«Le rompieron el camisón diciendo que la iban a violar»

Ataque a religiosas en R. D. Congo: «Le rompieron el camisón diciendo que la iban a violar»

Una de las muchas bandas de delincuentes que se están extendiendo por Kinshasa irrumpió en la noche del 19 de marzo en la comunidad de la Congregación de Santo Domingo. «Nos hemos quedado sin nada», relata una hermana

María Martínez López
Vecinos miran por el boquete por el que entraron los criminales.
Vecinos miran por el boquete por el que entraron los criminales. Foto: Congregación de Santo Domingo.

Han pasado doce días pero «todavía nos dura el susto», confiesa una hermana de la Congregación de Santo Domingo. Se refiere al ataque que sufrió en la noche del 18 al 19 de marzo su comunidad, formada por nueve hermanas y cuatro postulantes en Kimbanseke, un municipio de Kinshasa, capital de la República Democrática del Congo. Esta comunidad regenta un colegio para niños de la zona.

«A las dos de la madrugada entraron en nuestra casa un grupo de bandidos. Empezaron a forzar el portón metálico de la parcela», relata la religiosa a Alfa y Omega. Se trataba de kuluna, una denominación genérica para los delincuentes. «Son el terror de Kinshasa, hasta la Policía los teme». Los que atacaron el convento eran «unos 20». Tenían «machetes, grandes piedras, barras de hierro y martillos gigantes». 

Finalmente, «lograron entrar» en el recinto. «Aunque nosotras gritamos fuerte, nadie salió de su casa. Todo el mundo tiene miedo». A continuación, se dirigieron al edificio. «Como no podían abrir las puertas porque son de hierro, empezaron a romper el muro». Entraron «por la habitación de una hermana y saquearon toda la casa, habitación por habitación». 

«Se llevaron todos los teléfonos, solo hemos conservado uno». También «los ordenadores y todo el dinero que teníamos en casa». Era una cantidad considerable, explica, porque «aquí los bancos no funcionan; están muy lejos y por eso lo tenemos todo aquí». Además, «la ecónoma estaba preparando la paga de los profesores del colegio». 

Brutalidad

«La comunidad nos hemos quedado sin nada», señala la consagrada. Sin embargo, incide en que «Dios nos ha bendecido» porque «estamos sanas y salvas» a pesar de que «venían con mucha brutalidad». Cuando entraron los criminales, narra, «nos fuimos todas hacia un lado de la casa y nos encerramos». El mayor susto fue cuando «a una hermana joven le rompieron el camisón diciendo que la iban a violar». 

Para cuando llegaron los policías, los kuluna ya se habían ido. «Pero nos estamos sintiendo muy apoyadas por los agentes. Han venido a acompañarnos y siguen teniendo presencia y mensajes de cercanía». 

También cuentan, claro, con el apoyo de la Iglesia local. Horas después del ataque, el canciller de la diócesis de Kinshasa, Clet-Clay Manvemba, expresó en un comunicado «la indignación del cardenal Fridolin Ambongo, arzobispo metropolitano». Ambongo manifestaba «su cercanía a las religiosas víctimas de esta barbarie y las anima a resistir, dejándose guiar por la luz de la esperanza», recoge Fides

Inseguridad

Aprovechaba además para «hacer un llamamiento a las distintas congregaciones para que redoblen su vigilancia, sin ceder al pánico ni al miedo». El asalto es una prueba más del aumento de la inseguridad en la capital del país, un problema al margen del conflicto en las regiones del este. Los delincuentes kuluna atacan tanto a civiles como a comunidades religiosas.

Este término proviene del verbo kolona en lingala, que significa «plantar» o «cultivar». En los años 90 del siglo pasado se utilizaba para referirse a los jóvenes urbanos del suroeste del país que cruzaban a Angola en busca de diamantes. Pero desde el cambio de siglo se ha extendido a los delincuentes.

Estas bandas se han ido extendiendo a los barrios centrales y a otras ciudades del país. En respuesta, el Gobierno ha lanzado amplias operaciones en su contra y ha capturado a cientos de delincuentes. Muchos han sido condenados a muerte. «Rezad por esta comunidad y por este país», concluye la religiosa. «La situación es muy dura y difícil», aunque «no somos noticia fuera de aquí».