Con el lema: María alienta las vocaciones a la misión. «Muchas vocaciones se habrían perdido» - Alfa y Omega

Con el lema: María alienta las vocaciones a la misión. «Muchas vocaciones se habrían perdido»

La Jornada de Vocaciones Nativas, que también se celebra este año el domingo 29 de abril, tiene como objetivo que ninguna vocación en los territorios de misión se pierda por falta de recursos espirituales, personales y económicos. La obra pontificia de San Pedro Apóstol recauda fondos, desde 1922, para enviar a las Iglesias más necesitadas

Cristina Sánchez Aguilar
Sacerdotes nativos de Tanzania celebran la Eucaristía.

«Un día, a finales de 2006, iba a hacer una visita al Santísimo cuando me crucé con una mujer conocida que me preguntó: ¿Cuándo te vas a ir al seminario? Le dije que no tenía ninguna intención de hacerlo, y que yo simplemente me esforzaba en vivir como un buen cristiano», recuerda Desiré Kiswendsida, un joven seminarista de Kosoogé, en Burkina Faso. «Cuando llegué a la capilla, la pregunta de la mujer comenzó a obsesionarme. Durante dos semanas estuve confundido y angustiado, hasta que decidí hablar con un sacerdote. Con su ayuda comprendí que el sacerdocio era mi camino. Hoy, me siento feliz y pido constantemente a Dios la gracia de llegar a ser sacerdote según Su corazón», reconoce Desiré.

Gracias a la ayuda de la Obra de San Pedro Apóstol, que a través de Obras Misionales Pontificias recauda fondos para que puedan fructificar las vocaciones en territorios de misión, jóvenes como Desiré pueden ver cumplido su deseo de servir a Dios desde el ministerio sacerdotal. «En estos países, la respuesta es muy generosa en los jóvenes que, inicialmente, sienten la necesidad de entregarse», cuenta don Anastasio Gil, Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, en su Mensaje para este día.

Jóvenes también como Kimala Nanga, de Chad, una misionera comboniana que recibió ayuda económica durante su primer año de noviciado. La más pequeña de una familia de 6 hijos, tuvo una infancia normal para una niña de Chad, donde a las carencias educativas de un país pobre, se suma el hecho de que los profesores de las escuelas podían pasar hasta un año sin cobrar —con los efectos que esto tenía en el sistema educativo—.

Kimala vivía en una zona de mayoría musulmana, en la que no había sacerdote —sólo uno iba hasta su aldea en Pascua—, por lo que los católicos se reunían los domingos por la mañana para la celebración de la Palabra. Un día, cayó en sus manos el libro de Daniel Comboni África o muerte, y se dijo: «Si Daniel Comboni, que era europeo, entregó su vida por los africanos, ¿por qué no hacerlo yo?».

Hoy, tiene 31 años, y tras años de esfuerzo y estudio —tuvo que llenar las lagunas educativas que tenía—, da gracias por su vocación.

La colaboración es necesaria

Atender las necesidades de los seminarios y noviciados, encauzar los donativos y promover la cooperación de los fieles es una labor fundamental que la obra de San Pedro Apóstol realiza desde el año 1922, y sin la que «muchas vocaciones se habrían perdido», afirma don Anastasio. De hecho, «muchos de los obispos nativos que hoy hacen presente la apostolicidad de las diócesis en los territorios de misión han podido concluir su recorrido vocacional gracias a la colaboración de esta Obra Pontificia», sin hablar de los sacerdotes y religiosas, añade en el Mensaje don Anastasio.

Para ilustrar con datos concretos esta información, la obra pontificia de San Pedro Apóstol envió, durante 2011, más de 26 millones de euros a los cinco continentes, gracias a la generosidad de los fieles del mundo entero. Así, se ha podido ayudar a 78.716 seminarios, 5.221 novicias y 2.975 novicios.