Caminar juntos, rezar juntos, trabajar juntos

Los pecados de miembros de la Iglesia, los escándalos financieros, los excesos del capitalismo salvaje, la reforma de la Curia romana, los esfuerzos por la paz en Tierra Santa, los pasos hacia…

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Los pecados de miembros de la Iglesia, los escándalos financieros, los excesos del capitalismo salvaje, la reforma de la Curia romana, los esfuerzos por la paz en Tierra Santa, los pasos hacia la unidad con los ortodoxos, la situación de la pastoral familiar…: nada rehúye el Santo Padre al analizar la actualidad. Éstas son algunas de sus respuestas a los periodistas a bordo del avión

Santo Padre, en estos días se han hecho algunos gestos que se han recuperado en todo el mundo: la mano en el muro de Belén, besar los supervivientes en Yad Vashem, el beso de ayer en el Santo Sepulcro, con Bartolomé, la invitación a los Presidentes israelí y palestino al Vaticano, para rezar por la paz…

Los gestos más auténticos son los que vienen espontáneamente. Pensé: Se podría hacer algo… La invitación a los dos Presidentes a la oración, se había pensado que se hiciera allí, pero había problemas logísticos. No es fácil. Al final salió lo que espero que venga bien ¿no? Pero no fueron gestos preparados…

Voy a hacer una aclaración sobre este encuentro en el Vaticano: será un encuentro de oración, no será para una mediación o buscar soluciones. Nos reuniremos a orar, solamente. Y después cada uno se va a casa. La oración es importante y orar juntos sin hacer otras discusiones ayuda. Será un encuentro de oración: habrá un rabino, habrá un musulmán y yo voy a estar allí.

¿En qué manera se puede resolver la cuestión Jerusalén para obtener una paz estable y duradera?

La Iglesia católica tiene su posición desde el punto de vista religioso: será la ciudad de la paz de las tres religiones. De verdad, yo no me siento competente para decir: Se haga esto o esto, porque sería una locura de mi parte, pero creo que se deba entrar con honestidad, hermandad, mutua confianza en el camino de la negociación. Hace falta coraje para hacer esto. Yo rezo mucho al Señor para que estos dos dirigentes, estos dos gobiernos tengan el coraje de ir adelante. Éste es el único camino para la paz.

Usted se ha referido, con palabras muy duras contra el abuso sexual de menores por parte del clero, de sacerdotes. Y ha creado una comisión especial para afrontar mejor este problema. ¿Qué hará Usted en caso de que haya un obispo que, claramente, no haya observado estas obligaciones?

En Argentina, a los privilegiados les decimos: Éste es un hijo de papá. En este problema no habrá hijos de papá. En este momento, hay tres obispos que están siendo investigados: uno ya ha sido condenado y se está evaluando la pena que se le debe aplicar. No hay privilegios. El abuso contra menores es un delito horrible, muy feo… Nosotros sabemos que es un problema grave por doquier, pero a mí me interesa la Iglesia. Un sacerdote que hace esto traiciona el Cuerpo del Señor, porque este sacerdote debe llevar a este niño, a esta niña, a este muchacho, a esta muchacha a la santidad; y este muchacho, esta niña se fía, y éste, en lugar de llevarlos a la santidad, abusa de ellos. ¡Y esto es gravísimo! Es precisamente como… haré sólo una comparación, es como hacer una misa negra. Tú debes llevarlo a la santidad y lo llevas a un problema que durará toda la vida…

Posiblemente, el 6 o el 7 de junio, o los primeros días de junio, habrá una Misa en Santa Marta con seis u ocho personas que han padecido abusos, y después tendré una reunión con ellos. Serán ocho personas y conmigo estará el cardenal O’Malley que es de la Comisión. Pero sobre esto hay que ir adelante, adelante: tolerancia cero.

Desde el primer día de su pontificado, usted lanzó este fuerte mensaje de una Iglesia pobre en sencillez y austeridad; pero a veces vemos que hay escándalos. ¿Qué es lo que piensa hacer ante estas contradicciones?

El Señor Jesús dijo a sus discípulos: «Es inevitable que haya escándalos». Somos humanos, pecadores todos. El problema es evitar que haya más. En la gestión económica: honestidad y transparencia. Las dos Comisiones, la que ha estudiado el IOR y la que estudió todo el Vaticano, han hecho sus conclusiones, y ahora, con la Secretaría de la economía que dirige el cardenal Pell, se llevarán a cabo las reformas que estas Comisiones han recomendado. Pero habrá incongruencias, siempre habrá, porque somos humanos, y la reforma debe ser continua. Tenemos que estar atentos para reformar cada día la Iglesia, porque somos pecadores, somos débiles y habrá problemas.

¿Está preocupado con el crecimiento de los populismos en Europa tras el resultado electoral al Parlamento de la UE?

En estos días, he tenido tiempo de rezar el Padre Nuestro, un poco [ríe], pero no tengo noticias de las elecciones, de verdad. No tengo los datos. Sobre el populismo, este es un argumento del que he oído hablar, la confianza o la desconfianza en Europa, ¿no? Incluso con el euro, algunos quieren volver atrás… Sobre estas cosas yo no entiendo mucho. Pero hay una palabra clave: el desempleo. Esto es grave. Formamos parte de un sistema económico global, donde en el centro está el dinero, no la persona humana. En un verdadero sistema económico, en el centro debería estar el hombre y la mujer, la persona humana. Y hoy, en el medio está el dinero. Para mantener esto, para equilibrarse, se debe ir adelante con las algunas medidas de descarte. Y se descarta a los niños -el nivel de natalidad en Europa no es muy alto, ¿eh?-, se descarta a los ancianos: no sirven, incluso con situaciones de eutanasia oculta, en muchos países, ¿no es así? Y ahora mismo, descartamos también los jóvenes, y esto es muy grave: en Italia, el desempleo juvenil es casi del 40%; en España, es del 50% -en Andalucía, del 60%-. ¡Esto significa que hay toda una generación de ni-ni: no estudian ni trabajan, y esto es muy grave! Se descarta una generación de jóvenes. Para mí, esta cultura del descarte es muy grave. Yo no he tenido miedo de escribir en la exhortación Evangelii gaudium: «Este sistema económico mata». Y lo repito.

¿Qué va a suceder con los divorciados en segunda unión?

El próximo Sínodo de los Obispos será sobre la familia, sobre el problema de la familia y sobre sus riquezas y situación actual. La exposición preliminar que hizo el cardenal Kasper tenía cinco capítulos: cuatro sobre las cosas bellas de la familia y sobre su fundamento teológico. El quinto capítulo era sobre el problema pastoral de las separaciones, la nulidad matrimonial, los divorciados…, y aquí entra el problema de la Comunión. No me ha gustado que muchas personas -incluso de la Iglesia, sacerdotes- hayan dicho: El Sínodo es para dar la Comunión a los divorciados que se han vuelto a casar. Me ha parecido que todo se reducía a la casuística. No, el asunto es más amplio. Hoy -lo sabemos-, la familia está en crisis, en una crisis mundial. Los jóvenes no se casan, conviven. El problema pastoral de la familia es más amplio. Me ayuda algo que el Papa Benedicto ya dijo en tres ocasiones: hay que estudiar los procedimientos de nulidad matrimonial, estudiar la fe con la que una persona va al Matrimonio y aclarar que los divorciados no están excomulgados -muchas veces son tratados así-. El Sínodo será sobre la familia: su riqueza, sus problemas, soluciones, nulidades…, pero todo junto. ¿Por qué un Sínodo sobre la Familia? Elegir el tema del Sínodo fue una experiencia espiritual muy fuerte. Al principio, iba a ser la continuación del Sínodo sobre la evangelización, pero poco a poco se acabó hablando sobre la familia, la aportación de la familia, lo que lleva Cristo a la familia… Estoy seguro de que el Espíritu del Señor nos guió hasta este punto, porque la familia tiene hoy necesidad de mucha ayuda pastoral.

¿En su encuentro con el Patriarca Bartolomé, más allá del signo fuerte de la Declaración común y la oración, hablaron de pasos concretos de acercamiento? Quizás la Iglesia católica podrá aprender algo de las Iglesias ortodoxas, refiriéndose en lo específico a los sacerdotes casados…

La Iglesia católica tiene sacerdotes casados: los católicos griegos, los católicos coptos… Hay sacerdotes casados en el rito oriental. El celibato no es un dogma de fe: es una regla de vida que yo aprecio mucho y creo que es un don para la Iglesia. No siendo un dogma de fe, está siempre la puerta abierta: en este momento no hemos hablado de esto, como programa, al menos en este tiempo. Tenemos cosas más fuertes que emprender. Con Bartolomé este tema no ha sido tocado, porque, de verdad, es secundario en las relaciones con los ortodoxos. Hemos hablado de la unidad: pero la unidad se realiza en el camino, la unidad es un camino. Nosotros no podemos jamás construir la unidad en un congreso de teología. Él me contó que Atenágoras le dijo a Pablo VI: Metamos a todos los teólogos en una isla, para que discutan entre ellos y nosotros caminemos juntos. Caminar juntos, rezar juntos, trabajar juntos en tantas cosas que podemos hacer juntos: ayudarnos juntos.

Otra cosa de la que hemos hablado y que quizás en el Concilio pan- ortodoxo se haga algo sobre la fecha de la Pascua, porque la fecha de la Pascua es un signo de unidad. Y una cosa de la que hemos hablado bastante es el problema de la ecología: hemos hablado mucho de hacer juntos un trabajo conjunto sobre este problema.

¿Cuáles son sus planes en favor de las personas que sufren ante la falta de libertad de religión, en países como son Corea del Norte y China?

Respecto a Asia, están programados dos viajes: a Corea del Sur, para el encuentro con los jóvenes asiáticos y, a continuación, en enero del próximo año, un viaje de dos días a Sri Lanka y después a Filipinas, en la zona que sufrió el impacto del tsunami. El problema de la falta de libertad para practicar la religión no es sólo un problema de algunos países asiáticos. La libertad religiosa es una cosa que no todos los países tienen. Algunos tienen un control más o menos ligero, tranquilo; otros adoptan medidas que acaban en una verdadera persecución de los creyentes. Hay mártires, ¿eh? Hay mártires también hoy: mártires cristianos. Debemos acercarnos, en algunos lugares con prudencia, para ir a ayudarlos; debemos rezar mucho por estas Iglesias que sufren.

Si en un futuro lejano, usted sintiera que no tiene más fuerzas para llevar adelante su ministerio, ¿dejaría el pontificado?

Yo haré lo que el Señor me diga que haga: rezar, buscar la voluntad de Dios. Pero yo creo que Benedicto XVI no es un caso único. Sucedió que no tenía las fuerzas y, honestamente, siendo un hombre de fe, tan humilde, tomó esta decisión. Creo que él es una institución: hace 70 años, los obispos eméritos casi no existían. Y ahora hay tantos. ¿Qué sucederá con los Papas eméritos? Creo que debemos verlo a él como a una institución. Él ha abierto una puerta, la puerta de los Papas eméritos. Habrá otros, ¿o no? Dios lo sabe. Un Papa que siente que sus fuerzas decaen -porque ahora se vive tanto tiempo- debe hacerse las mismas preguntas que se planteó el Papa Benedicto.

¿Tiene intención de seguir adelante con la causa del Papa Pacelli?

La causa de Pío XII está abierta. Yo me informé: todavía no hay ningún milagro y si no hay milagros no puede avanzar. Está parada allí. Yo no puedo pensar: ¿Lo beatificaré, o no?, porque el proceso es lento.

¿Cuáles son los obstáculos a su reforma de la Curia Romana, y a qué punto nos encontramos hoy?

El primer obstáculo soy yo… [ríe] Nos encontramos en un buen punto. El Consejo de cardenales estudia toda la Constitución Pastor Bonus y la Curia romana. Ha hecho consultas con todo el mundo, con toda la Curia y comienza a estudiar algunas cosas: esto se puede hacer de esta manera, esto de otra, unir algunos dicasterios, por ejemplo, para aligerar un poco la organización… Uno de los puntos clave fue el económico, y el dicasterio de la economía ayudará mucho. Debe trabajar junto con la Secretaría de Estado, porque es un conjunto de cosas, están unidos, se hace todo juntos… Se trabaja bastante. La parte económica es aquella que primero vino afuera porque había algunos problemas de los que prensa ha escrito suficiente, y debíamos verlos. Yo estoy contento: de verdad, estoy contento.