Cardenal Omella: «No hay verdadera evangelización sin comunión» - Alfa y Omega

Cardenal Omella: «No hay verdadera evangelización sin comunión»

El arzobispo de Barcelona repasa su presidencia de la Conferencia Episcopal Española, marcada por la pandemia, los abusos y la guerra de Ucrania, en un videopodcast con motivo de los 60 años de la institución

Redacción
Omella durante la entrevista. Foto: CEE.

La imagen permanece en la memoria colectiva: un hombre vestido de blanco avanzando solo bajo la lluvia por una plaza de San Pedro completamente vacía. Era marzo de 2020 y el mundo acababa de detenerse. Para el cardenal Juan José Omella, recién elegido entonces presidente de la Conferencia Episcopal Española, aquella escena resume también una de las grandes lecciones de los años que siguieron: «Nos necesitamos todos. Estamos todos en la misma barca».

El arzobispo de Barcelona, que presidió la Conferencia Episcopal entre 2020 y 2024, repasa aquella etapa en el tercer videopodcast realizado con motivo de los 60 años de la institución. Su presidencia comenzó apenas unos días antes del confinamiento y estuvo atravesada por algunas de las grandes heridas y desafíos de aquellos años: la soledad provocada por la pandemia, la atención a las víctimas de abusos, la guerra de Ucrania o el camino hacia una Iglesia más sinodal.

Pero, por encima de todo, Omella vuelve una y otra vez a una misma idea: la Iglesia no puede caminar sola. «No hay verdadera evangelización sin comunión», resume.

«Estamos hechos para la relación»

Durante los meses del confinamiento, Omella vivió en el arzobispado de Barcelona junto a otros sacerdotes. Podían celebrar juntos la Eucaristía y compartir la oración. Pero pensaba en tantas familias encerradas en viviendas pequeñas, en quienes estaban solos y en aquellos que ni siquiera pudieron despedirse de sus seres queridos.

«Fue una experiencia dura, pero nos llevó a descubrir que nos necesitamos, que estamos hechos para la relación, para amar y ser amados», recuerda.

La pandemia obligó también a los obispos a buscar respuestas inéditas: cómo celebrar la Eucaristía, administrar los sacramentos, acompañar los funerales o estar cerca de las familias en los hospitales. Las reuniones pasaron a ser virtuales, aunque Omella reconoce que la pantalla nunca sustituyó del todo al encuentro personal.

Aquellos meses reforzaron, según explica, una convicción que considera fundamental para la Iglesia: «Tenemos que ayudarnos y no olvidarnos del otro».

El Papa León XIV junto al arzobispo de Barcelona Juan José Omella durante el rezo de la Hora media en la catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia en Barcelona.
El Papa León XIV junto al arzobispo de Barcelona Juan José Omella durante el rezo de la Hora media en la catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia en Barcelona. Foto: EFE / Enric Fontcuberta.

Mirar el mundo «desde los ojos de los pobres»

La crisis sanitaria hizo todavía más visibles a quienes ya vivían en los márgenes: los mayores, las personas sin hogar, los migrantes o las familias empobrecidas. Omella insiste en que la Iglesia debe aprender a mirar la realidad «desde los ojos de los pobres».

Y esa mirada, añade, no puede quedarse en la cercanía. Hay que acoger a quienes llegan, pero también preguntarse por las razones que les obligan a abandonar sus países. «Tenemos que mirar a los pobres, acogerlos cuando vengan, integrarlos en nuestra sociedad, pero también hay que ayudarles a que no tengan que salir», señala.

Para el cardenal, la gran enseñanza de aquellos años pasa también por la humildad y por una cultura del encuentro capaz de escuchar antes que imponer.

Los laicos «son la base de la Iglesia»

Otro de los acontecimientos que marcaron el comienzo de su presidencia fue el congreso de laicos Pueblo de Dios en Salida. Omella reivindica el papel de todos los bautizados en la misión de la Iglesia y recuerda que la sinodalidad no consiste simplemente en crear nuevas estructuras.

En su reflexión, los laicos no son espectadores de la vida eclesial. «Son el alma, son la base de la Iglesia». Por eso entiende la sinodalidad como una manera de escuchar, dialogar y discernir sin convertir las diferencias en trincheras. «Nunca enfrentarnos porque tú no piensas como yo», advierte.

Entrega del informe sobre abusos del Defensor del Pueblo al cardenal Omella
Entrega del informe sobre abusos del Defensor del Pueblo al cardenal Omella. Foto: CEE.

«Hay que mirar a las víctimas»

La cuestión de los abusos sexuales fue otra de las grandes heridas que atravesaron su presidencia. La Conferencia Episcopal encargó en 2022 una auditoría independiente y Omella insiste en que esta realidad no puede ocultarse ni minimizarse. «El tema de los abusos nos ha hecho sufrir, nos hace sufrir a todos. Y eso es un escándalo», afirma.

Pero el centro, subraya, deben ser quienes han sufrido. La prevención, asegura, no basta si no va acompañada de escucha, reparación y acompañamiento. «Tenemos que mirar a la víctima para que su herida vaya sanando», señala. 

Relaciones con el Gobierno y guerra de Ucrania

También comenta que, como presidente de la Conferencia Episcopal, tuvo reuniones con el Gobierno de diferentes temas que afectan a la Iglesia, donde manifestó su colaboración para el bien de la sociedad y de la Iglesia. «Como creemos que nuestro pensamiento es válido, queremos ofrecerlo a la sociedad. Por eso yo creo que los cristianos tienen que estar en todos los ámbitos sociales».

Asimismo, la Iglesia estuvo presente en la crisis humanitaria durante la guerra de Ucrania, iniciada en 2022. El cardenal recuerda la cercanía de la Iglesia española a la comunidad ucraniana, las oraciones por la paz y las iniciativas de ayuda material y de acogida. «Esta es la iglesia: se asombra, reza y procura estar cerca y caminar con esa gente que nos necesita», destaca.

Jóvenes, familias y una Iglesia más misionera

Al mirar hacia delante, Omella vuelve a hablar de fraternidad. Considera prioritario profundizar en la sinodalidad, pero también fortalecer la presencia de los laicos y acompañar a las familias. Y deposita una parte importante de su esperanza en los jóvenes que siguen buscando respuestas y comprometiéndose en las parroquias y comunidades. «Se necesita gente valiente y con ánimo para ser testigos de algo tan importante. Necesitamos ser más misioneros», afirma.

Sesenta años después de su creación, la Conferencia Episcopal Española sigue siendo, para quien fue su presidente durante cuatro años, un lugar necesario para compartir, discernir y mirar juntos la realidad. «Si no existiese, la tendríamos que haber inventado», dice.