Ver la botella medio llena... o medio vacía - Alfa y Omega

Ver la botella medio llena... o medio vacía

Se han estrenado dos películas independientes americanas que nos ponen ante los ojos dos miradas diferentes ante la vida La extraña vida de Timothy Green y Blue Valentine. En la primera se exalta la positividad de la realidad; en la segunda, la decadencia de las cosas. Pero en ambas late el deseo del corazón del hombre, y se exalta el don de la maternidad y de la vida

Juan Orellana

La extraña vida de Timothy Green

Estamos ante un cuento de fantasía que pone el dedo en la llaga en cuestiones de actualidad como la paternidad y la educación. El arranque es muy clásico: una pareja feliz (Cindy y Jim) recibe la dura noticia de su imposibilidad de engendrar descendencia. En seguida se pone de manifiesto que depositaban todas sus esperanzas en ese hijo que no va a llegar: tenían decidido cómo iba a ser, qué aficiones iba a disfrutar, qué instrumentos musicales iba a tocar y qué deportes iba a practicar. Todo lo tenían escrito en un cuaderno: era un proyecto aparentemente perfecto. La narración fantástica empieza cuando una noche aparece en su jardín de forma misteriosa un niño ya crecido que va a cumplir una a una todas las expectativas de sus nuevos padres. Pero ese niño posee una extraña peculiaridad: tiene hojas vegetales en los tobillos. Todo parece ir bien, y Cindy y Jim se desviven por ser los padres perfectos, llegando a ser en exceso controladores y timoratos, sustituyendo a menudo a su hijo en sus propias decisiones. Las cosas van a cambiar drásticamente cuando Timothy empiece a perder sus hojas.

En la primera parte del film tenemos el antimodelo de padres: su hijo es un proyecto personal, proyecto por el que se desviven. Pero el desarrollo de la trama va desvelando la verdadera lección que ellos van a aprender: que la vida es un don, lleno a su vez de dones, y que la sabiduría está en acoger y aceptar esos dones sin pretensiones.

La cinta no es enfática ni didactista, pero transmite un cierto aire capriano de espiritualidad positiva, aunque en la frontera entre un inmanentismo posmoderno y la apertura a un misterio sin rostro. ¿Quién regala al niño? ¿Quién se lo lleva? Esa providencia ¿es pura magia de la naturaleza o es Alguien? Preguntas que el cine posmoderno, incluso el de Disney como este caso, no saben o no se atreven a responder.

Blue Valentine

Como si se tratara de una versión posmoderna y norteamericana de Secretos de un matrimonio de Bergman, esta cinta intimista del documentalista Derek Cianfrance hace una disección meticulosa de la crisis por la que está pasando el matrimonio formado por Dean (Ryan Gosling), un pintor de brocha gorda, y Cindy (Michelle Williams), una joven doctora de Nueva York. La narración está concebida con una compleja estructura temporal, en la que las secuencias en tiempo presente se entrelazan con continuos flashbacks. De esta manera vamos tejiendo un cuadro impresionista de la relación de esta pareja, su historia, sus hitos, sus amenazas, sus puntos fuertes y debilidades. La película tiene un punto de incomodidad, pues testimonia con mucha precisión el sutil deterioro que va desde una divertida y romántica pasión inicial, a un punto de apatía y paulatino desmoronamiento del amor, sobre todo por parte de Cindy.

A pesar del tono crepuscular y melancólico del film, incluso algo claustrofóbico, parece que Derek Cianfrance apuesta claramente por la vida en la vigorosa escena del aborto. Aunque el film ofrece un desenlace abierto, también da la impresión de que apuesta por el valor del matrimonio para toda la vida, como se deduciría de los diálogos finales. La película está rodada con fuerza, con mucho plano corto, cámara en mano, y sostenida por unas maduras interpretaciones de Ryan Gosling y Michelle Williams. No se nos ahorran escenas fuertes, visuales o emocionales, y es difícil tomar partido por alguno de los dos personajes. Hay que resaltar el brillante aderezo musical con canciones de Grizzly Bear, The Dirtbombs o Pat Benatar, entre otros. Para público adulto.