Continuidad de los parques. Un parque ya no será lo mismo, será más - Alfa y Omega

Continuidad de los parques. Un parque ya no será lo mismo, será más

Párense un momento a soñar. Están en mitad de un parque sentados a solas en un viejo banco de madera, acompañados del canto de los pájaros y la brisa fresca que corre esa mañana. Ahora frótense…

Iria F. Silva

Párense un momento a soñar. Están en mitad de un parque sentados a solas en un viejo banco de madera, acompañados del canto de los pájaros y la brisa fresca que corre esa mañana. Ahora frótense los ojos y despierten. Continúan en ese banco con hojas de colores por el suelo y sostienen una sonrisa. Pues bien, perfectamente pueden estar en la Sala 2 de las Naves del Español del Matadero Madrid, en una butaca aprendiendo de la ternura de esos veinte personajes que interpretan cuatro actores en un universo de magia y buen gusto que desean que no termine nunca. Están disfrutando de una comedia, están disfrutando de una magnífica interpretación, están disfrutando irremediablemente de uno de los mejores directores de todos los tiempos y que viene pisando fuerte como es Peris-Mencheta. Hasta el 27 de abril en el Matadero Madrid. Crítica de Iria F. Silva en Hoyenlacity.com

Continuidad de los parques es un texto de Jaime Puyol que cayó en las manos del director hace unos años y que se guardaba en la manga. De esos textos que a uno le persiguen y se anclan de tal manera que al final acaban por salir hasta por los poros. Algo así debió pensar Peris-Mencheta, quien lo ha recuperado y adaptado para ofrecer al espectador una obra de casi dos horas donde la comunicación, esto de entrar en el otro, es el punto de partida. Porque se trata básicamente de eso. De los parques y todo lo que sucede dentro de ellos. Un encuentro fortuito o no que sirve de excusa para acercarse al otro, para participar con él en el juego de la vida y así transformar la nuestra.

No sé si lo habían pensado antes pero los parques, más concretamente los bancos, tienen algo de inquietante. Uno se sienta y desconoce qué juego habrá habitado antes esa pieza de madera. Tal vez una pareja que se dijo te quiero, un anciano y sus palomas, un hombre que miraba al infinito… Cualquiera de nosotros podríamos haber ocupado ese banco y nos podría haber cambiado la vida, si no lo ha hecho; y desde entonces abandonar ese parque con luz en los bolsillos. A lo mejor solos, maltrechos, felices o con una lágrima. El caso es que sentarte en la mitad del parque te hizo abrir la puerta a la esperanza y al otro, dejar que el mundo cambie y tú dentro de él para degustarlo.

Esto lo tienen claro los protagonistas de la comedia. Con el sello de la casa de lo que viene siendo la dramaturgia de Peris-Mencheta con mucho movimiento y un humor tierno, Fele Martínez, Gorka Otxoa, Roberto Álvarez y Luis Zahera protagonizan ocho piezas en las que uno no para de sonreír. Y digo bien, no van a dejar de sonreír con esos personajes y reirán también a carcajadas. Se regocijarán en un trabajo bien hecho, porque la verdad es que no sabría qué destacar de la interpretación impecable de los cuatro, se mire por donde se mire. Se nota que el amor por la obra bien hecha, la pasión por lo que hacen y la seriedad están en la base del genial resultado.

Porque claro, se trata de escenas ordinarias con un toque de locura y mucha pero que mucha ternura. No me atrevería a decir que cualquiera de estas historias (un hombre que se sienta en el banco pensando que es un taxi por Nueva York; otro acosado por seres de su imaginación; un vagabundo que cree escuchar a Dios…) nos pueden pasar a cualquiera de nosotros, pero sí que podemos ser nosotros los protagonistas de las historias. Ya me lo dirán ustedes cuando se acerquen al teatro y salgan de la obra con dolor de mandíbulas por la sonrisa perenne y las ganas de habitar un parque para que le asalten algunos de estos seres y les contagien. Yo al menos los estoy buscando.

Insisto, Peris-Mencheta es un director imprescindible en el panorama actual. Me atrevería a decir que todo lo que toca lo sobredimensiona y lo repliega. A mí me sucede que si su nombre está en el cartel, ya sé que es garantía de éxito. Y no me refiero al éxito de la obra en sí, les hablo de otro más verdadero; de la sensación de salir del teatro con la certeza de haber asistido a un hecho único y verdadero salido del trabajo, el amor y el respeto a una profesión tan bella como apasionante. Ahí queda eso.

Vayan a ver la obra. Vayan a vivir la obra. Vayan a pensar la obra. A dibujarla, recrearla, rememorarla.

Iria F. Silva @iriafsilva