Cobo pide en la Misa Crismal «un corazón misericordioso con los hermanos y fiel al Padre»
Durante la Eucaristía, el arzobispo ha bendecido el óleo de los enfermos para que «sientan en el cuerpo y en el alma» la «divina protección» de Dios
La catedral de Santa María la Real de la Almudena ha acogido este Martes Santo, 31 de marzo, la Misa Crismal, una de las celebraciones más significativas del año. En ella, los presbíteros han renovado sus promesas sacerdotales, concelebrando junto a su obispo en una manifestación fuerte de comunión ministerial, de la unidad del presbiterio en torno al obispo y con todo el Pueblo de Dios.
«Es un acontecimiento único en que la Iglesia en Madrid», explicaba Manuel Ingelmo, el párroco de Santa Casilda. «Unida hace presente la unidad con el obispo, y es una ocasión única para ver este amor y esta misericordia, y recordar la misión a la que estamos llamados como cristianos».
Además, se han bendecido los óleos de los catecúmenos y de los enfermos y se ha consagrado el santo crisma. Contenidos en tres ánforas ante el altar, los sacerdotes se los llevan posteriormente a sus parroquias para usarlos a lo largo del año en los sacramentos del Bautismo, Confirmación y Unción de los enfermos.

Reunidos en el corazón de la diócesis
Así, la Iglesia que camina en Madrid se ha reunido en la catedral, en el corazón de la diócesis, en una celebración con mucha carga eclesiológica. Junto al cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, que ha presidido la Eucaristía, han estado presentes los obispos auxiliares Vicente Martín y Juan Antonio Martínez Camino, así como el cardenal Antonio María Rouco Varela, arzobispo emérito de Madrid.
Junto a ellos han concelebrado el nuncio apostólico en España, Piero Pioppo; el nuncio apostólico en Gran Bretaña, Miguel Maury; así como Adolfo González Montes, obispo emérito de Almería, y Luis Tineo, obispo emérito de Carora (Venezuela).
La Escolanía del Escorial, que ha acompañado musicalmente la celebración, entonaba, entre otros, el Kyrie de la Misa de Angelis, al que seguía el Gloria, rompiendo con la austeridad cuaresmal al ser esta una celebración de máxima solemnidad.

Bendición de los óleos
Durante la Eucaristía, el arzobispo ha bendecido el óleo de los enfermos, para que con este aceite «sientan en el cuerpo y en el alma» la «divina protección» de Dios y «experimenten alivio en sus enfermedades y dolores». También el óleo de los catecúmenos pidiendo para ellos, tal y como indica la liturgia, «aumentar la valentía en el combate de la fe» y vivir «más hondamente el Evangelio de Cristo».
Y ha consagrado el óleo para el santo crisma, con el que se ungen los nuevos bautizados y los confirmados son sellados, se ungen las manos de los presbíteros, la cabeza de los obispos y las iglesias y los altares en su dedicación. Es un aceite mezclado con perfume de nardo sobre el que el arzobispo de Madrid ha exhalado su aliento como signo de la presencia y acción del Espíritu Santo.

Así, el ungido con el santo crisma es signo del buen olor de Cristo y de la nueva vida en el Espíritu. Además, es constituido sacerdote, profeta y rey, consagrado a Dios.
Los presbíteros se han sumado al obispo en la consagración del santo crisma extendiendo una mano, manifestando la unidad en el mismo sacerdocio de Jesucristo.

Pueblo de Dios
«El pueblo de Dios nos abraza», decía el cardenal Cobo al comienzo de la celebración. Un pueblo de Dios que llenaba la catedral de la Almudena, hasta los pasillos, y que había acudido respondiendo a una llamada.
«Quería vivir la Semana Santa completa y en mi parroquia nos dijeron que el itinerario empieza aquí», contaba María, de la parroquia Santísimo Sacramento. «Es demasiado bonito ver a todos los sacerdotes en su día especial».

De la parroquia Santa María del Buen Aire asistían también varios feligreses, entre ellos Jorge y Yulisa y sus hijos Jared, de 6 años, y Teah, de 2. El mayor nos contaba que quería ser monaguillo «desde hace mucho tiempo», y lleva ya un mes sirviendo en la parroquia. «Lo que mejor se me da es tocar las campanas», dice con orgullo.
Habían venido a acompañar a sus sacerdotes, que en esta ocasión se acercaban al millar, cifra desbordante que muchos atribuían al clima creado en CONVIVIUM, la asamblea presbiteral celebrada el pasado mes de febrero.

Unción para los pobres
La lectura del Evangelio de Lucas recogía las palabras de Jesús, «hoy se ha cumplido esta escritura que acabáis de oír», después de haber leído a Isaías en la sinagoga: «Me ha enviado a anunciar la buena noticia a los pobres».
El arzobispo de Madrid comenzaba su homilía asegurando que «hoy volvemos a ese comienzo, que no es pasado, sino continuo origen de nuestro ministerio», regresando no a un recuerdo, «sino a la fuente».
El de la Palabra proclamada «es el hoy de nuestra ordenación», en que «volvemos a reconocernos ungidos no en solitario», sino en fraternidad. Esa unción «no es para nosotros, es para los pobres, los heridos, los que esperan, a veces sin saberlo, una palabra de vida».

Misericordia y fidelidad
El cardenal Cobo añadía: «El hoy de Jesús es un hoy que sabe a liberación». Así, quien se acerca a un sacerdote experimenta que Dios le espera, le ama y le perdona, ha expresado. «Somos signos visibles de la misericordia de Dios».
Continuando con la predicación, el arzobispo de Madrid ha recalcado a los presbíteros que Jesús es «misericordioso con los hermanos y fiel al Padre», y estos don dos aspectos «que configuran nuestra vida sacerdotal». «La misericordia nos configura con Cristo», ha manifestado. No garantiza el éxito porque «no estamos llamados a ser eficaces», sino a «conformarnos con la Cruz».

«No somos salvadores impecables»
Igualmente, «no somos salvadores impecables, sino bautizados alcanzados por la gracia», ha remarcado. La gente «no busca un profesional de lo sagrado», sino «a Cristo; y, en nosotros, a un discípulo de este médico».
Finalmente, el cardenal Cobo ha alertado contra la tentación del individualismo, tal y como ya se habló en CONVIVIUM. «Somos enviados a todos los rincones de nuestra ciudad» a ungir con la misericordia de Dios a los pobres, a los migrantes, y «a todos los que han perdido la esperanza». Y a ungir con «este olor de fraternidad», porque «cuando un presbiterio vive unido, la diócesis respira».
En esta línea, el arzobispo de Madrid ha concluido: «Pidamos un corazón misericordioso con los hermanos, fiel al Padre y fraterno en el presbiterio».

Semana Santa en Madrid
Tras la Misa Crismal, los sacerdotes estaban convidados en el Seminario Conciliar de Madrid a una comida fraterna.
La Misa Crismal se realiza en Madrid el Martes Santo ya que este día es más fácil que clero y laicos puedan reunirse con el obispo frente al Jueves Santo —día tradicional para esta celebración—, por los preparativos de la Cena del Señor.
Las celebraciones de la Semana Santa en la catedral continúan el Miércoles Santo, con el Vía Crucis diocesano a las 19:00 horas.
