Cardenal Bustillo: «El sacerdote tiene un corazón, una vocación y una misión, tiene que amar» - Alfa y Omega

Cardenal Bustillo: «El sacerdote tiene un corazón, una vocación y una misión, tiene que amar»

El obispo de Ajaccio, que ha sido asesor de CONVIVIUM, ve la comunión sacerdotal como indispensable para vivir la comunión en la Iglesia, pues «cómo podemos predicar a los demás la unidad si nosotros no la vivimos»

Luis Miguel Modino
El cardenal Bustillo en CONVIVIUM
Foto: Archimadrid / Javier Ramírez.

CONVIVIUM, la asamblea presbiteral de la archidiócesis de Madrid, realizada los días 9 y 10 de febrero de 2026 ha tenido entre sus asesores al cardenal Francisco Javier Bustillo. El obispo de Ajaccio ve la comunión sacerdotal como indispensable para vivir la comunión en la Iglesia, pues «cómo podemos predicar a los demás la unidad si nosotros no la vivimos».

El cardenal Bustillo ve necesario en los sacerdotes una vida personal, espiritual y humana equilibrada, con una libertad que les permita ser auténticos. Un ministerio que debe ser vivido con creatividad y audacia, teniendo como empeño fundamental amar. Presbíteros a los que llama a no ser ni acomplejados ni arrogantes, sino libres y con capacidad de darse, «para que la Iglesia y la sociedad vaya mejor, para que haya más amistad, más fraternidad y más eficiencia en la misión».

—La Iglesia es comunión, sinodalidad, en términos actuales. CONVIVIUM es una iniciativa de comunión. ¿Esta comunión presbiteral es condición indispensable para vivir la comunión en toda la Iglesia?
—Cómo podemos predicar a los demás la unidad si nosotros no la vivimos. Jesús nos dio un mandamiento, nos dio un reto de amarnos y de estar unidos. Si en la Iglesia, no estamos unidos, si los sacerdotes no están unidos, perdemos nuestra identidad y perdemos el sentido profundo de lo que Jesús nos pidió. Es un reto magnífico para la Iglesia de Madrid, vivir estos momentos de unidad, de comunión. Hay diversidad en la Iglesia, porque somos todos distintos, no somos clones, pero podemos aportar cada uno su especificidad y poder aportar a la Iglesia la unidad. Que seamos distintos no quiere decir que sea un peligro para la Iglesia.

Los asistentes a CONVIVIUM siguen la ponencia del cardenal Bustillo desde una sala.
Los asistentes a CONVIVIUM siguen la ponencia del cardenal Bustillo desde una sala. Foto: Archimadrid / Javier Ramírez.

—En nuestros días, ¿cuáles son los desafíos que enfrentan los sacerdotes para vivirla y ser fermento de comunión?
—Los sacerdotes deben tener una vida personal, espiritual y humana equilibrada. Hoy en día los sacerdotes están muy solicitados por reuniones, encuentros y son poco numerosos. Hay una tensión entre las solicitaciones pastorales y lo que uno puede dar de verdad. Tiene que haber una disciplina, una autodisciplina personal para poder dar y transmitir lo que sea justo y lo que sea evangélico. Debe tener en cuenta su salud y su alegría. Lo digo mucho en Francia a los sacerdotes, que no pierdan la salud y la alegría y que tengan una vida equilibrada. Si tienen salud y alegría van a poder testimoniar, poder ser testigos con eficacia y con una cierta fecundidad.

—En su ponencia hablaba de vidas sacerdotales auténticas. ¿Cuáles son las notas que deben estar presentes en la vida presbiteral para que ésta sea auténtica?
—La vida sacerdotal necesita mucha libertad. A veces, en la vida sacerdotal, y sobre todo en tiempos como los nuestros, en occidente, puede haber muchos condicionamientos y podemos perder la libertad. Es importante que vivamos la libertad para ser auténticos. Si somos coherentes con el Evangelio, habrá una autenticidad natural. Si estamos en los artificios y en lo superficial perdemos nuestra alma. Los sacerdotes pueden decir a la sociedad, pueden decir, incluso al interior de la Iglesia: nosotros queremos ser testigos de Jesús y queremos vivir lo que Jesús nos ha pedido.

Transmitir con sencillez y con autenticidad quiénes somos, lo que queremos vivir y lo que estamos viviendo. El mundo y la sociedad necesitan testigos auténticos, no algo artificial y superficial. Ya lo vemos en la televisión, en muchos sitios, los testigos pasan y desaparecen. El sacerdote se queda y tiene que ser coherente toda su vida, desde los 25 años hasta los 90 y más. Coherente en la vida y para eso debe tener cuidado y tiene que ser un hombre auto disciplinado para ir hacia adelante.

—Audacia y creatividad contra el fatalismo y el desánimo es uno de los retos a los que se enfrenta el presbítero hoy. ¿Cómo cree que eso se puede concretar en la vida sacerdotal en vista de una misión que encarne el Evangelio?
—Nuestra sociedad, en la que hay mucha gente que está fuera de la Iglesia o en la periferia de la Iglesia, nos estimula mucho. En vez de quejarnos y lamentarnos porque todo va mal, porque la gente no va a misa, porque hay pocos jóvenes, porque hay pocos niños, lo que es interesante e importante para nosotros es el aspecto de la creatividad y de la audacia. Hay que ir hacia delante, hay dificultades, pero cuando hay dificultades, lo típico de las crisis es atravesar las crisis, superar las crisis. No sólo constatar que hay problemas, sino decir qué podemos aportar a la sociedad con nuestro patrimonio evangélico y eclesial, qué podemos dar a la sociedad para resucitar el patrimonio evangelio que está en nuestra familia.

—Ser pastores discípulos de Jesús es algo a lo que los sacerdotes son llamados. ¿Cómo combinar el amor a Cristo y el compromiso de dar la vida por las ovejas, de entregar la vida al servicio del pueblo de Dios?
—Si nosotros preguntamos a la gente qué hace un sacerdote, muchos nos van a hablar de lo que hace, de las reuniones, de la organización, de los sacramentos. Es verdad que el sacerdote hace muchas cosas, pero no olvidemos su vocación principal, que es amar. Un sacerdote no es un ser que no tiene corazón, no es una máquina que tiene que hacer cosas. El sacerdote tiene un corazón, una vocación y una misión, tiene que amar. Cuando tú recibes a una pareja para un bautizo, que quieren casarse o en una situación difícil como los funerales, la manera de amar del sacerdote es la calidad relacional que va a ofrecer a esas personas. Que los sacerdotes no olviden que su vocación principal es amar a las personas. Amar al Señor y cuando amas al Señor, amas a las personas.

El cardenal Bustillo en CONVIVIUM
Foto: Archimadrid / Javier Ramírez.

—CONVIVIUM es una oportunidad para descubrir qué tipo de sacerdotes necesita Madrid en este tiempo. ¿Qué debería definir a estos presbíteros?
—Los presbíteros de Madrid del siglo XXI no tienen que ser ni acomplejados ni arrogantes. Tienen que ser libres y deben tener esa capacidad de darse, ser un don de sí. El sacerdote de Madrid del siglo XXI tiene que dar su vida, su tiempo, sus capacidades para que la Iglesia y la sociedad vaya mejor, para que haya más amistad, más fraternidad y más eficiencia en la misión. Cuando los sacerdotes tienen amistad entre ellos, ven los retos y comparten lo que ven y lo que viven para que la misión de la Iglesia sea más eficaz.