Cardenal Osoro: «Taizé nos ha dejado más de lo que creéis. Hemos conocido más a Dios»

Una catedral de la Almudena abarrotada acogió el sábado una oración de acción de gracias por el Encuentro Europeo de Taizé. Los hermanos de la comunidad ecuménica invitaron a seguir dando testimonio, en un mundo «marcado por la división y el miedo», de que es posible vivir la acogida y la hospitalidad

María Martínez López
Foto María Martínez López

Una catedral de la Almudena abarrotada acogió el sábado una oración de acción de gracias por el Encuentro Europeo de Taizé. Los hermanos de la comunidad ecuménica invitaron a seguir dando testimonio, en un mundo «marcado por la división y el miedo», de que es posible vivir la acogida y la hospitalidad

Laudate, omnes gentes, laudate Dominum. «Alabad al Señor, todos todas las naciones». El último canto de Taizé aún sonaba cuando los hermanos de la comunidad y los voluntarios todavía presentes en Madrid, junto con el cardenal arzobispo, Carlos Osoro, se levantaron para salir de la catedral de la Almudena.

Entonces, espontáneamente, los mayores y jóvenes que abarrotaban los bancos y algunos trozos de suelo rompieron a aplaudir. Tras la breve distracción, siguió el canto de alabanza y acción de gracias por el Encuentro Europeo de Jóvenes celebrado en la capital del 28 de diciembre al 1 de enero.

«Gracias por haber descubierto y acogido en vuestro corazón la sabiduría de Dios», dijo durante su intervención el cardenal Osoro a quienes acogieron a los jóvenes participantes, «a veces sin saber qué decían, solamente entendiéndoos por ese lenguaje del corazón». «Abrir la casa –continuó– es signo de la hospitalidad a Dios. En la medida en que lo acogemos a Él tenemos la capacidad para poder abrir nuestra vida, lo poco o lo mucho que tengamos, a los demás».

Una Iglesia «sorprendida» por Taizé

El arzobispo de Madrid mostró también su agradecimiento a la Comunidad de Taizé. «Nos habéis dejado más de lo que habéis podido percibir», subrayó. Durante el encuentro «hemos conocido más a Dios, porque nos hemos encontrado con Jesucristo», que «nos revela cómo es Dios y cómo es el ser humano. Él me dice que puedo ser feliz si abro mi vida a Dios y al hermano».

«Esta Iglesia que peregrina en Madrid ha sido sorprendida por Dios a través de la Comunidad de Taizé, que tantos años lleva queriendo proponernos que peregrinemos por esta tierra en confianza». Al final de un día con una apretada agenda, el cardenal reconoció que «este rato de oración me ha quitado todo [el peso]. Necesitaba esto. El encuentro con el Señor descansa». Y el Encuentro Europeo «nos ha hecho la propuesta de ir al Señor los agobiados (¡qué bonito!), los cansados, los que no sabéis qué dirección tomar».

Homenaje a los voluntarios permanentes que han preparado el Encuentro Europeo. Foto María Martínez López

«Una aventura de locos»

También el hermano John, de la Comunidad ecuménica fundada en los años 40 por el hermano Roger Schutz, manifestó su agradecimiento «a todas las personas que aceptaron esta aventura de locos. Los que han corrido este riesgo de confiar, de abrirse, han recibido el ciento por uno. Pero antes fue necesario asumir el riesgo».

Los hermanos de Taizé y el cardenal Osoro han expresado en numerosas ocasiones su agradecimiento en especial a las personas mayores que, viviendo solas y sin saber idiomas, acogieron a jóvenes. Muchas de ellas llenaban el sábado los bancos de la catedral. «He tenido a unas chicas que eran un encanto, y no me podía perder el venir a dar gracias por esta forma de empezar el año», comentaba una señora mayor, sentada en primera fila, antes de que comenzara la oración.

Secretarios, camareros, transportistas…

Pero también había jóvenes, como Isabel, que había acogido a peregrinos en su familia; o Jonathan y Laura, del equipo de la parroquia de San Fulgencio. «Hemos sido secretarios, camareros, transportistas…», compartieron estos al terminar la oración. Valoraron sobre todo «el entusiasmo [de los participantes en el encuentro] ante cualquier cosa que se les proponía», el comprobar que «hablando siete idiomas distintos nos podíamos entender perfectamente en los grupos de compartir» o el que, en las oraciones en IFEMA, «tantas personas juntas hicieran silencio para escuchar solo a una: Jesús». «Nunca antes había empezado el año con tanta energía», concluyó la primera.

«Taizé es muy importante para nuestra familia. Pero no contábamos con que Taizé Madrid fuera a serlo más. Nos ha traspasado el corazón», reconocía Marilo, madre de una familia que acogió a nueve jóvenes. «No hay acogida sin relación, sin conocer al otro que llama a tu puerta. En nuestra casa, que parecía el camarote de los hermanos Marx, era una fiesta el reencontrarnos» al final del día, cuando compartían todo lo vivido. Destaca, de sus jóvenes, «su alegría desbordante y su sentido profundo de la oración».

Foto María Martínez López

«No podemos quedarnos como antes»

Sin embargo, la Comunidad de Taizé no quiere –subrayó el hermano John– que a los madrileños solo les quede «un buen recuerdo de un evento del pasado. Lo más importante es que hemos visto, oído y tocado que en un mundo marcado por la división y el miedo, es posible vivir de otra manera. No podemos quedarnos como antes. La Iglesia puede ser un lugar de amistad, de comunión con todos. Incluso con las personas con las que no estamos de acuerdo podemos caminar juntos».

Una de las propuestas que se está barajando para ello –adelantó el hermano Cristian– es dar algún tipo de continuidad a la oración al estilo de Taizé que ha estado teniendo lugar todos los lunes, desde octubre, en la sede de la Delegación de Infancia y Juventud, en la parroquia de San Juan de la Cruz.

María Martínez López