Cobo, en la Jornada por la Vida: «Cada vida que comienza es un signo de la presencia de Dios» - Alfa y Omega

Cobo, en la Jornada por la Vida: «Cada vida que comienza es un signo de la presencia de Dios»

La Iglesia de Madrid ha celebrado la Jornada por la Vida con una Eucaristía en la catedral de la Almudena

Begoña Aragoneses
El cardenal junto a una familia asistente. Foto: Infomadrid.

Las palabras de Isaías, profecía cumplida, resonaban en la catedral de la Almudena en la tarde de este miércoles, 25 de marzo: «Y le pondrá por nombre Enmanuel, porque con nosotros está Dios». Era la primera lectura de la fiesta de la Encarnación del Señor, cuya Eucaristía ha presidido el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid.

También se oían en la catedral toses, llantos y «conversaciones» de bebés. «Pueden llorar todo lo que quieran», tranquilizaba el cardenal Cobo a las madres que participaban de la celebración, la inmensa mayoría mujeres acogidas en el Hogar Santa Bárbara, proyecto de Cáritas Diocesana de Madrid para madres en situación de vulnerablidad.

La Iglesia celebraba en este día la Jornada por la Vida. Así, en la Eucaristía han concelebrado el vicario Pastoral, José Luis Segovia; el vicario de Vida Consagrada, padre Aurelio Cayón, sscs; y el delegado episcopal de la Salud, José Luis Méndez. Asimismo, han estado presentes los delegados de Familia y Vida, María Bazal y José Barceló.

Entrega de las ofrendas. Foto: Infomadrid.

El sí de María

Era este un día, recordaba el arzobispo de Madrid, para dar gracias por el sí de María, y para hacer un llamamiento al compromiso con la vida, recalcando esa «dignidad que corresponde a la vida en todas sus circunstancias».

Aludiendo a la Palabra proclamada, explicaba cómo en momento de dificultad para el Pueblo de Dios, «el Señor da una señal», la de la virgen que concebirá un hijo. «Cuando Dios quiere decirnos quién es», cuando «quiere hablar, hace brotar la vida». Vidas sencillas, humildes, como la de la Virgen. «María no entiende nada, pero Ella, sencilla, humilde, nos enseña a todos a entender la vida diciendo sí, hágase».

A veces, ha reconocido el cardenal, «abrirse y decir que sí supone afrontar miedos». Pero es Jesús, el «propio Dios y el Espíritu» los que dan la confianza. «María no tenía seguridad alguna, pero confía; no porque lo entiende todo, sino porque se fía de la promesa de Dios».

Carritos en la catedral. Foto: Infomadrid.

El valor infinito de cada vida

Dios, continuaba el arzobispo de Madrid, «ha querido pasar por todas las fases de la vida humana, desde la fragilidad del inicio hasta la cruz». Y «nos dice que cada vida, sin distinción, tiene un valor infinito». «Cada vida, desde el comienzo, es digna —subrayaba—, y por ser digna está llamada a ser acogida, cuidada y protegida». «Ninguno de nosotros estamos aquí por casualidad, ninguna vida es un accidente», ha declarado.

No son un accidente cada uno de los pequeños que estaban esta tarde en la catedral, a pesar de las dificultades que tuvieron que atravesar sus madres. «Cada uno de estos pequeños es único e irrepetible, y es amado por Dios». Igual que cada persona: «Somos amados por Dios desde el inicio». Y «cada vida que comienza es un signo de la presencia de Dios en el mundo».

«Testimonio de valentía y esperanza»

El arzobispo de Madrid ha querido poner en valor «a tantas mujeres que acogen la vida en medio de dificultades». «Sois unas valientes; sois testimonio de valentía y esperanza». Pero en su camino necesitan, como lo tuvo la Virgen con san José y los suyos, «cercanía, apoyo real, ayuda concreta».

Y ha sido el cardenal Cobo concluyente cuando ha remarcado: «Es responsabilidad de todos desmontar esta cultura de la muerte, donde a veces abrirse a la vida se convierte en ideología». «Nos preocupa —ha abundado— la tendencia de que convencer de que el aborto es un derecho». Ante esto, ha recalcado que «ningún derecho puede fundarse en la negación del derecho más básico, que es el de vivir».

Cada aborto es un fracaso

«No queremos juzgar a las personas —ha expresado en otro momento el arzobispo de Madrid—, pero queremos resaltar el valor inmenso de la vida». En este punto, ha incidido en que «el aborto nunca es una victoria ni un logro». Es «una herida profunda e irreparable» para las mujeres y para la sociedad. «Cada aborto es un triste fracaso para la sociedad».

Pero ante esto «no haremos ideología de la defensa de la vida», sino un camino sencillo, el del Evangelio, «que invita siempre a cuidar la vida y nunca descartarla».

La vida humana como reflejo del rostro de Dios

Ya finalizando su homilía, el arzobispo de Madrid ha afirmado que «la vida humana refleja el rostro de Dios», y ha pedido que «promovamos condiciones que hagan posible la vida humana». La defensa de la vida, ha explicado, es integral: es también la defensa del «derecho a la vivienda, a un trabajo compatible con la crianza de los hijos»…

Acoger la vida es acoger «al que llega a nuestras fronteras, al que sufre, al que no entra en nuestros planes, al que puede parecer una carga pero necesita de nuestra solidaridad». Así, «nuestra defensa de la vida abarca todas las circunstancias: no nacido, enfermo, pobre, migrante, joven sin futuro, mujer sola sin hijos…».

Por último, el cardenal Cobo ha vuelto a mirar a la Virgen: «María tenía un corazón abierto, y eso fue suficiente». «Pidamos un corazón más humano, más creyente, más valiente; con María podemos decir un sí ilusionado y esperanzador».