Así logró Manos Unidas que en procesos de paz de Colombia se escuchara a mujeres

Así logró Manos Unidas que en procesos de paz de Colombia se escuchara a mujeres indígenas

Mujeres como Elizabeth y Yolanda son prueba de cómo las mujeres sufren más los conflictos. Y de cómo tienen mucho que aportar para solucionarlos, si se las tiene en cuenta

María Martínez López
Algunas de las mujeres participantes en el proyecto. Foto: Manos Unidas / Matts Olsson.
Algunas de las mujeres participantes en el proyecto. Foto: Manos Unidas / Matts Olsson.

Las agresiones que sufren las mujeres adopta muchas formas. La líder indígena colombiana Elizabeth Moreno Barco, la Chava, cuenta cómo el Chocó, en el Pacífico colombiano, «ha sido una de las zonas más golpeadas por la violencia. Hemos sufrido desapariciones, confinamientos y asesinatos. Las comunidades han vivido vulneraciones de derechos humanos en todas sus formas». En regiones como Bajo Calima y San Juan del Pacífico colombiano, más de 4.000 personas afrodescendientes e indígenas sufren desplazamientos forzados, confinamientos y reclutamiento forzado.

Aunque pueda parecerlo, a ellas les afecta todo esto de forma más aguda que los hombres. «Ser mujer y asumir el liderazgo en un contexto tan complejo como el del Pacífico colombiano supone un reto doble». Por un lado, «afrontar los riesgos que conlleva ser una voz social en medio de la violencia». Lo ratifica otra compañera, Yolanda Málaga, que cuenta cómo los grupos armados —guerrillas y paramilitares— «nos limitan a la hora de poder expresarnos libremente y poder avanzar en los procesos de paz». 

'La Chava' creó una Escuela de Liderazgo para mujeres con dinero de dos premios que ganó. Foto cedida por Elizabeth Moreno.
‘La Chava’ creó una Escuela de Liderazgo con dinero de dos premios que ganó. Foto cedida por Elizabeth Moreno.

Otra dificultad añadida es, prosigue la Chava, «desafiar las barreras de género que siguen restringiendo nuestra participación en los espacios donde se toman decisiones». Así, mientras luchan por defender a sus comunidades, necesitan reivindicar ante sus familias y otras personas cercanas que «no solamente estamos para la cocina o la crianza». 

Cuatro veces más asesinatos

Los datos avalan su testimonio. Los conflictos multiplican por cuatro los asesinatos de mujeres y niñas, y aumenta en un 87 % la violencia sexual contra ellas, asegura Manos Unidas. La ONGD católica ha publicado, en vísperas del Día Internacional de la Mujer, un comunicado lamentando lo poco que se las tiene en cuenta en la resolución de conflictos. 

«En la mayoría» de los 59 conflictos activos en el mundo, «las mujeres y las niñas son unas de las primeras víctimas», asegura Fidele Podga, su coordinador de estudios y documentación. Además de problemas muy específicos como la violencia sexual, «su acceso a los servicios de socorro queda limitado. Sufren desplazamientos forzosos, pérdida de familiares, destrucción de hogares y falta de acceso a educación, empleo y servicios de salud. Son reclutadas en conflictos armados y, en muchos casos, víctimas de matrimonios forzados o embarazos no deseados». 

A pesar de ello, las mujeres siguen prácticamente excluidas de los procesos de paz: solo una de cada diez negociaciones las incluyó en 2024. Esto contraviene la Resolución 1.325, adoptada en octubre de 2000 por el Consejo de Seguridad de la ONU. Esta reclamaba la plena participación de mujeres en los procesos de paz. También pedía protección contra violencia de género en conflictos, prevención de estos abusos y apoyo a iniciativas lideradas por mujeres en reconstrucción postconflicto. 

Hacerlo no solo protegería más a las mujeres, sino que ayudaría a construir la paz. Cuando ellas están en negociaciones, hay un 35 % más de probabilidades de que los acuerdos se mantengan 15 años o más. Además, su participación civil reduce en un 64 % que la aplicación de los pactos fracase, según ONU Mujeres. 

¿Qué pueden hacer las mujeres?

Revertir esta tendencia es lo que pretende Manos Unidas apoyando proyectos como uno de construcción de paz, promovido por la Regional del Pacífico y la Fundación Solidaria Arquidiocesana, de la archidiócesis de Cali. Mariana Ugarte, responsable de proyectos en Colombia de la ONGD, explica que se involucró a un centenar de mujeres indígenas y afrodescendientes en un proceso de participación comunitaria. 25 «recibieron formación en liderazgo político, derechos humanos, análisis de género e incidencia pública».

Entre las participantes estaba Yolanda Málaga. Explica que «juntas hemos creado redes de resistencia e incidencia formadas tanto por mujeres afrodescendientes como indígenas». 

Mujeres indígenas formadas con ayuda de Manos Unidas. Foto: Matts Olsson.
Mujeres indígenas formadas con ayuda de Manos Unidas. Foto: Matts Olsson.

Como fruto de ello, no solo se crearon cuatro nuevas organizaciones de mujeres y se consolidó una. También «se consiguió su intervención directa en el Comité Nacional de Participación del proceso de paz con el Ejército de Liberación Nacional». 

Asimismo, cinco de esas mujeres líderes se desplazaron hasta Bogotá en mayo de 2025 para presentar sus demandas a las autoridades estatales. Allí, impulsaron la adopción de unos Mínimos Humanitarios para la Paz que se han integrado en la agenda nacional. Más cerca de casa, estas entidades hicieron posible que tres comunidades desplazadas volvieran a casa.