Así se puede ser una familia con cero residuos

Para proteger el medio ambiente hace falta mucho más que separar y reciclar los residuos. Tampoco se trata de «cambiar un consumismo por otro» ecológico y trendy, «sino replantearnos por qué consumimos», explica Irene González, que con su marido y sus dos hijas tienen un hogar casi sin residuos

María Martínez López

Irene González pertenece a la plataforma Zero Waste (residuos cero), el año pasado se implicó en el Plastic Free July (Julio Sin Plásticos), y este julio organizó «con otras tres damas» un Festival de Sostenibilidad. También colabora en la Comisión Diocesana de Ecología Integral de Madrid. Pero, probablemente, su mayor contribución a la custodia de la creación sea el formar, con su marido y sus hijas, un hogar libre de residuos. O casi.

«Llegar a residuos cero es una utopía, pero se trata de intentar generar los menos posibles». Tanto Irene, bióloga, como su marido llegaron al matrimonio ya con esta inquietud. «Yo era siempre la rara o la cutre que si sobraba pan en un restaurante se lo llevaba porque es un recurso importante que tiene detrás una materia prima y el trabajo de personas».
Al casarse y tener a sus hijas siguieron intentando hacer las cosas así. «Al conocer el Zero Waste, le pusimos nombre a lo que hacíamos. Salimos del armario y empezamos a conocer a gente como nosotros». Otras influencias en su día a día son la comunidad de Taizé, donde «se vive en lo esencial», y «las palabras del Papa de que «el pan que se tira se roba de la mesa de los pobres».

Mejor que reciclar

Tender a los cero residuos, subraya González, es mucho más que separarlos «y confiar en que se puedan reciclar, que en muchos casos no ocurre». Antes de la R de reciclar, hay muchas otras: rechazar lo que no nos hace falta, reducir el consumo, reutilizar, reparar lo que se estropea…

Por eso no se trata de «cambiar un consumismo por otro» ecológico y trendy, «sino replantearnos por qué consumimos». Pone el ejemplo de la quinoa, «que es muy sana pero suele venir de tan lejos que tiene más impacto. Al haberse puesto de moda, se ha vuelto tan cara que la gente que tradicionalmente la consumía ya no puede acceder a ella».

Es más, «¿para qué comprarla teniendo garbanzos que vienen de León, Cuenca o Salamanca? Así además ayudamos a las familias que viven de eso». Tampoco es necesario «tener unas bolsas de tela espectaculares, aunque te las regalen en algún sitio; o comprar pajitas o cubiertos de bambú (se pueden coger los de casa)…».

Ni más caro ni más complicado

Las ideas básicas son pensar mucho mejor qué se compra y por qué, comprar menos, optar por alternativas sin envoltorios o hacer más cosas en casa para no comprar productos envasados. «Nos hemos acostumbrado a lo cómodo», y al pensar en estas cosas se nos plantean «muchas falsas dificultades» que no son tales, asegura González.

Por ejemplo, niega que ser ecológico no es más caro. «Hay cosas que cuestan un poco más. Pero tampoco compramos tanto como antes. Por ejemplo, hemos reducido mucho el consumo de carne», que es lo que más sube la cesta de la compra. Y muchas cosas son más baratas si se preparan en casa con las materias primas y muy poco esfuerzo.

«Lo que hacemos es elegir mejor dónde invertimos nuestro dinero». Por ejemplo, compran chocolate con menos frecuencia («no hace falta tener siempre»), pero de comercio justo. Esta madre de familia asegura que tampoco implica más tiempo. «En hacer muchas de estas cosas tardo menos que en ir a un centro comercial a comprarlas».

«Es atreverse y cambiar el chip»

De vez en cuando acuden a una tienda ecológica a granel, pero son las menos. La mayoría de las veces se apañan reutilizando o preparando las cosas en casa y acudiendo a un mercado cercano donde es más fácil comprar a granel. González es muy partidaria de este cambio, que cambia «el individualismo de ir con tu carrito» por el contacto humano, el dejarse aconsejar en los productos, intercambiar recetas…

«Es acostumbrarse, cambiar el chip y atreverse a darse cuenta de que las cosas pueden ser todo lo simples que las queramos hacer». Eso sí, con paz y sin agobiarse. «Somos conscientes de que esto es un camino y de que haremos cosas mal. También de que hay cosas que quizá no son para nosotros».

Las niñas, zero waste nativas

¿Se puede vivir así con niños? El sí de esta miembro de la Comisión Diocesana de Ecología Integral es rotundo. «Nosotros nos hemos formado para esto», mientras que para las niñas, que ahora tienen 12 y 8 años, «es innato. Tenemos la suerte de que están en un colegio público que apoya todas estas cosas». De hecho, una de ellas dio el año pasado una charla a sus compañeros.

Además de la facilidad para asumir estos hábitos, «intentamos hacerles ver que alguien en alguna parte está pagando cara nuestra comodidad», o el coste añadido de las camisetas de un euro. «Y que todo lo que se tira acaba en alguna parte».

Una práctica que les encanta a las niñas es tener plantas aromáticas y de tomates cherry en el balcón. «Cuando podemos usar o comer lo que producen es una fiesta. Y surge otra forma de relacionarse con la comida, porque ven lo que tarda en salir un tomate y cuánto cuesta conseguirlo. No es algo que se compra rápido y se consume rápido». O que se tira sin pensar si se estropea.

«Por amor a Dios y a los hermanos»

Para Irene y su familia, este estilo de vida es «es cristianismo puro porque todo nace del amor a los hermanos y a lo que nos sustenta». Lo cual no les quita recibir algunas críticas y comentarios negativos desde dentro de la Iglesia. «Dios es importante», responde a quienes le dicen que lo fundamental es adorar a Dios. «No hay que adorar a la pachamama, pero hay que cuidar a la naturaleza, que Él ha puesto en nuestras manos para que la disfrutemos, no para que la exprimamos».

De hecho, lo que los mueve es precisamente «el amor a Dios y a los hermanos. No podemos permitir que se les esté haciendo daño en nuestro nombre. Dios no va a venir a resolver el tema de la contaminación, Él ha puesto a gente para que nos haga ver el problema y nos da los medios» para resolverlo.

13 pistas para ser Zero Waste

1.- «Puedes empezar llevando tus propias bolsas a la compra, también para coger la fruta, y meter distintos tipos en la misma bolsa, juntando las etiquetas. Nunca nos han puesto pegas».

2.- Ajustar la lista de la compra lo más posible. Es mejor comerse un melocotón aunque en ese momento te apetezca un plátano si estos se han acabado que comprar plátanos de más y que estos (o los melocotones) se acaben estropeando.

3.- Evitar las cosas preempaquetadas en bandejas. Además de los residuos, «siempre viene algo más de lo que necesitas que se te puede acabar estropeando».

4.- En los mercados, llevar frascos («nosotros llevamos unos antiguos de cacao en polvo, que pesan menos que los de cristal») para comprar legumbres y frutos secos a granel, y tuppers para la carne.

5.- Usar jabón y champú sólido. No vienen en un bote, ocupan menos (transporte con menos impacto) y duran más. Vale el mismo jabón lagarto o cualquiera de manos. El champú es más difícil de encontrar, pero «ya hay varios pequeños artesanos que te los mandan por correo».

6.- Para las sobras o para la comida del recreo, en vez de papel transparente o albal, en casa se pueden hacer fácilmente «y en diez minutos» envoltorios con tela y cera, o reutilizando una bolsa de legumbres de tela con plástico alimentario por dentro. «Pero si quieres hacerlo más sencillo, simplemente tápalas con otro plato o usa tuppers» de cristal.

7.- «En vez de un batido, las niñas llevan la leche al colegio en un termo. Así, además, en invierno se la pueden tomar calentita».

8.- Recuperar los pañuelos de tela.

9.- Pasarse a cepillos de dientes de bambú o madera. «Hay que cambiarlos lo mismo que los de plástico», pero son biodegradables.

10.- Optar lo más posible por envases de cristal. Y, antes de echarlos a reciclar, reutilizarlos en casa. Cuando se acumulan, «nosotros se los ofrecemos a algún comedor social que a veces los usa para que la gente se lleve la comida a casa, o a tiendas a granel».

11.- «Con jabón sólido casero, o con el mismo lagarto, hago jabón líquido que sirve muy bien tanto para la lavadora, la vajilla y para limpiar baños e incluso el parquet». Con una pastilla en remojo en agua caliente y unos minutos de minipimer, salen cuatro litros, que duran meses.

12.- Muchos productos se pueden hacer rápida y fácilmente en casa en vez de comprarlos envasados. «Nosotros preparamos leche de avena en la thermomix (heredada de mi suegra) después de hacer mantequilla de cacahuete y sale con un saborcito riquísimo. Y después, con los restos de la avena, hacemos bizcocho» al que también se puede añadir algún plátano a punto de estropearse. «En poco mas de una hora tienes leche y productos de desayuno y merienda para varios días, y a las niñas les encanta».

13.- Apostar por la ropa de segunda mano, ya sea heredada, de intercambios con amigos o comprarla en tiendas como las de Moda Re-, de Cáritas.