Cobo en la Epifanía: «El mundo necesita muchos más reyes magos: comunidades que sean regalo para nuestra sociedad» - Alfa y Omega

Cobo en la Epifanía: «El mundo necesita muchos más reyes magos: comunidades que sean regalo para nuestra sociedad»

El cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, ha presidido la celebración de la Epifanía del señor este martes, 6 de enero, en la catedral de la Almudena

Santiago Tedeschi Prades
Un momento con las familias durante la Misa de Epifanía en la catedral de la Almudena. Foto: Santiago Tedeschi / Archimadrid.
Un momento con las familias durante la Misa de Epifanía en la catedral de la Almudena. Foto: Santiago Tedeschi / Archimadrid.

«Hoy nos abrimos a toda la Iglesia y a toda la gente que, a pesar de las dificultades, decide buscar a Jesucristo y, como los Magos de Oriente, nos ponemos también nosotros a buscarle». Con estas palabras ha comenzado la Eucaristía en la solemnidad de la Epifanía del Señor el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, que ha presidido la celebración este martes, 6 de enero, en la catedral de Santa María la Real de la Almudena.

El cardenal ha estado acompañado por el obispo auxiliar de Madrid, Vicente Martín Muñoz, así como por vicarios episcopales, sacerdotes, seminaristas y diáconos. A la celebración han asistido también numerosas familias y fieles que han estado en la catedral para celebrar esta fiesta en la que la Iglesia recuerda la manifestación de Jesucristo a todos los pueblos.

La leyenda del cuarto rey mago

En su homilía, el cardenal José Cobo ha invitado a todos los fieles a contemplar la Epifanía desde una antigua leyenda: la del cuarto rey mago, aquel que, en su camino hacia Belén, se detuvo para ayudar a quienes encontraba necesitados y que llegó a Tierra Santa 33 años después, encontrándose finalmente con Cristo en la cruz. «Reconoció al Salvador del mundo —explicó el arzobispo— con el mismo corazón con el que los Magos lo habían reconocido en el pesebre».

A partir de esta imagen, el cardenal ha remarcado que la Epifanía no es solo un recuerdo del pasado, sino una llamada actual: «Hoy Dios nos diría que se necesita un quinto, un sexto, un séptimo rey mago; se necesita a cada uno de nosotros». Una invitación, ha dicho, a concretar cómo será este año el seguimiento de Jesucristo, después de haberlo reconocido «en la sencillez del Belén y en el misterio de la cruz».

El arzobispo de Madrid ha señalado así varios rasgos esenciales de este camino. En primer lugar, aprender a mirar las estrellas, a descubrir los signos de Dios en la vida cotidiana: «Nuestra vida está llena de estrellas brillantes; el problema es si las seguimos o no». En segundo lugar, ponerse en camino, dejando seguridades y ocupaciones, porque «no basta con ver la estrella, hay que atreverse a caminar».

«Se necesitan muchos más reyes magos»

Ese camino, ha añadido, no se recorre en solitario. La espiritualidad cristiana es siempre comunitaria: «Caminar juntos es el antídoto para no ir hacia caminos que no nos llevan a ningún sitio». Asimismo ha explicado, recordando la importancia de acompasar el paso, de esperar al que va más rápido y de ayudar al que avanza más despacio: «La espiritualidad del cristiano es la espiritualidad del que va con otros y cuando vas con otros acompasas tu ritmo al de los otros. Como Pedro y Juan ante el sepulcro, como la Iglesia lo ha hecho siempre».

También ha hablado de la perseverancia, de saber sostenerse en las noches en las que la estrella parece desaparecer, y de la valentía de preguntar, incluso en los lugares menos esperados, como hicieron los Magos al acudir a Herodes.

Finalmente, el cardenal José Cobo ha destacado que el corazón de la Epifanía es la adoración. Los Magos —y también el cuarto rey de la leyenda— no encontraron un Dios espectacular, sino a un Niño y, más tarde, a un Crucificado. «Amar a Dios es reconocerlo en lo sencillo, en la Eucaristía», ha afirmado.

Como los Magos de Oriente, ha concluido, los cristianos están llamados a abrir sus cofres y ofrecer oro, incienso y mirra: reconocer a Cristo como Rey de la propia vida, adorarlo como Hijo de Dios y entregar lo necesario para curar las heridas del mundo. «El mundo está lleno de epifanías —ha recordado—  y necesita muchos más reyes magos: comunidades que sean regalo para nuestra sociedad».