Consejos de la Historia a Portugal para salir de la crisis. La esperanza de Fátima frente a la austeridad - Alfa y Omega

Consejos de la Historia a Portugal para salir de la crisis. La esperanza de Fátima frente a la austeridad

En 1984, Juan Pablo II consagró Rusia al Corazón Inmaculado de María, según el deseo de la Virgen en Fátima. Cinco años después, caía el muro de Berlín y el comunismo se deshacía. La capilla de las apariciones se configuró así como un destino universal de conversión. El presente y el pasado demuestran la fe de Portugal para un nuevo cambio

José Calderero de Aldecoa
Miles de fieles en la procesión de las velas, junto a la Virgen de Fátima.

Europa se encuentra sumida en una profunda crisis. Portugal es uno de los países peor parados, y ha visto cómo su economía ha tenido que ser rescatada, teniendo que acometer duros recortes en los presupuestos para que le fuera concedida la ayuda internacional necesaria para evitar la suspensión de pagos. Los portugueses claman contra la austeridade impuesta desde Europa, incluida la Iglesia católica: «No aprieten de más, déjennos respirar», pidió a la Troika, compuesta por representantes del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Central Europeo (BCE) y de la Comisión Europea (CE), el obispo de Oporto y Vicepresidente de la Conferencia Episcopal Portuguesa (CEP), monseñor Manuel Clemente, a mediados de noviembre en la rueda de prensa al concluir los trabajos de la Asamblea Plenaria de la CEP.

Esta presión sobre la población, a la que hace referencia el monseñor Clemente y que se ha dejado sentir en cada rincón, ha llevado a que algunos —cada vez más— no puedan pagar sus facturas, y es entonces cuando la Iglesia y la fe salen al rescate. Por ejemplo, en Fátima, situada a 127 km. de Lisboa, «este año, sobre todo en este tercer trimestre, se percibió una mayor demanda de ayuda a las familias de clase media». En estas circunstancias, «las personas e instituciones acuden al santuario teniendo la fe y esperanza de que, a través de Nuestra Señora, serán atendidas y ayudadas», revela Gina Vicente, asistente social del santuario de Fátima.

Pero, tal y como confirman las estadísticas, el lugar de Fátima más visitado no es la oficina de la asistente social, sino la Capelinha, recinto donde se encuentra situada la imagen de la Virgen de Fátima, y que en 1917 fue el escenario de la aparición de la Virgen María a los tres pastorcitos, Jacinta, Francisco y Lucía. Un siglo después, sigue atrayendo a miles de peregrinos, como destino de conversión. Las 673.895 personas que llegaron en 2011 al santuario reciben la invitación de la Virgen de oración y penitencia como un nuevo impulso para la conversión y reconducción del mundo.

En esta sociedad tan necesitada de una profunda conversión, que va mucho más allá de la economía, Fátima se presenta como destino fundamental desde el cual puede ser reconducido el destino de los hombres. Ya en 1984, tras la petición de la Virgen, Juan Pablo II consagró Rusia al Corazón Inmaculado de María. Cinco años después, la caída del muro de Berlín y del comunismo confirmaría a la pequeña Capelinha como lugar de peregrinación mundial, como lugar idóneo desde el que pedir por la conversión y la solución de los problemas globales.

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Rey, esposo y padre de 11 hijos

Portugal registra una de las peores tasas de fecundidad de todo el mundo, con 1,3 hijos por mujer. Este dato supone «una tragedia para Portugal», según monseñor Antonino Díaz, presidente de la Comisión episcopal para la Familia, del país luso. Con tan pocos nacimientos, el país va encaminado al envejecimiento y a que no se pueda sostener el sistema debido a la falta de población. Hubo en Portugal un rey artista. Así es cómo se conoció a Fernando II, rey consorte, marido de Doña María II, apodada la educadora. Parte de su obra se puede contemplar todavía hoy en el maravilloso Palacio de la Pena, expresión máxima del romanticismo del siglo XIX en Portugal. Pero su mayor logro no fue el arte. El matrimonio, feliz, católico y ejemplar, tuvo que compaginar su estatus real y su regencia del reinado, con su función de padres de once hijos, uno de los cuales, Pedro V –el esperanzado–, tras convertirse en rey, logró un período de estabilidad, en el que se respetaron todos los derechos individuales.

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Estricta observancia

El convento de Santa Cruz, de la sierra de Sintra, más conocido como el Convento dos Capuchos, fue habitado por los Alcantarinos, frailes menores de estricta observancia, de la familia franciscana. Los ocho monjes que lo habitaban eran notables por la simplicidad extrema de sus vidas como forma de plena entrega a la espiritualidad. Por ejemplo, para entrar en sus celdas, los frailes tenían que encorvarse, como signo de humildad, hasta casi caer de rodillas debido a la baja altura de los dinteles de las puertas. Era tal su austeridad, que el único lujo que se permitían era tener un ventanuco para conectar la cocina y el comedor, a través del cual pasar la comida evitando dar un rodeo. Sus vestigios se convierten hoy en una curiosa promoción turística. Hoy también, otros portugueses, están sometidos a la estricta observancia, pero no a la regla de san Francisco, sino a la de las reformas de austeridad acometidas en el país y dictadas por la Troika, compuesta por el FMI, el BCE y la CE, que están llevando a los portugueses a vivir obligadamente austeros.

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Un monasterio por ganar la Batalha

El 14 de agosto de 1385, el campo militar de San Jorge vivió uno de los episodios más gloriosos en la historia de Portugal. La batalla de Aljubarrota enfrentó a castellanos y portugueses, capitaneados por Don Juan I de Castilla y León y por João I, respectivamente. La elección del lugar donde se disputaría la batalla y la estrategia seguida por los portugueses, aconsejados y dirigidos por san Nuno Álvarez —general del ejército y, después, religioso carmelita, canonizado por Benedicto XVI en 2009—, llevaron al país luso a la victoria, tras la que comenzó la gloriosa etapa de los descubrimientos portugueses. Para agradecer el éxito de la contienda, João I mandó construir el monasterio de Santa María de la Victoria, dando cumplimiento al voto que efectuó a la Virgen. Tras 200 años de construcción, al término, fue habitado por la Orden dominicana desde 1388. Hoy representa uno de los atractivos turísticos principales de la localidad de Batalha, junto con el Centro de Interpretación de la Batalla de Aljubarrota, y escenifica el agradecimiento a Santa María ante la ayuda frente a los problemas.

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Fe e inversiones para superar las dificultades

El rector del santuario de Fátima aseguraba, en 2007, que la «escenificación de la Vida de Cristo expuesta en Fátima nació de una energía que está muy presente y que va mucho más allá —¡así lo creo!— de los intereses materiales que lo concretizaron». 210 figuras de cera, 33 escenas diferentes, 12 millones de euros invertidos, y todo para tener 35 minutos de encuentro con el Señor. El gran realismo del Museo de la Vida de Cristo convierte una simple visita en un Evangelio viviente, que la gente contempla en silencio, «algunos, meditando», afirma el director, don Carlos Reis. Un museo único en el mundo, por el que ya han pasado 700.000 personas y que se configura como una de las iniciativas más ambiciosas a nivel empresarial y espiritual de Fátima.

En el Museo de El Milagro de Fátima, se recoge la historia del pequeño pueblo portugués y todo lo que allí sucedió. A través de una ruta virtual, interactiva y con contenidos multimedia de última generación, el visitante podrá ver y sentir, de forma cercana, lo que vivieron Jacinta, Francisco y Lucía en presencia de Nuestra Señora, gracias a una perfecta imagen holográfica, que hace acto de presencia en la cuarta sala del museo, tras un estruendo de rayos y truenos. Nuevas tecnologías, historia y fe, una combinación realizada en el museo con maestría.