¿Bienestar?

Foto: ABC

Teniendo presente la intolerable cifra de parados y afectados por la crisis, lo cierto es que la mayor parte de ciudadanos disfrutamos del Estado de bienestar. Una escritora de un país de Europa del Este viajó a Occidente y expresó su decepción por la situación de la religión, y concluyó que el dinero hace aquí a Dios superfluo, mientras que en su país son pobres y hablan de las cosas eternas. Ojalá que el bienestar económico que vivimos la mayoría se traduzca en acción de gracias por lo que tenemos, en generosidad en el número de hijos, en la práctica de la fe y en santidad.

Fernando Martínez
Madrid


Agradecido

Las cartas que aparecen en esta sección, así como los artículos de la sección de «Opinión», me parecen muy acertados, y dan a los lectores una visión nueva de las cosas. Son cartas que llegan al corazón y hacen mucho bien al que las lee. Siendo sincero, me han ayudado mucho a sobrellevar la pérdida de mi esposa. Son una bendición del cielo, en especial los textos del capellán encargado del tanatorio de la M-30. ¡Qué paz y tranquilidad transmiten! Yo estoy muy agradecido. Sigan ustedes orientando a las personas que están pasando por necesidades materiales o espirituales. Que Dios premie su gran labor.

Enrique Sánchez
Albacete


Ser útil

Foto: María Pazos Carretero

Yendo de turismo por los Pirineos me topé con una conferencia, en la que el ponente vino a decir que una buena manera de pasar a sentirse útil cuando uno se sienta inútil es prestar frecuentes servicios, aunque sean pequeños, y olvidarse de uno para pensar en los demás. Alguien recordó que muchas personas a punto de jubilarse pensaban casi lo contrario: «A partir de ahora, solo me ocuparé de mí mismo». Terció un tercer asistente diciendo que actualmente hay muchas y variadas formas para ser y sentirse útil. Pero, ¿y cuándo alguien está tan limitado que no puede hacer casi nada de lo anterior? Una señora respondió que el solo hecho de llevar con garbo las propias limitaciones ya supone una muy buena forma de ser útil: el ejemplo. Y alguien añadió que, además, si se es creyente, se descubre el valor que tienen estas limitaciones a los ojos de Dios, y que a él le estaba viniendo muy bien el ofrecer todas sus limitaciones a Dios por la paz mundial, la unidad de España, los enfermos, etc., y como reparación por sus propios pecados, también los de omisión, pues cuando pensaba en lo bueno que podría haber hecho y no hizo, si no fuese porque confiaba en la misericordia de Dios, se echaría a temblar. Yo, al oír esto, me acordé de lo que suele decir mucha gente que aparece en la tele: «Yo no me arrepiento de nada». ¡Qué contraste!

Víctor Manuel Sánchez
Madrid


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