los misioneros pensaron que era una buena opción instalarse aquí, porque quien viniera necesitaría escuelas, y las escuelas son un buen medio de evangelización. Y eso fue lo que ocurrió con mis abuelos: unos sacerdotes de la Sociedad Misionera de San José (Mill Hill) se instalaron en Sabah, que hoy es parte de Malasia, y venían aquí a evangelizar. Mis abuelos enviaron a sus hijos a la escuela que abrieron, y fueron los primeros en bautizarse.

Al crearle cardenal, el Papa le pide que le ayude en el gobierno de la Iglesia universal. ¿Qué puede aportar desde Brunei, un país donde la Iglesia es tan pequeña?
Muchos elementos del Evangelio son así. El rey David, pequeño de siete hermanos, ni siquiera estaba en la lista para ser elegido rey. La Virgen era de Nazaret, una aldea pequeña de la que luego dijo Natanael que no podía salir nada bueno. A veces existe un prejuicio contra los pequeños, pero también ellos tienen algo que decir. En nuestro caso, el haber aprendido a ser y vivir como una minoría en un país musulmán y adaptarnos a nuestro entorno. Muchas veces se nos pide permanecer en silencio, ser invisibles, contribuyendo a la sociedad sin llamar mucho la atención. Creo que donde la Iglesia es grande y tiende a operar a gran escala, eso puede intimidar a la gente. La forma de actuar de Jesús es de persona a persona, siendo pequeño con los pequeños.

¿Y cómo ve desde este lugar pequeño y lejano la Iglesia universal?
Hoy día con la globalización y las redes sociales todo está a disposición de la gente. Y aquí a los católicos, y también a los no católicos, les llega una imagen no muy agradable, que no muestra el rostro de Jesús. Siempre digo que parecemos tribus que siempre tienen problemas unas con otras. Obviamente, siempre que hay más de dos personas hay “política”, pero no como se refleja en los medios: conservadores y liberales, izquierda y derecha… Leer esas cosas en esta parte del mundo es perturbador porque el resto de la población puede recibir una idea errónea de lo que es el catolicismo. No es el Evangelio. Si yo no fuera católico y viera las noticias…

De forma extraordinaria, será creado cardenal en su propio país. ¿Qué significará esto para sus fieles?
El delegado apostólico para Brunei (no es nuncio porque no hay relaciones diplomáticas con la Santa Sede) es el nuncio en Malasia. Lo nombraron hace poco y no vendrá hasta enero. Imagino que cuando pueda vendrá y le pediré tener algún tipo de celebración, porque creo que es bueno que la gente lo vea. A Roma solo habría podido ir con un sacerdote. Ser cardenal es una sorpresa. Pero para gente como yo es prudente aceptar porque es una especie de reconocimiento a la gente. Espero que signifique que la Iglesia aquí tiene cualidades que el Santo Padre considera buenas, que los católicos están viviendo su fe bien. No sé si me enviarán un libro de instrucciones, y espero que no me den mucho trabajo… ya lo tengo aquí. Y estoy seguro de que no me llevarán a Roma.

Primer sacerdote, obispo y cardenal bruneano 

Ingeniero en un país productor de petróleo, Sim (1951) tenía un futuro prometedor. La muerte de su padre le hizo volver a la fe. Estudió Teología en la Universidad de Steubenville y, al regresar, un misionero le invitó a ser sacerdote. En el país solo hay otros tres.

Creo que tampoco le gustaría.
Para dos o tres días está bien [bromea].

En el vicariato hay solo tres sacerdotes, más usted. ¿Cómo se organizan?
En la capital estamos yo y uno de ellos. Los otros dos están en otras dos ciudades. Pero nos reunimos con frecuencia y una vez al mes pasamos la noche juntos en una de las parroquias para compartir nuestras alegrías, penas y preocupaciones, y para apoyarnos. Estamos muy unidos, no hay problemas de comunicación y eso me alegra. Los conozco a todos antes de que fueran sacerdotes, estuve implicado en su formación. Somos como una familia.

¿Cuáles son los principales retos a los que se enfrentan?
Muchos de nuestros fieles viene a Misa regularmente y mantienen la fe que aprendieron en el colegio en sus países. Es más difícil trabajar con los jóvenes, porque en Asia los estudios son la principal prioridad y los padres no están muy dispuestos a dejar que se impliquen en actividades. Además, la influencia de los medios es fuerte y se distraen con facilidad. Es mi principal preocupación.

Casi el 90 % de los católicos son inmigrantes, principalmente filipinos. ¿Cómo es su realidad, y cómo puede ayudarles la Iglesia desde su perfil bajo?
No tienen los mejores trabajos, no pueden tener los domingos libres y a veces solo descansan un día al mes. Vienen a la iglesia porque les es familiar, aquí encuentran un hogar y tratamos de que se integren. Pero ayudarles es un desafío. Tienen problemas económicos, o crisis y emergencias, y desde sus embajadas no les apoyan mucho. El principal apoyo que les prestamos es espiritual. Por ejemplo, formentamos que tengan grupos en sus idiomas. Luego la Legión de María y la Sociedad de San Vicente de Paúl les ayudan con comida o si tienen alguna emergencia. Si alguien muere y quieren enviar el cadáver a su país, hacemos lo que podemos para ayudarles.

¿Y la dimensión pública de la fe?
Sobre todo la hacemos por medio de nuestros colegios, donde el 70 % de los alumnos no son católicos. Tenemos tres grandes, unos 3.000 alumnos en total. Y están bien considerados por la disciplina y los resultados académicos, los alumnos se sienten orgullosos de haber estudiado aquí.

¿Cómo se comparte la fe en un centro en el que no se puede enseñar Religión?
Una escuela católica tiene que tener su ethos integrado en todo lo que hace: los procedimientos, la administración, la labor de los profesores… Nos aseguramos de que los estudiantes se porten bien, no toleramos ningún tipo de abusos. Y compartimos el Evangelio asegurándonos de tratar a todos los niños igual, y de que si tienen alguna discapacidad se vea también su valor y se aborde de forma adecuada, o dando ayuda económica a los que no pueden pagar la matrícula.

¿Hacen algo para aliviar el exceso de exigencia académica de las familias?
Es importante tener un programa equilibrado, aunque siempre con un ojo puesto en los padres. Ofrecemos muchas actividades extraescolares de tipo cultural, intentando ofrecer también oportunidades a las embajadas. Así también se fomenta la integración entre los estudiantes, a los que animamos a comprender los orígenes del otro, a no tenerle miedo y a aprender de él. Y cuando es la fiesta de algún grupo étnico o religioso, hacemos festivales.

Brunéi
Tamaño:

5.765 km2 (similar a Alicante) en la isla de Bormeo

Población:

464.000 habitantes

Una de las prioridades para el Papa es el diálogo interreligioso. ¿Cómo se vive en Brunei?
De forma oficial, desde 2004 el Gobierno promueve que se formen delegaciones con miembros de distintas religiones para participar en un diálogo más formal fuera del país. Hemos participado en 13 o 14. Así visité Madrid hace unos años. Tenemos sobre todo el diálogo de la vida. Allá donde estés, se produce un intercambio de ideas y un esfuerzo de entender al otro. Además, cuando hay algún tipo de festival como el año nuevo chino o el final del Ramadán esos grupos abren sus casas y sus centros para celebrarlo, como días de puertas abiertas.

¿La Iglesia no?
No lo he intentado. Se podría hacer de forma privada, pero no como Iglesia.

¿Cómo combinan la exigencia de la misión como parte esencial de la vida de la Iglesia con limitaciones como la prohibición de todo proselitismo o actividad pública?
La conversión es algo espiritual, que ocurre en el interior de la gente y se puede promover de distintas formas. En mi experiencia, un enfoque más intelectual funciona con poca gente. Aquí la mayoría de la gente aborda la vida de forma más experiencial, más pegada a la tierra, y aprecian más cómo vives y cómo tratas a los demás. Es el encuentro personal lo que hace que la gente empiece a preguntar cosas sobre Jesús. La mayor parte de nuestro trabajo es a este nivel.

Es decir, no pueden proponerlo, pero pueden responder a las preguntas que les hacen.
No en todas las áreas. En la interacción con los musulmanes tenemos que tener mucho cuidado porque está prohibida su conversión. Lo evitamos, porque creemos que lo mejor es mantenerse dentro del sistema. También pienso que deberían primero mirar si su propia religión no les ofrece lo que están buscando, como les decimos nosotros a los católicos que se hacen pentecostales. Aún así tenemos ámbitos amplios para trabajar. Uno muy importante es el de los católicos que se han alejado. Cuando se cierra una puerta, se abre una ventana. Quizá no parezca lo mejor o se vea como contrario al principio de la evangelización, pero creo que es lo prudente y lo apropiado en estas circunstancias.

Sim durante la celebración del Año Nuevo Chino 2020 en la parroquia de Bandar Seri Begawan. Foto: Vicariato apostólico de Brune

Cuando en 2014 el Gobierno implantó la sharia, la Iglesia no lo vio como una amenaza. ¿Se aplica de forma distinta a otros lugares?
Hay dos sistemas legales: uno inspirado en el derecho anglosajón, y la sharia, con sus propios tribunales, que se aplica principalmente a los musulmanes, aunque en casos como el adulterio puede afectar a un no musulmán. Además, está lo escrito y luego cómo se aplica. En su día hubo preocupación por las duras penas contra las personas LGTB, pero se han ido clarificando después de la introducción de la ley. Desde hace casi 70 años hay una moratoria de la pena de muerte, y el rey ha dejado muy claro que continuará.

Por otro lado, aquí hemos vivido con eso desde antes de que ocurriera. Musulmanes y no musulmanes convivimos en paz, hemos aprendido unos de otros lo que hay que hacer y lo que no. Cuando se codifica puede parecer intimidatorio, pero los que vivimos en esta realidad hemos seguido como siempre.

Otra polémica similar fue cuando en esa misma época se prohibió la Navidad.
La prensa internacional lo enfocó de forma muy negativa. Aquí el 25 de diciembre es festivo. Ese día las iglesias se llenan, y también en el Simbang Gábi [tradición filipina de celebrar la Misa al amanecer en la novena antes de Navidad, N. d. R.]. Nunca hacemos nada fuera porque es lo mejor, como minoría tenemos suficiente con el espacio del que disponemos. En los colegios no hacemos nada porque ese mes hay vacaciones. Y en Nochebuena organizamos una gran fiesta, para unos 2.000 inmigrantes, con cantos, juegos y comida, y no hay quejas aunque sea ruidosa.

Con Francisco, el número de cardenales electores asiáticos ha pasado del 9 % al 13 % del colegio cardenalicio. También ha colocado a asiáticos como el cardenal Tagle en puestos importantes. Al mismo tiempo, la evangelización de este continente, tarea que san Juan Pablo II asignó al tercer milenio, no parece avanzar mucho. ¿Cómo es el rostro asiático de la Iglesia actual?
Quizá es una exageración, pero en la Federación de Conferencias Episcopales Asiáticas siempre decimos que Jesús nació en Asia. Así que es natural que se convierta en el nuevo foco de la Iglesia. Por la gran cantidad de gente que vive aquí, pero también por el desafío del encuentro con las grandes religiones, que a veces existen desde hace más que nosotros. Aprendemos a interactuar unos con otros, a apreciar lo mejor del otro y al mismo tiempo a mantener nuestra fe sin ceder. No es algo solo en blanco y negro. A veces la Teología occidental tiende a ser bastante rígida, no lidia bien con las zonas grises. Creo que por eso hay tantas guerras culturales. Hay personas que son felices cuando tienen las ideas muy claras, y lo aprecio. Pero al mismo tiempo hay que lidiar con otras realidades.

Un área donde la evangelización puede avanzar mucho es entre los tribales, que viven muy pegados a la naturaleza. Pero más allá de eso, en otros lugares donde somos minoría frente a religiones mayoritarias como el budismo, el hinduísmo o el islam tenemos que saber adaptarnos. Y estamos más acostumbrados que los occidentales. Para nosotros no es importante ganar rápidamente un debate, sino el proceso de escucha, de adaptación. Creo que es algo que Asia puede enseñar.