CONVIVIUM. Un clero plural y diverso que busca la comunión - Alfa y Omega

CONVIVIUM. Un clero plural y diverso que busca la comunión

Concluyen las preasambleas que han reunido en el Seminario Conciliar a los sacerdotes de la diócesis por franjas de edad de ordenación para abordar los temas que se llevarán a la asamblea presbiteral de los días 9 y 10 de febrero

Begoña Aragoneses
Un momento de la preasamblea del lunes pasado con el cardenal Cobo (segundo).
Un momento de la preasamblea del lunes pasado con el cardenal Cobo (segundo). Foto: Archimadrid / Javier Ramírez.

Hay músculo sacerdotal en la diócesis. Lo decía Juan Carlos Merino, el vicario del Clero, en la primera de las preasambleas que se han celebrado en el Seminario Conciliar de Madrid en el camino hacia CONVIVIUM. Cada lunes y cada miércoles, desde hace tres semanas, ha acogido a cientos de sacerdotes de la diócesis.

Los hay de todo tipo. De los que salen mucho en la tele o en redes, y de los que hacen música. Los hay de parroquias con muchas Misas al día y de otras con solo una. De dentro de la M-30, de fuera y de más allá de la M-50. Están participando el más joven, Ignacio Ozores Puig (nacido en 1999), y el más mayor, Daniel Sánchez Merino (1930). Unos se ordenaban cuando a otros aún les quedaban años para nacer. Caminan ágiles o con bastón. Hay vicarios y delegados episcopales, profesores de San Dámaso, formadores del seminario… El propio cardenal José Cobo, arzobispo, que no deja de ser sacerdote diocesano de Madrid. Y curas que parecerían los últimos, pero todos en uno por el mismo ministerio ordenado. También estudiantes recién llegados a la diócesis y clero religioso: franciscanos, agustinos, salesianos, sacramentinos, jesuitas… Los hay con «tirilla» (los más) y sin.

Pero todo esto es casi anécdota cuando uno palpa su ser: testigos vivos de Jesucristo, hombres que le han entregado sus manos, sus pies, su voz, para hacerle presente en los sacramentos, para ir allá donde el Espíritu los lleve (y el obispo les invite a ir), para tener palabras que anuncien la Palabra. Para consolar. Cada uno con su carisma, con su acento personal, con su forma de ser. El mismo ministerio, diferentes formas de vivirlo. Quieren unidad, que no uniformidad. Eso es CONVIVIUM: saber qué sacerdotes son y qué sacerdotes necesita Madrid, diferentes, pero unidos y juntos.

Alegra que se alegren cuando se encuentran y reencuentran. Cuanto más mayores, más tiempo ha pasado de la última vez. «Aquí vemos a gente que no veíamos hace mil años». Son los pastores de Madrid. Están cansados, aunque alivia descubrir que no es existencial, sino ocupacional. Piden misión compartida con los laicos, pero que estos estén bien formados. Valoran, y mucho, la fraternidad sacerdotal. Son muy conscientes de que solos no pueden. Y viven su ministerio desde la intimidad con Jesucristo. Agarrados a la vid, porque saben que «el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante». Con la edad se han ido asentando. Ya han pasado baches, crisis, experiencias que los han purificado, cambios de parroquia, encargos pastorales. De jóvenes, tienen la ilusión y el ardor apostólico que los mayores quieren reavivar, aunque también la autoexigencia de ser el «cura guay». Con la edad adquieren madurez, mesura, serenidad. Los fracasos son oportunidades para continuar.

Y siguen con ganas de seguir. No se cansan de cansarse por el pueblo que Dios les confió en su ordenación. «Si creéis que ya lo habéis aprendido todo, os convertiréis en funcionarios», les advirtió el cardenal Cobo a los jóvenes. Esto lo tienen muy integrado los ya muy mayores, los de 50 años o más ordenados. Han perseverado en fidelidad al Dios que es fiel. Porque «solo Dios basta», como cantaban cada mañana en el rezo de la hora intermedia, antes de comenzar la preasamblea. Se han preparado interiormente para CONVIVIUM. Han aprovechado ejercicios espirituales para rezar las preguntas y se han dejado «criticar» por su consejo pastoral. «Todo es para el bien de los que aman a Dios». Y escuchan estos días a su arzobispo repetirles una y otra vez que animen a sus compañeros sacerdotes desanimados, que no los dejen solos. Madrid los necesita. A cada uno de ellos. A todos.

Los del cielo

También están en CONVIVIUM, de otra forma, aquellos sacerdotes testigos del sacerdocio, esos curas ya fallecidos que fueron importantes para los de hoy y cuyas vidas se están acercando en unos vídeos en los que quienes los conocieron cuentan lo que supusieron para ellos. Mateo González Camarma, Eugenio Romero Pose, José Varas Arroyo, Pepe Reyero, Juan de Dios Martín Velasco, Julio Navarro y Deogracias de la Cruz son esos hombres que «no eran santones de la vida, eran de carne y hueso», pero «hombres de Dios que nos ayudaban a descubrir a Dios y a ser testigos de la Vida». 

Y como esta, se van sucediendo las vivencias de sacerdotes de la diócesis que los tuvieron como amigos, como maestros y como acompañantes espirituales: «Gran director de ejercicios»; «espiritualidad profunda, de vida de oración, de pobreza, de austeridad, de servicio»; «la fuerza le venía de las horas de sagrario»; «maestro de vida»; «ponía siempre a las personas por delante de las estructuras»; «se hacía uno con el otro y desde allí manifestaba la misericordia de Dios»; «era palabra de Dios, pero vivida, viva»; «un sacerdote enamorado de su ministerio, fiel a la Iglesia y entregado al Señor»; «nos concienciaba de la importancia de vivir la fraternidad sacerdotal»; «era un hombre que en la conversación siempre te abría horizontes».

Aunque las preasambleas sacerdotales, organizadas por franjas de ordenación, han concluido esta semana, el camino hacia CONVIVIUM continúa. Se abren ahora once días de preparación para la gran asamblea presbiteral del 9 y 10 de febrero. A ella se llevarán, después de haberlos votado, los principales temas de diálogo y reflexión que han ido saliendo en las preasambleas. Se trataba de una propuesta extraída de las conclusiones de los cerca de 300 grupos que antes de Navidad reflexionaron sobre el presbiterio de Madrid, entre consejos pastorales, realidades eclesiales, vida consagrada, arciprestazgos y aportaciones personales de sacerdotes. Estaba articulada en torno a cuatro grandes ejes: cansancio del sacerdote y soledad, sobrecarga administrativa, relación entre los sacerdotes y con el obispo y revisión de las estructuras que pueden ser un obstáculo para la evangelización.