Del cura Valera «no se recuerda sermón», pero es beato porque «fue parábola de la misericordia»
Los obispos de Almería, Cartagena y Getafe reivindican en una carta conjunta por el beato cura Valera que «nunca pasó de largo ante las necesidades de sus hermanos»
Huércal-Overa, en Almería, ha acogido este sábado 7 de febrero la beatificación del venerable Salvador Valera, conocido popularmente como el cura Valera. La celebración ha tenido lugar a las 11 horas en el Espacio Municipal de Usos Múltiples presidida por el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio de las Causas de los Santos.
Valera nació el 27 de febrero de 1816 en Huércal-Overa y fue ordenado sacerdote en 1840. Ejerció su ministerio en varias localidades, especialmente en Alhama de Murcia y durante casi cuatro décadas en su pueblo natal. Su causa de beatificación se abrió en 1991 y culminó tras el reconocimiento de un milagro ocurrido en 2007 en Providence, Estados Unidos, cuando un recién nacido sin signos vitales recuperó la vida después de que el médico rezara al cura Valera. León XIV aprobó oficialmente el milagro el 20 de junio de 2025.
Carta pastoral de tres obispos sobre el cura Valera
Con motivo de la beatificación, los obispos de Almería, Cartagena y Getafe han publicado una carta pastoral titulada El beato cura Valera. Una vida para los demás, en la que subrayan que «el Señor nos ha manifestado su gracia en la vida humilde y entregada de este hombre, de este creyente, de este sacerdote que como su Maestro pasó por el mundo haciendo el bien».
Los prelados recuerdan que su santidad nació del pueblo. «Así ha pasado con nuestro cura Valera», cuya memoria permanece viva en Huércal-Overa, donde «muchas casas están adornadas con un cuadro de su querido párroco».

«No escribió nada, no fundó nada, no se recuerdan ninguno de sus sermones», reconocen, pero destacan su entrega silenciosa. Lo definen como «un párroco entregado a su pueblo, en fidelidad, en humildad, y cuidando a sus fieles desde la caridad». Atendió a enfermos de cólera, fue condecorado por el Estado y trabajó sin descanso tras terremotos e inundaciones. «Fue padre de los pobres, de los enfermos, de los marginados».
La carta sitúa su vida en un siglo XIX marcado por guerras, epidemias y crisis políticas, y afirma que el cura Valera fue «un faro entre las tormentas y roca firme en medio de su pueblo». Su espiritualidad se resume en una frase clave: «Su vida fue una parábola viva de la misericordia de Dios».
«No necesitaba más que a Cristo»
Ordenado sacerdote con «dispensa de edad y pelo blanco», vivió con austeridad: «no necesitaba nada más que a Cristo para ser feliz». Su ministerio se caracterizó por la cercanía: «su casa estaba siempre abierta, y su corazón aún más». Un testigo lo resumió así: «No ha dicho nada extraordinario, pero con tal sencillez y tal fe que yo salgo completamente emocionado».

Los obispos subrayan su amor a la Eucaristía, al confesionario y a los pobres, recordando que «nunca pasó de largo ante las necesidades de sus hermanos». Para su gente, los favores atribuidos a su intercesión eran simplemente «las cosas del cura Valera».
Ahora, casi dos siglos después de su nacimiento, la Iglesia reconoce oficialmente lo que su pueblo ha sostenido durante generaciones: que en este sacerdote «brilló con especial transparencia la gracia de Cristo Buen Pastor».