Cabeza fría y corazón cristiano

El asesinato por degollamiento de un sacerdote mientras oficiaba Misa, y el de un laico que asistía a ella, en la iglesia de Saint-Etienne-du Rouvray, coincidiendo además con el inicio de la Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia, llena nuestros corazones de dolor y de inquietud, pero deben estar ausentes de ellos, los sentimientos de venganza o miedo

Colaborador

El asesinato por degollamiento de un sacerdote mientras oficiaba Misa, y el de un laico que asistía a ella, en la iglesia de Saint-Etienne-du Rouvray, coincidiendo además con el inicio de la Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia, llena nuestros corazones de dolor y de inquietud, pero deben estar ausentes de ellos, los sentimientos de venganza o miedo. Europa necesita mantener más que nunca la cabeza fría y el corazón cristiano, de lo contrario cometeremos errores terribles, y nos comportaremos de una manera que nos aleja de Jesucristo.

Pensamos que esta reflexión sirve tanto a quienes somos sus seguidores, como a todas aquellas otras personas de buena voluntad.

Lo que está sucediendo es terrible. Los atentados en Francia y Alemania, nos llenan de inquietud. Pero debemos recordar por una razón de realismo, que los cristianos, están siendo perseguidos y masacrados por el Daesh desde hace años. También los propios musulmanes sufren continuamente atentados atroces.

En e-Cristians como organización que trabaja para llevar la concepción cristiana a la vida pública, consideramos que debemos realizar una doble reflexión, una en el orden secular, en el que trascurre nuestra vida cotidiana, y otro en el de nuestra fe, que llena esta vida.

En el orden secular, y a pesar de algunos fallos evidentes en la seguridad pública, debemos mantener la cabeza fría, simplemente apelando a nuestra experiencia reciente. Entre los años sesenta y setenta del siglo pasado, Europa estuvo trufada de terrorismo propio e importado. Las Brigadas Rojas en Italia, el secuestro y asesinato de Aldo Moro, dirigente demócrata cristiano, las acciones de los grupos de ultraderecha, los atentados de la Fracción del Ejército Rojo en Alemania, las matanzas de ETA en España, fueron terribles. Desde fuera, el terrorismo de determinadas fuerzas laicas palestinas, provocaron crueles asesinatos. Como no recordar lo que sucedió en los Juegos Olímpicos de Múnich, el secuestro y atentado contra aviones, incluso de un buque entero, como el Achille Lauro.

No se trata ahora de contar la historia, sino de hacer presente que no es la primera vez que el terrorismo nos amenaza; ni tan siquiera es la peor.

¿Y qué sucedió? Es evidente. Los portadores de la muerte, los cainitas, fueron derrotados por las instituciones de una sociedad que supo mantenerse en la democracia, que no apeló a soluciones fuera de la lógica del derecho, que no acudió a populismos, ni nacionalismos chovinistas. Ningún terrorismo, la minoría de una minoría, soporta este desgaste. Porque son ellos los que se deterioran con el paso del tiempo. Es suficiente que nosotros los ciudadanos nos mantengamos con la cabeza fría, sin caer en temores e histerismos, que actuemos con normalidad, que confiemos en las instituciones que tienen como misión protegernos y hacer justicia. Con eso basta y sobra para vencer. Apelamos a la solidez de la normalidad. El terrorismo solo es peligroso cuando consigue propagar el terror, fracasa cuando no lo logra. Somos soldados pacíficos en esta guerra y nuestra contribución es la que da la victoria. Sin miedo, con normalidad, sin histerias.

Aunque hay que añadir en este caso algo más: el Daesh ha crecido porque Estados Unidos, Europa, han sido complacientes con él y quienes en principio los alimentaban, aunque después hayan retirado la mano. Digamos sus nombres: Arabia Saudí, Qatar (el sponsor del FC Barcelona, y eso dice mucho de la pobreza de algunos corazones), Turquía. Es necesario que desaparezca aquel foco de maldad radical, vejación y esclavitud, y que además esto suceda rápidamente, de manera clara, y no como un goteo. Los gobiernos de Estados Unidos y de Europa han contraído una grave responsabilidad que deben asumir y reparar.

El Papa Francisco ha mostrado su dolor por lo sucedido, un sufrimiento acentuado por el hecho de que el padre Jacques Hamel fue asesinado en plena Eucaristía, cuando en pleno acto litúrgico imploraba de Dios la paz para el mundo. El Papa reitera el llamamiento a la fraternidad y la reconciliación y esta es una cuestión crucial. Sería injusto proyectar los actos abyectos de la gente del Daesh sobre los musulmanes, primero porque ellos también lo sufren, y segundo, porque nada tiene que ver. Nuestra sociedad tiende a este tipo de culpabilización. Los horribles asesinatos de algunas mujeres por sus parejas, han dado lugar a discursos, incluso legislaciones en el caso de España, en lo que pesa no es el delito en sí, sino si es un hombre el que lo comete. Más que nunca debemos trabajar con los musulmanes, desde nuestra realidad y testimonio cristiano, y como miembros, unos y otros, de la fraternidad humana.

Muchos de nuestros hijos comparten la Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia, dedicada precisamente a la misericordia. Acompañémoslos confiadamente con nuestra oración.

e-Cristians