Así ayudó León XIV en un verano de desastres naturales
Terremotos y riadas han dejado en agosto un saldo de al menos 1.800 fallecidos en países como Colombia y Nepal. Sobre el terreno, la Iglesia local agradece el apoyo del Santo Padre en su labor humanitaria
Una triste constante ha marcado el verano del Papa León XIV: la necesidad de expresar su cercanía a los afectados por distintos desastres naturales. Si el estío comenzó con el devastador doble seísmo en Venezuela el 24 de junio, y un mes después fueron los incendios en España y Francia los que merecieron su atención, en poco más de tres semanas de agosto, entre el 10 y el 26, habló y actuó ante tres catástrofes que se han saldado con más de 1.800 muertos: primero, el terremoto en Colombia; otro seísmo en Flores, la única región de Indonesia de mayoría católica, el día 15, y las devastadores inundaciones en Nepal —con 1.355 fallecidos confirmados— y el Tíbet.
Todavía el 2 de septiembre el Santo Padre continuó este empeño, reiterando su cercanía a Colombia en una llamada telefónica de 20 minutos a su presidente, Abelardo de la Espriella, que accedió al cargo solo tres días antes del seísmo haciendo de su fe católica una de las señas de identidad de su discurso público. El Pontífice reiteró «su solidaridad con todos aquellos que sufren las duras consecuencias del reciente sismo que ha afectado a Colombia, en particular con las familias de los fallecidos, los heridos, los equipos de rescate y al personal humanitario», según un comunicado de la Oficina de Prensa de la Santa Sede. De la Espriella agradeció «sinceramente las palabras del Sumo Pontífice y su valioso acompañamiento espiritual en este momento de dolor», añadía la Presidencia.
La llamada supone un paso más en este tipo de mensajes del Papa, que suelen tener una doble vertiente: telegramas enviados en su nombre por el secretario de Estado, cardenal Pietro Parolin, a los líderes eclesiales locales y alocuciones públicas como los ángelus. Este verano León XIV se ha confesado «vivamente apenado» por lo ocurrido en Colombia y ha expresado su «profunda tristeza» por Indonesia y Nepal, antes de encomendar a los fallecidos al «Señor» o al «Todopoderoso» —según la sensibilidad religiosa de la sociedad a la que se dirige—, dar el pésame a sus allegados y orar por los heridos y por el personal de emergencias.
No son palabras vacías, pues suelen ir acompañadas de apoyo concreto. Así, solo dos días después del seísmo colombiano se anunció el envío de 100.000 euros a través de la Limosnería Apostólica. El Papa también envió una ayuda económica a Nepal, aunque en este caso el Vaticano no especificó una cifra.
Nepal
- 1.355 fallecidos y 4.996 desaparecidos, informan las autoridades.
- 2.200 millones de euros de pérdidas en propiedades, infraestructura y vivienda.
Colombia
- 331 muertos, 111 desaparecidos y 4.505 heridos, según el Gobierno.
- 467 mil familias afectadas y 36.000 casas dañadas en 498 municipios.
- 1.408 fallecidos y 656 por la violencia entre abril y junio, según la ONU.
- 796 víctimas de violencia sexual documentadas en el mismo periodo.
Nepal. Una Iglesia de 9.400 fieles alimenta a 300 familias
Con el envío de ayuda y cada vez que León XIV ha mencionado Nepal «hemos experimentado un gran consuelo». «Estamos verdaderamente agradecidos por su apoyo», asegura a Alfa y Omega Silas Bogati, vicario apostólico en el país. La devastadora riada del 26 de agosto se produjo tras el derrumbamiento de un fragmento de entre 200 y 500 millones de metros cúbicos de un glaciar en el Himalaya, que cayó casi verticalmente más de un kilómetro derritiéndose y arrastrando rocas, vegetación y barro hasta desbordar totalmente el río Trishuli y arrasar todo lo que se encontraba a su paso.
«Se trata de un desastre enorme. Hasta ahora, nunca habíamos vivido algo de esta magnitud», subraya Bogati. A pesar de que en el país solo hay 9.400 fieles entre más de 29 millones de habitantes, «la Iglesia y Cáritas Nepal han enviado personas a la zona afectada para ayudar a las víctimas. Ya hemos distribuido alguna ayuda de emergencia y, a medida que las carreteras sean más accesibles, esperamos llegar a más afectados».
«La necesidad más urgente es proporcionar alimentos y otros artículos de primera necesidad, ya que muchos lo han perdido todo». Por ello, una de las primeras medidas ha sido poner en marcha cocinas comunitarias para unas 300 familias. Además, Catholic Relief Services, la Cáritas estadounidense, destinará medio millón de dólares enviados por Estados Unidos a artículos básicos y servicios de agua, saneamiento e higiene ante el riesgo de epidemias por la presencia de fango estancado y agua contaminada.
«Después vendrá una segunda fase dedicada a la reconstrucción, ya que muchas viviendas, escuelas y otros edificios han sido arrasados por las aguas», añadía Bogati. En ese momento «necesitaremos mucha más ayuda», en particular para construir viviendas y reubicar a los damnificados «fuera de las zonas peligrosas».
El mismo día en que pedía por Nepal en el ángelus, el 30 de agosto, el Pontífice abordó también la tragedia de Haití, distinta por deberse a la violencia. Allí, en la noche del 23 al 24 de agosto, el ataque de una banda armada acabó con la vida de 47 personas en Kenscoff, cerca de Puerto Príncipe. «Dirijo un sincero llamamiento a todos los responsables para que se comprometan de forma concreta a garantizar la seguridad de la población y a poner fin a toda forma de violencia», pidió.
Ya el año pasado la ONG Nuestros Pequeños Hermanos se vio obligada a desalojar a los 260 menores que atendía en un hogar en esta zona. «Hoy sabemos que fue la decisión correcta», asegura su trabajadora Gena Heraty. «Algunas personas que conocemos han perdido familiares, otras fueron secuestradas» y otras «tuvieron que salir con sus hijos», como otros desplazados a los que atienden ahora en Tabarre, dentro de la capital. Es la última expresión de «un problema mucho mayor. Las bandas han ido ampliando el territorio que controlan».
Colombia. Terremoto, violencia y olvido institucional
Los 100.000 euros del Papa para Colombia tras su terremoto se han destinado al fondo común creado con las donaciones nacionales e internacionales, explica a Alfa y Omega Diego Meza, director del Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana (SNPS-CC), de la conferencia episcopal, que es la entidad que los gestionará tras haber hecho la semana pasada los trámites para su ingreso. El SNPS-CC cuenta con un Servicio Nacional de Emergencias con el que Meza visitó del 18 al 22 de agosto las zonas más afectadas por el seísmo.
Allí le preocupó sobre todo «la erosión del tejido social de muchas comunidades, sobre todo indígenas y afrodescendientes o de zonas campesinas alejadas», así como «los riesgos en salud mental» también de obispos, sacerdotes y agentes de pastoral, que «han tenido que enfrentarse a una emergencia de enormes dimensiones». Contribuye a ello el hecho de que, si bien «en ciudades como Pereira la más afectada fue la clase alta» por el derrumbe de edificios residenciales y empresas, «en la zona del Pacífico, particularmente en Chocó y el Valle del Cauca, sobre todo en las zonas rurales, el terremoto agudizó» las carencias estructurales «por el olvido del Estado y las desigualdades económicas», con casas mal diseñadas o construidas en lugares propensos a deslizamientos —también «por la minería»—. A ello se sumaron, luego, lluvias torrenciales e incendios vinculados al fenómeno climático de El Niño.
Al mismo tiempo, son zonas donde «hay muchos grupos armados en confrontación permanente por el control del territorio y que además obligan a las personas a no moverse», ni siquiera para rescatar a afectados o buscar ayuda, explica Meza. O que «ya desde antes tenían prohibido el acceso a algunas organizaciones humanitarias». En lugares así es fundamental la labor de la Iglesia «porque nuestra presencia es capilar: nuestras pastorales sociales y nuestros párrocos laicos están allí de forma continua. Esto ha facilitado que pudiera llegar ayuda». Por todo ello, la Iglesia ha lanzado la campaña Con Colombia hasta el último rincón, para llegar a las comunidades más marginalizadas.
La Pastoral Social cuenta con multitud de donativos nacionales e internacionales, incluido el del Papa, aunque «vamos a esperar un poco» para usar este, sin que esto robe un ápice del agradecimiento con el que lo han recibido, matiza su director. Cuando después de la «gran respuesta de solidaridad» inicial la llegada de fondos se ralentiza y otras organizaciones empiezan a salir de las zonas a las que sí han llegado, «es el momento para que actuemos nosotros», llegando donde no lo hace nadie o con servicios que no prestan otras entidades, con las que se coordinan, al igual que con las autoridades nacionales y locales.
La entidad también está presentando proyectos para lograr financiación de agencias de cooperación internacional. Y el pasado lunes lanzó un marco de respuesta para que las Cáritas hermanas colaboren con él. En él, además de la ayuda humanitaria inmediata, se incluyen fondos para alquilar viviendas, financiar el emprendimiento y la recuperación de lugares y herramientas de trabajo y el acompañamiento psicosocial (sobre todo a los cuidadores) y de prevención de la violencia.