Carlos Romero: «Hay muchos católicos en España, pero desvertebrados»
Mañana arranca la XV edición del Congreso Católicos y Vida Pública, en la Universidad CEU San Pablo, de Madrid, con el lema España: razones para la esperanza. En medio de la crisis que atraviesa España, el objetivo es animar a una presencia de los católicos más activa en la política, la economía, la educación…, explica el presidente de la ACdP, don Carlos Romero. Pero sobre todo —añade—, hacen falta católicos en la sociedad civil «¿Cuántos millones de católicos hay en España? Imaginemos la influencia decisiva que podríamos llegar a tener. ¿Qué pasa? Que estamos completamente desvertebrados. Casi no tenemos ninguna capacidad de influencia, y eso es culpa nuestra»
¿Por qué este título: España, razones para la esperanza?
Nunca se había tratado el tema de España como tal en el Congreso, y dada la situación actual, creímos que era el momento oportuno. Hay muchos problemas en la mente de todos, pero aquí se habla fundamentalmente de razones para la esperanza, porque un católico no se puede entender sin esperanza. No hay fe sin esperanza. Por eso hemos querido abordar la cuestión en clave positiva.
¿Con la que está cayendo?
Yo diría que esa clave positiva es casi nuestra obligación. ¿Que hay dificultades? ¡Casi seis millones de parados! ¿Pero nos rendimos? Esa sería nuestra perdición definitiva. Siempre hay que tener una luz de esperanza, y no sólo tenerla, sino transmitirla. Incluso desde un punto de vista puramente humano, la esperanza es fundamental. La recuperación de la economía, por ejemplo, está relacionada con el clima de confianza.
En esta situación de crisis, la pregunta para nosotros debe ser: ¿qué podemos hacer hoy los católicos? Todas las conferencias, ponencias y mesas redondas de este congreso van por ahí, con propuestas de tipo económico-social, de acción política… El sábado por la mañana hay una conferencia con el título: Revitalizar la sociedad, regeneración intelectual y moral. Creo que ahí está la clave. También es muy significativo el título de la conferencia de clausura: Los católicos en España, fermento de una sociedad más justa y fraternal. Otro punto importante es la capacidad de sentarnos a hablar civilizadamente con los de aquí, los de allí y los del otro lado. A los que no son católicos, debemos darles razones de nuestra esperanza, sin rehuir el debate. Por eso, va a volver a estar presente en el Congreso el debate con los no creyentes, en este caso con Nicolás Redondo Terreros.
Tenemos grandes problemas de tipo político en España, y a la opinión pública no siempre le llega una respuesta católica clara. ¿Cuál es la voz católica que debería hacerse oír en estos temas?
Yo, personalmente, lo tengo claro, pero no es sencillo. En relación con España y el problema del separatismo, por ejemplo, creo que la jerarquía tiene mucho que decir, y, de hecho, ha habido algunos pronunciamientos del episcopado muy significativos.
¿Es usted partidario de un partido católico…
No.
… o de católicos en los partidos?
La segunda opción.
¿Son incompatibles?
Es que no veo viable un partido católico hoy en España. Me parece una utopía. ¿Cómo poner de acuerdo a esos políticos católicos en determinados casos? No, yo soy partidario de católicos en todos los partidos. Mucho mejor nos iría así. Pero, para eso, hay que trabajar mucho, en la derecha, pero también en la izquierda. Mucho.
El magisterio de la Iglesia señala una serie de principios no negociables para el católico en la vida pública. ¿Puede un católico votar a un partido que no defienda expresamente la vida, el matrimonio…?
Es un tema complicado. Yo no lo votaría, pero hay que sopesar las circunstancias. ¿Y si no votar la opción menos mala contribuye a que salga otra muchísimo peor? ¿Qué hago? Yo sé lo que haría yo, pero no me corresponde decirle a los demás qué tienen que hacer. A las personas, creo, hay que darles toda la información y la formación. Y recordarles que, antes de votar, es su obligación tener los elementos necesarios de juicio.
En todo caso, creo que la gran carencia que tiene España es la sociedad civil. No existe una sociedad civil articulada. Hay asociaciones, foros, fundaciones… Muchísima gente y muchísimos católicos, pero estamos descoordinados, separados, desunidos… Hay que vertebrar esa sociedad civil para presionar a los partidos, influir en ellos. ¿Cuántos millones de católicos hay en España hoy? Imaginemos la influencia decisiva que podríamos llegar a tener. ¿Qué pasa? Que estamos completamente desvertebrados. Casi no tenemos ninguna capacidad de influencia, y eso es culpa nuestra.

¿Tenemos un déficit de comunión en España?
Sí, pero esto no es nuevo. Lo han advertido los último Papas: el enemigo está dentro, siempre, en todas las comunidades, asociaciones, movimientos, en el propio Vaticano… Ya sabemos quién es, y que es muy listo y hace muy bien su trabajo.
Y que hace horas extras…
Efectivamente. ¿Y qué pasa con todo eso? Que a veces se tiene la tentación de tirar la toalla. Uno dice: Yo no me puedo dedicar más a esto; esto que me han hecho no tiene nombre; yo me voy… Eso es lo que no puede ser. No podemos tirar la toalla, tenemos que resistir.
¿Cómo resumiría en pocas palabras lo que han significado 15 años de Congreso Católicos y Vida Pública?
Pido disculpas de antemano por presumir, pero tengo que hacerlo, y no por mí, ya que esto es obra de mis antecesores. Yo creo que Católicos y Vida Pública es el gran acontecimiento laical de la Iglesia en España. No hay otro como éste. Es una referencia. Además —siento seguir presumiendo—, cada año el programa se va mejorando, se van haciendo cosas nuevas, los temas son interesantísimos, los ponentes son magníficos….
¿Qué mensaje le gustaría que quedara de esta decimoquinta edición?
Desde luego, la esperanza; la esperanza de que podemos y debemos hacer algo más. No nos podemos quedar en la queja, en el llanto permanente. Los católicos tenemos que salir a la calle en todos los ámbitos, dar razón de nuestra esperanza para que los demás también la tengan.