«Buscaron la paz y encontraron la guerra, lucharon por la libertad y fueron víctimas de los tiranos»

El arzobispo castrense, monseñor Juan del Río, celebró ayer el funeral por el alma de los dos policías nacionales que murieron el viernes en Kabul a causa de un atentado. «El mejor homenaje a estos servidores públicos, es que sigamos unidos los españoles frente a las múltiples caras del terrorismo internacional», dijo Del Río

José Calderero de Aldecoa

El arzobispo castrense, monseñor Juan del Río, celebró ayer el funeral por el alma de los dos policías nacionales que murieron el viernes en Kabul a causa de un atentado. «El mejor homenaje a estos servidores públicos, es que sigamos unidos los españoles frente a las múltiples caras del terrorismo internacional», dijo Del Río

El complejo policial de Canillas en Madrid acogió ayer el funeral por el alma de Jorge García Tudela e Isidro Gabino Sanmartín, policías nacionales que fallecieron en Afganistán a causa del atentado terrorista que el viernes golpeó las inmediaciones de la Embajada de España en Kabul (Afganistán).

Al acto asistieron los Reyes de España, don Felipe y doña Letizia así como un gran representación de los políticos de España. Estuvo presente el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, además de los candidatos del PSOE, Podemos y Ciudadanos, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera, entre muchos otros.

La Misa fue celebrada por monseñor Juan del Río, arzobispo castrense, quien en su homilía aseguró que «el mejor homenaje a estos servidores públicos, es que sigamos unidos los españoles frente a las múltiples caras del terrorismo internacional». El prelado explicó que los fallecidos «llevaron en su mochila a Afganistán el amor a España y la libertad para su gente».

José Calderero @jcalderero

 

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«El justo, aunque muera prematuramente tendrá descanso» (Sab 4,7).

«Maduraron en pocos años, cumplieron mucho tiempo» (Sap 4,10).

«¡Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado!» (Mar 15,34).

Con toda humildad me dirijo, especialmente a vosotros familiares de Jorge e Isidro. Siento humanamente la misma impotencia de todos los aquí presente, y de aquellos que nos siguen a través de los diferentes Medios de Comunicación Social, ante el vil asesinato de estos servidores públicos. Eran hombres de bien, valientes españoles del Cuerpo Nacional de Policía, tenían sus familias, que pronto los esperaban y que de repente, se encontraron con un doloroso viernes del Calvario.

Vosotras esposas, hijos, padres, hermanos y demás familiares, junto con toda España, sentisteis el desgarro ante la noticia, la profunda soledad de algo que se ha perdido irreparablemente. Al igual que el Justo, Jesús de Nazaret, exclamasteis: «Dios mío, Dios mío porque nos has abandonado». Con nuestros amigos Jorge e Isidro, sucedió como cuando crucificaron a Cristo en la cruz, los que lo hacían, creían dar gloria a Dios.

Pues bien, estos valientes policías nacionales, servidores de nuestra propia seguridad y la del Estado: buscaron la paz y encontraron la guerra, lucharon por la libertad y fueron víctimas de los tiranos, custodiaban nuestras instituciones y les pagaron con la muerte. Pero sus nombres quedarán grabados en los corazones de sus familias, de sus compañeros, y de todos los españoles de bien.

El drama que nos ha descrito el Evangelio proclamado, también se repite cuando se utiliza en Nombre de Dios en vano, manipulando lo sagrado de cualquier credo o religión en función de egoísmos particulares, con el deseo de dominio e imposición del terror frente a la libertad de las personas y de los pueblos. Por eso mismo, el terrorismo yihadista es una blasfemia contra Dios y contra la dignidad de la persona. Es un mal diabólico que hace daño, en primer lugar a sus propias creencias y siembra la muerte indiscriminada entre los inocentes, como ha sucedido con nuestros hermanos Jorge e Isidro. El mejor homenaje a estos servidores públicos, es que sigamos unidos los españoles frente a las múltiples caras del terrorismo internacional.

En el Calvario hay un signo de esperanza que sale de la profesión de fe de un hombre perteneciente a la milicia de entonces, un centurión romano que dice: «Realmente, este hombre era Hijo de Dios». El enigma del sufrimiento y de la muerte únicamente se esclarece a la luz de Aquel que fue ajusticiado en el Gólgota, y que no es uno más de la historia. Porque El siendo hombre, vivió su muerte física como un acto supremo de amor y libertad ¡Esto es lo que ha sucedido con las muertes violentas de nuestros hermanos! Ellos llevaron en su mochila a Afganistán, el amor a España y la libertad para su gente, por eso sus nombres están rubricados en el Libro de la Vida (Cf. Ap). Pero Cristo, por su condición divina, venció a la muerte y nos llamó a la Resurrección, de ahí que podamos cantar que: «la muerte no es el final del camino», porque estos cuerpos sin vida, como el de Cristo en la cruz, se revestirán de inmortalidad, debido a que el “amor de Dios es más fuerte que la muerte” y no nos ha creado para el vacío, sino para la felicidad eterna.

Deseo concluir, con estas palabras de fe y esperanza, que decía san Agustín:

«La muerte es un tránsito, sólo es un paso a la otra orilla.

Lo que somos unos para los otros seguiremos siéndolo

Dadnos el nombre que siempre nos habéis dado.

Hablad de nosotros como siempre lo habéis hecho.

Rezad, sonreíd, pensad en nosotros.

La vida es lo que siempre ha sido.

El hilo no se ha cortado.

Volveréis a vernos, pero transfigurados y felices, no ya

esperando la muerte, sino avanzando con vosotros por los

senderos nuevos de la Luz y de la Vida», Así sea.

+Juan del Río Martín

Arzobispo Castrense de España

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