Catedrático de Filosofía: «Echo de menos una voz que diga que la vida de Noelia merece ser amada»
«Todo lo que me lleva a disculpar» a Noelia Castillo «me abofetea pensando en una sociedad» que «en vez de luchar por cada persona le concede la eutanasia», asegura José Antúnez, catedrático de Filosofía en la Universidad Eclesiástica San Dámaso, de Madrid
—Se puede argumentar que la eutanasia de Noelia Castillo, que se va a hacer realidad este jueves, cumple todos los requisitos legales y ha sido además avalada por los tribunales. Pero, mirando más a fondo, ¿de dónde nace esta aceptación?
—Sin juzgar la postura de Noelia —nadie puede hacerlo—, lo que me llama la atención es cómo no nos damos cuenta de que ella es un tesoro infinito que podría haber aportado un montón a la sociedad con su vida. Solamente somos capaces de ofrecerle una salida de descarte, de quitarla de en medio. Es una respuesta cómoda, superficialmente piadosa, pero con una piedad que quita esperanza.
¿Qué pasa en una sociedad que se conforma con una solución negativa, pesimista? Aunque sea legal, aunque todos podamos comprenderla, echo de menos una voz que diga que su vida merece ser amada. Falta un horizonte de esperanza, de creatividad que ofrecer a los jóvenes en situaciones difíciles. ¿Cuántas personas tienen situaciones personales tremendas similares a la suya, al menos en parte?
«Nuestra sociedad se rinde» con Noelia
—Poniéndose las gafas de diseccionar las razones de fondo propias de un filósofo, ¿qué late en el fondo de su decisión y del apoyo legal a la misma?
—La declaración del Dicasterio para la Doctrina de la Fe Dignitas infinita (2024) habla de la dignidad existencial de la persona y contiene una denuncia profética de que nuestras sociedades no están ofreciendo un horizonte de sentido que permita percibir el valor de cada existencia, que tiene una dignidad única e irrepetible. En cuanto hay una circunstancia que produce vacío, que nos hace sentirnos abocados a un destino negro que no tiene salida lo que viene es la claudicación del descarte.

—¿Por qué?
—La dignidad se ha confundido con una vida de éxito, de logros personales y económicos, de eficacia. Cuando eso no entra el sistema no sabe qué hacer y empieza ya a rechazar. No es capaz de abrirse a otro horizonte más personal capaz de ofrecer otras posibilidades, que lo hay. Hay personas que han sufrido mucho y han tenido mucho fracaso social y a pesar de ello han encontrado un horizonte de sentido.
Ahí el punto de referencia siempre es Viktor Frankl, que en medio del horror de los horrores, encuentra un horizonte de esperanza que es capaz de superar Auschwitz. ¿Cómo? Mediante una terapia de sentido, que me ayuda a interpretar mi vida y la de los demás con creatividad. El ser humano es capaz de lo mejor en las situaciones más horribles. Pero nuestra sociedad, en vez de suscitar que el corazón humano proponga lo mejor, se rinde.
«Tu mera existencia enriquece el mundo»
—Los defensores de la eutanasia afirman que la reacción de esas personas no se puede imponer a quienes buscan la muerte. ¿Tiene derecho la sociedad a impedir que una persona se quite la vida?
—Filosóficamente, ahí surge el tema de la libertad y de cómo se entiende la afirmación de que soy dueño de mi vida. Es verdad que yo soy responsable de ella. Pero eso eclipsa otra parte muy importante de la misma, que es que está entretejida con la de los demás: no solo es importante para mí sino que debería importar a todo mi entorno. Hannah Arendt lo explicaba muy bien hablando del principio de natalidad, lo que una persona puede aportar a la comunidad política y social solo por existir. Así, tu vida no es solamente asunto tuyo, es asunto de todos. Tu mera existencia enriquece el mundo.
Conjugar la dimensión individual con la social no siempre es fácil, pero no puedo dar prioridad solo a uno de los polos. El problema es que llegamos tarde muchas veces porque vivimos en una sociedad en la que se ha individualizado todo: el narcisismo me impide ver la relación con los demás y, por otro lado, yo para los demás acabo siendo un número, un gasto. Y no vemos ese tejido amoroso, de vinculación, de un bien común. Cuando todo parece negro, la solución no es desaparecer sino intentar recuperar ese germen y darle la posibilidad de que crezca.
—Las declaraciones de Noelia transparentan un gran sufrimiento a lo largo de toda su vida. ¿Qué marca dejan esas heridas en la persona?
—La vinculación afectiva de la persona en el entramado familiar, con los padres, es básica y si está condicionada puede dejar heridas muy hondas. En nuestra sociedad mucha gente las tenemos por la desestructuración de la familia. Luego el ambiente institucional que ha encontrado, los abusos que sufrió, en una adolescente que está desarrollando su personalidad, también tiene que haberla marcado a una hondura muy grande. Y el intento de suicidio [que le causó una parálisis, N. d. R.]. Aun así, yo confío siempre en que el hombre puede tirar adelante si se deja ayudar por Dios —claro que tiene que tener abierta esa puerta—; por la comunidad.
En el caso de Noelia se da una circunstancia que es lo que más me ayuda a comprenderla: en una persona con su situación psicológica [trastorno límite de la personalidad y un trastorno obsesivo-compulsivo, N. d. R.] la libertad personal queda muy mermada. Aunque no me parece acertada su decisión, no me parece que sea responsable. Sin embargo, todo lo que me lleva a disculparla a ella, pensando en la sociedad me abofetea y me hace pensar que tenemos que cambiarla.
La vida de Noelia pone de manifiesto muchas contradicciones: un sistema de protección de menores que no la protege, un intento de suicido que se intentaría prevenir pero que ahora se termina de ejecutar. Visto desde fuera, nos dirían que cuánta hipocresía.
«Algo está caducando»
—Gabriel Marcel señala la responsabilidad social que conduce al suicidio asistido por no hacer valiosa la vida del enfermo ante él mismo.
—Al final es la vía rápida, la vida de la eficacia. En vez de tener una actitud de compromiso, de lucha por cada persona, de dejarnos la piel por ofrecer soluciones, por acompañar, se le concede la eutanasia porque al final va a dar igual. En el sistema de sanidad habrá muchísimos profesionales sufriendo por esto. En el sistema jurídico habrá personas que digan que no puede ser pero que como es legal hay que aplicarlo. Hay una estructura que bloquea el amor.
Sin embargo, yo soy optimista. Marcel critica esta tecnificación burocrática pero tiene una filosofía de la esperanza porque confía en el ser humano y en Dios. Aunque este sistema tenga fuerza la vida se va abriendo camino. Cuando vemos casos tan dolorosos pero tan extremos nos demuestran que algo está caducando y que tenemos que crear algo nuevo que merezca la pena humanamente. Al final en muchos corazones va a quedar este mensaje.
Hoy en España, la muerte se presenta como solución al sufrimiento. Una dignidad infinita abocada a la muerte por una “sociedad del bienestar” incapaz de cuidar y de amar. Frente a ello, la esperanza que brota del encuentro con la Vida. #Noelia
— Of. Información CEE (@prensaCEE) March 26, 2026
—Mencionaba antes a tantos jóvenes que, como Noelia, han sufrido situaciones difíciles. ¿Qué mensaje les estamos lanzando?
—Por un lado uno de negatividad y pesimismo. Pero en una entrevista reciente al psiquiatra Aquilino Polaino, aunque decía que faltan políticas que de verdad los ilusionen, luego hacía una reflexión muy interesante. Decía que tienen unas fortalezas que nuestra generación no tiene, que habiendo vivido esa fragilidad afectiva, esa vulnerabilidad forzada de diferentes maneras, saben luchar y salir adelante; que tienen una capacidad creativa que tiene que dar fruto. No van a ser todos como Noelia, a la que la situación la dobla, sino que algunos dirán «supero esto, vamos a cambiar esto». Esa fuerza de esta generación está ahí. Hay síntomas que los sociólogos aún tienen que terminar de descifrar, como el giro religioso, un poco sin forma y difuso; y otra serie de cosas que no tenemos perspectiva aún para saber valorar pero que demuestran que hay una reacción ante una sociedad que no les satisface.
—¿Empieza ahí ese camino de vuelta del que hablaba?
—Yo creo que sí es un inicio. Los inicios pueden tener éxito o no, depende de cómo sepamos hacerles hueco y apoyarlos, aunque a veces tienen una fuerza auténticamente revolucionaria. Pero no lo llamaría camino de vuelta sino giro hacia el futuro. No es un regreso o algo nostálgico. Es una búsqueda que sale de más dentro y mira hacia más adelante. Bueno, ellos miran adelante. A nosotros nos cuesta más.