Cal y arena en China: un obispo clandestino es reconocido por el Gobierno; otro, detenido

Con la toma de posesión de monseñor Pietro Li Huiyuan como obispo de Fengxiang, en China, toda la diócesis para a ser reconocida por el régimen comunista. Pocos días antes, otro obispo clandestino, monseñor Agostino Cui Tai, era detenido de nuevo por las autoridades

Alfa y Omega
Foto: Asia News

Con la toma de posesión de monseñor Pietro Li Huiyuan como obispo de Fengxiang, en China, toda la diócesis para a ser reconocida por el régimen comunista. Pocos días antes, otro obispo clandestino, monseñor Agostino Cui Tai, era detenido de nuevo por las autoridades

Una de las claves para comprender la compleja situación de la Iglesia en China es que «muchísimo depende de las autoridades locales». Como explicaba hace unas semanas un sacerdote del país a Alfa y Omega, unas pueden tener como prioridad «mantener la paz social y no crear conflictos», mientras otras quizá buscan «buenos datos que ofrecer al Gobierno central».

Dos noticias llegadas desde el gigante asiático con apenas unos días de diferencia son buena prueba de ello. La primera es la toma de posesión el fin de semana pasado de monseñor Pietro Li Huiyuan como obispo de Fengxiang (Shaanxi), reconocido por el Gobierno. En 2015, la Santa Sede lo había nombrado obispo coadjutor, destinado a suceder al obispo clandestino Luca Li Jingfeng.

Monseñor Li Jingfeng siempre había rechazado formar parte de la Asociación Patriótica, el organismo establecido por el régimen para controlar al clero católico. Pero al mismo tiempo preparó la transición que debía producirse después de su muerte o renuncia.

Un frente común

En diálogo con las autoridades y con sus sacerdotes, se mostró dispuesto a aceptar el reconocimiento del Gobierno con la condición de que esto no implicara romper su vínculo con el Papa y siempre que se garantizara la libertad religiosa de su comunidad. Así lo narra el redactor de AsiaNews Wang Zhicheng en la noticia sobre la celebración.

El obispo contaba en este diálogo con el apoyo de sus sacerdotes y del resto de obispos de la provincia, lo cual facilitaba la relación con las autoridades. Sin embargo, aunque estas le ofrecieron algunas garantías, el paso no se logró dar antes de su muerte en 2017. La diócesis seguía en la clandestinidad, pues su sucesor canónico seguía sin ser reconocido por el Gobierno local.

El proceso ha podido cerrarse tres años después, cumpliendo los requisitos impuestos por el régimen chino: que el candidato a ocupar la sede episcopal sea elegido por una votación del comité diocesano, formado por representantes de los 20.000 fieles, 50 sacerdotes y 200 religiosas de la diócesis. Monseñor Li Huiyuan, de 55 años y «respetado por todos», logró la totalidad de los votos.

Toda la diócesis pasa a ser oficial

Con su toma de posesión toda la diócesis pasa de la Iglesia clandestina a la oficial, a la vez que sigue contando con el reconocimiento de Roma. Un cambio que en la diócesis se ha vivido, según varios sacerdotes en declaraciones a AsiaNews, con «tranquilidad».

En la ceremonia, celebrada en la catedral de San José, participaron a pesar de las restricciones debidas a la pandemia de coronavirus seis obispos de la provincia. Acudieron también seis fieles, y varias autoridades civiles. En esta provincia, explica Zhicheng, «el Gobierno [local] busca desde hace tiempo una cierta armonía con la Iglesia». Así, cuando hace poco tiempo ordenaron la destrucción de una iglesia situada en pleno centro de la localidad de Qianyang, pidieron disculpas a la comunidad católica.

Debían seguir, explicaron, las indicaciones de la nueva regulación de las actividades religiosas que entraron en vigor en 2018 y prevén estrictas normas para los lugares de culto. A cambio, prometieron la concesión de un templo en las afueras.

Detenciones continuas desde 2017

La actitud de las autoridades es muy distinta en las regiones de Fujian, Zhejian, Henan, Guangdong o Heilongjiang, donde se muestran muy duras con las comunidades no oficiales. También en Hebei se ha producido en los últimos días un incidente de persecución: una nueva detención a monseñor Agostino Cui Tai, obispo no oficial de Xuanhua.

Según el relato de algunos fieles, la Policía lo detuvo el 19 de junio y lo trasladó a un lugar desconocido. Había sido puesto en libertad en enero, y estos cinco meses han sido el período de libertad más largo para él. Desde 2007, cuando aún era sacerdote, sufre continuas detenciones y puestas en libertad, siempre sin que se presenten cargos contra él ni haya ningún proceso judicial, informa AsiaNews.

Diócesis fantasma

«Es una vergüenza que una persona tan dulce sea tratada así, incluso contra las leyes chinas», lamentaba un fiel de la diócesis en declaraciones a esta publicación del Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras. Las continuas detenciones «se han convertido en una rutina, pero no permiten al obispo celebrar ni cuidar de sus ovejas. Este pastor es en realidad un cordero que va a ser sacrificado».

En 2013, Cui Tai fue ordenado obispo y nombrado por la Santa Sede coadjutor de Xuanhua, designado para suceder al ordinario, monseñor Thomas Zhao Kexun, también clandestino y de 96 años. La diócesis de Xuanhua no existe para el Gobierno chino, que en 1980 constituyó la de Zhangjiakou (no reconocida por la Iglesia) incluyendo su territorio.

Alfa y Omega