Como un grano de mostaza

El Podéis ir en paz es un envío misionero; tenemos la misión de llevar la fe cristiana a los más cercanos, una fe que, en definitiva, se transmite por contagio, por la envidia de ver a un corazón enamorado…

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Peregrinos madrileños, durante la Audiencia con el Santo Padre, en la Plaza de San Pedro

El Podéis ir en paz es un envío misionero; tenemos la misión de llevar la fe cristiana a los más cercanos, una fe que, en definitiva, se transmite por contagio, por la envidia de ver a un corazón enamorado de Dios: así se resume el espíritu de Misión Madrid, que acaba de concluir con la peregrinación a Roma de medio millar de fieles madrileños.

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo, enviado especial a Roma

«Otros antes que nosotros han vivido la fe y luego nos la han transmitido: nuestros padres, abuelos, familiares, el párroco o un sacerdote, religiosos, catequistas, profesores… Ellos nos han enseñado las primeras oraciones, el Catecismo… De aquí nuestra gratitud a los que nos han transmitido la fe. Nadie se hace cristiano a sí mismo. El Señor ha confiado su mensaje de salvación a los hombres, ¡a todos nosotros! Somos una gran familia»: así decía el Papa en su catequesis sobre la Iglesia, la semana pasada, durante la Audiencia general del miércoles. Tenía delante a una gran familia de miles de personas que le escuchaban en la Plaza de San Pedro, incluidos el medio millar de peregrinos de Madrid que han acudido a Roma a dar gracias y a presentar al Santo Padre los frutos de la Misión Madrid, en una peregrinación organizada por la Delegación diocesana de Actos Públicos.

Durante dos años, Misión Madrid ha contado con eventos centrales como una peregrinación a Fátima, la celebración del sacramento de la Confirmación de más de mil jóvenes, el Vía Crucis 14 estaciones, 14 dolores, o la Misión en los colegios; pero ha habido, además, numerosas iniciativas que han llevado el sello Misión Madrid: peregrinaciones a la catedral de la Almudena, actividades en parroquias, hospitales e instituciones diocesanas, la inauguración del centro de Cáritas para familias JMJ 2011, el Icono peregrino de la Sagrada Familia, numerosas Vigilias de oración y de adoración al Santísimo, misiones marianas, conferencias, catequesis sobre el Credo, campañas de caridad, rastrillos solidarios, iniciativas culturales, educativas y universitarias, encuentros de formación, una escuela de evangelización, charlas-testimonio, misiones por las calles…

El día anterior al encuentro con el Santo Padre, el cardenal Rouco señalaba, durante la Eucaristía celebrada en la basílica de San Pedro, que, «en Madrid, hemos vivido décadas de mucha actividad misionera, intentando transmitir la fe a nuestros hermanos. La fe cristiana es una fe católica, orientada a que todos conozcan la verdad de Dios. No hay tiempo que perder. Hemos de creer de verdad nosotros, con una fe cada vez más fuerte, para ser testigos de esa fe entre nuestros hermanos».

Estamos para evangelizar

Uno de esos testigos de los que habló el arzobispo de Madrid es Inma, de la parroquia Santa Ana y Nuestra Señora de la Esperanza, en Moratalaz, que ha formado parte de la Mesa creada en su parroquia, siguiendo el Plan pastoral de la diócesis, «para dar a conocer la misión fundamental de todos los cristianos, que es evangelizar, acercarnos a aquellas personas que están a lo mejor un poco más alejadas de la vida de fe. Nos hemos querido acercar a nuestros vecinos, a aquellos que un día participaban de la vida de la Iglesia, pero hoy ya no lo hacen», afirma. Gracias a ello, «hemos tenido experiencia de algún acercamiento de personas alejadas, que han podido ir recuperando su vida de fe. Hemos querido darnos a conocer, decir qué es lo que estamos haciendo en la parroquia y qué les podemos ofrecer».

Don Ángel, su párroco, añade que «lo primero de todo ha sido mentalizarnos de que la Iglesia está para evangelizar, no está para construirnos a nosotros mismos. Ésta es la esencia de la Iglesia. El cardenal nos lo ha hecho ver diciendo que, antes se tocaban las campanas, y la gente venía a la parroquia; ahora, en cambio, la parroquia debe salir al barrio. Y el Papa Francisco nos está diciendo constantemente que tenemos que ser una Iglesia en salida».

Una de las iniciativas de evangelización que han llevado a cabo ha sido escribir una carta de presentación de la parroquia y buzonearla en todo el barrio. También han potenciado la pastoral de enfermos, de modo que algunos fieles les han ido acompañando en sus casas -«cuando uno lo pasa mal, la Iglesia debe estar presente», afirma don Ángel-; y han ampliado el horario del templo, porque «si queremos que nos abran las puertas, antes tenemos que abrir las nuestras», confirma el párroco, que concluye: «Todo esto ha supuesto un cambio de perspectiva, de tomar conciencia de que el Podéis ir en paz del final de cada Misa es un envío misionero».

Hay que salir

Peregrinos madrileños, durante la Audiencia con el Santo Padre, en la Plaza de San Pedro
Peregrinos madrileños, durante la Audiencia con el Santo Padre, en la Plaza de San Pedro

Uno de los actos centrales de Misión Madrid ha sido la Misión en los colegios, en la que ha participado activamente don Pablo Marina, párroco de la Natividad de Nuestra Señora, en Navacerrada, que colabora en la pastoral de los colegios Parque y Montesclaros, en la sierra madrileña. «Trimestralmente -explica-, hemos ido desarrollando el Youcat, explicando a los chicos los contenidos de la fe, cómo vivirla y cómo transmitirla a sus amigos; y hemos celebrado una Eucaristía semanal, bajo ese prisma de la nueva evangelización a la que nos invitan los Papas y nuestro cardenal. Al final, de lo que se trata es de vivir con mucha naturalidad nuestra fe».

Don Pablo hace balance de la Misión señalando que «los cristianos del siglo XXI nos hemos dado cuenta de que hay que salir, que hay que salir de las sacristías, que los párrocos debemos tener la iglesia abierta y hay que ayudar a la gente a encontrar al Señor. No podemos quedarnos esperando a que vengan, porque ya no vienen. Hay que salir, y la Misión Madrid ha dado oportunidad de darnos cuenta de esto», y refiere experiencias como Una luz en la noche, en la que un grupo de jóvenes reza y sale a la calle para hablar de Dios a otros jóvenes.

Hermandades y caridad, también

Este anuncio se ha abierto estos años también a las Hermandades y Cofradías de la diócesis. Don Gabriel, párroco de San Lucas Evangelista, en Villanueva del Pardillo, ha coordinado las acciones de su Vicaría en este ámbito. «Los pastores debemos cuidar de las Hermandades, y las Hermandades se tienen que abrir al cuidado de los pastores -reconoce-. Debemos recorrer este camino juntos, de modo que los que se sientan atraídos por esta manifestación religiosa de piedad popular, puedan fortalecer su fe, que no sea un mero procesionar una vez al año y ya está. Se trata de ofrecer una educación sólida de por qué soy creyente y en Quién creo». Así, evangelizar la religiosidad popular «supone recuperar lo que nos ha dicho el Papa Francisco en la Audiencia: soy de tal Hermandad, pero mi apellido es pertenecer a la Iglesia. La religiosidad popular es un campo en que se puede trabajar mucho y un filón para evangelizar», concluye.

Otro de los filones de cara a la misión es la propia actividad caritativa de la Iglesia. Como reconoce don Jesús, Vicario parroquial de Nuestra Señora de la Peña, en Vallecas, «durante Misión Madrid hemos centrado mucho nuestra actividad en la labor de Cáritas, tratando de aliviar tanta necesidad que hay en nuestro entorno; se trata de anunciar a muchos que quizá están apartados de la fe. La labor de Cáritas no es sólo acoger las necesidades que haya, sino también anunciar a Cristo, y aprovechar ese momento para evangelizar y fortalecer la fe de la gente». Junto a ello, en la parroquia han ido trabajando la formación en la fe, sobre todo con el Credo, y durante este año se han organizado encuentros con jóvenes y con adultos, retiros, peregrinaciones… «Para muchos vecinos, la parroquia ha pasado de ser un edificio más del barrio, a un núcleo vivo, y han visto que sus vecinos cristianos son personas normales, que se esfuerzan en el servicio y en la entrega por los demás», confirma don Jesús, que hace así balance del impulso misionero de Misión Madrid: «En su vida normal, la Iglesia ya es misionera, pero esta iniciativa nos ha hecho profundizar más en esta dimensión».

Familia evangelizada y evangelizadora

Si hay un ámbito que tenga un fuerte potencial de evangelización y anuncio, ése es la familia. El cardenal Rouco afirmó, en su homilía en la basílica de San Pedro, que «la familia y el matrimonio son la célula fundamental de la transmisión de la fe. Entre la fe que profesa la persona y la fe de la Iglesia, la misión pasa por la familia cristiana como un elemento esencial».

Varias familias de la parroquia de Santa Teresa, en Tres Cantos, acudieron a la peregrinación con sus hijos y le regalaron al Papa una pancarta en la que se podía leer: Apóstoles del siglo XXI. «Nosotros tratamos de transmitir la fe intentando vivir en el ejemplo en casa -cuentan los padres de estos niños-, introduciéndoles en la vida de la parroquia, yendo a Misa, incluyéndonos en algún grupo, como el de los pequeños adoradores, los Tarsicios, involucrándonos en todas las actividades de la parroquia, para que los niños lo vean como una parte normal de nuestra vida. Los niños van a Misa como si fuera una fiesta, que es lo que realmente es». Además, en casa, estas familias cuentan que «rezamos juntos por las noches, leemos el Evangelio en familia, pedimos por los que más lo necesiten, damos gracias por todo lo que tenemos…»

La fe se transmite por contagio

El Papa Francisco saluda a los peregrinos madrileños, al comienzo de la Audiencia
El Papa Francisco saluda a los peregrinos madrileños, al comienzo de la Audiencia

Don Alberto, Vicario de esta parroquia de Tres Cantos, confirma que, «en el fondo, siempre se ha evangelizado de tú a tú, formando a la gente y ayudándola a que tenga una experiencia de fe. Cuando se tiene esta experiencia, la transmites casi automáticamente. No es cuestión de estrategias o de montar grandes tinglados, sino de tener el corazón enamorado del Señor, y eso es lo que se contagia».

Eso mismo recordaba el Papa Francisco a los peregrinos de Misión Madrid: «Recuerden que, como cristianos, no podemos prescindir de los demás, de la Iglesia; no podemos salvarnos por nosotros solos. Ninguno juega por libre. Somos un pueblo que camina. Dios ha querido formar un pueblo que lleve su bendición a todos los pueblos de la tierra». Y este pueblo es la Iglesia, que crece así, en el tú a tú, como un grano de mostaza


De Misión Madrid, al próximo Sínodo:

Nueva primavera de la familia

El Instrumentum laboris sobre el Sínodo de la Familia, hecho público la semana pasada, reconoce que «la Iglesia se complace en constatar un ímpetu, sobre todo entre los jóvenes, que hace entrever una nueva primavera para la familia». Inma y Alfredo, responsables de la pastoral familiar en la Vicaría VIII, con cuatro hijos y nueve nietos, y 39 años de matrimonio, constatan que, «como nos ha dicho el Papa Francisco, no podemos vivir nuestra fe fuera de la Iglesia; y las familias tampoco. Es necesario que las familias no estén solas: que los párrocos se abran un poco a crear en sus parroquias una comunidad cristiana de familias, que se sientan acogidas, que se formen y vivan la alegría de vivir juntas la fe… El día a día y el estrés nos empujan a irnos separando poco a poco de nuestro cónyuge y de nuestra familia, por eso es necesario tener este refugio. Que los párrocos no tengan miedo, que formen grupos de matrimonios que den testimonio de la fe, que para eso nos ha puesto el Señor: para poder predicar el Evangelio».

En esta evangelización que han de llevar adelante las familias, «lo primero es el testimonio de vida: rezar juntos en el matrimonio, rezar con los hijos, en las comidas, cuando se sale de excursión o de viaje, un misterio del Rosario, cuando hay una necesidad, o un enfermo… Se trata de hacer de la oración en familia algo cotidiano, diario. Además, muchos niños no tienen la posibilidad de ir a un colegio religioso, pero ahí está la familia, que es la Iglesia doméstica, en la que los niños aprenden a rezar y ver la vida de otra manera, a perdonar…», afirman.

Un segundo paso es evangelizar a otras familias: «el párroco o el sacerdote no llega a tus vecinos, pero tú sí -afirman Alfredo e Inma-. Tú sí estás viviendo lo mismo que tus vecinos, y puedes ayudarlos contándoles cómo has superado tú tal o cuál problema, cómo hablas con tu marido o tu mujer… Lo importante es transmitir la alegría de ser creyente, de tener fe».